domingo, 18 de enero de 2009

Qué mejor regalo…

A pesar de que lo saludábamos cada día al pasar por la puerta, hacía meses que no habíamos ido al restaurante chino de Ju Li Ann (Julián). Así le llamábamos nosotros, en realidad no sabíamos su nombre. Sólo íbamos allí cuando la economía y las ganas de cocinar nos habían abandonado. Aquel día, cosa que no habían hecho nunca, nos trajeron de regalo unas galletas de la suerte. Abrí la mía y desenrollé el mensaje, al tiempo que me reía, pues eso de los mensajes en las galletas siempre me había parecido muy americano y bastante sucio. Mi mensaje decía literalmente: “tu felicidad empieza por M”. Fácil – pensé – mi felicidad es mi marido, mi artista favorito, mi gran héroe, mi Eme particular.
Y como si un titular de un diario me lo estuviera anunciando, me acordé que en unos días, o sea hoy, sería su cumpleaños. ¿Ostras, y qué le regalo? - Volví a pensar, y me dije – Ya está, una bola de esas de nieve con su nombre dentro, que tanto me gustan. Pero no, eso me gusta a mí. Sí, lo reconozco esa cosa tan hortera me gusta a mí.
Claro, ya lo tengo, le prepararé una cena especial, con un plato dedicado a él. Ay no… que eso lo tenemos previsto hacer en casa de Milita. ¿Y una noche de amor loca? No, tampoco, porque eso sería un regalo para los dos, y este quiero que sea sólo para él. Pensé también en comprarle un barco para navegar por el mundo con él, o hacerle un templo para adorarlo, pero se marea y la crisis había mermado mis fondos, así que tampoco.
Pensé en hacerme un rapado en el pelo, para que cuando me viera por detrás supiera lo que lo idolatro, pero luego me crecería el pelo, o se me acabaría cayendo del todo y adiós regalo. ¿Y un rito satánico y con la sangre de un pollo grabar lo que lo quiero en la pared? Uf… Un poco cutre, ¿no? Siiiiii, ya lo se, un tatoo, que diga “te quiero Manu”. Pero no, tampoco, que eso es para siempre, y nuestro secreto ha sido vivir siempre el día a día. Oleeee, sí, un babero bordadito, como hace él. No, tampoco, por eso, porque él lo hace muy bien, y además ya no me daría tiempo. Esto se está poniendo difícil…
Pues ya lo sé, un globo que se pasee por la ciudad felicitándole en su día. Pero no, tampoco, porque si lo vamos a celebrar por la noche no se vería. Y claro, lo de dibujarle en la arena de la palaya la felicitación, sería efímero, se borraría en seguida, y yo quiero algo especial, muy especial, como lo que siento por él cada día, cada mañana, cuando desayunamos juntos y me invade ese olor a vainilla del café y me veo reflejado en su mirada.
Estoy perdido. ¿A alguien se le ocurre algo?
Mientras lo pienso, a mi niño muchas felicidades, y al resto, que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
Fotos: Collages de fotos encontradas en internet, dedicadas a esa gran persona que es Manu. Terrassa, enero de 2009

3 comentarios:

juan m dijo...

Creo que el mejor regalo seria un beso mirándole directamente a los ojos, un buen libro y algo que ver crecer entre los dos (un árbol, un animal, una planta...).

Es una idea....

Felicidades, Manu!

Joan

Inma Calvillo Barahona dijo...

Creo que este texto es el mejor regalo. ¡Qué romántico! Me alegra que estés tan enamorado y espero que sigas así toda la vida. Felicidades a tu amor y felicidades a ti por el texto. besos Inma

Manel Aljama dijo...

Bueno... Esto... yo, me siento tentado a dedicaros una música, pero no tan exiquisita como la que tienes en este blog, aunque no por ello con mala intención, sino todo lo contrario.

Dejo el enlace porque está protegida por (c): http://www.youtube.com/watch?v=cfoc-dTG_1c
Luego, no me llaméis ni hortera ni kitsch, aviso

Felicidades

Manel