miércoles 14 de octubre de 2009

Manjulika y el señor de las montañas

Foto: Trabajadores hindús en la parte trasera de un camión. Salida de Delhi, 17 de septiembre de 2009
Manjulika cortaba el viento que azotaba su cara con un sari color turquesa. Iba sentada en la parte de atrás del camión, como todos los demás trabajadores que habían estado aquel día en el patio trasero del almacén de Yamir, separando envases de plástico, que otros habían recogido en días anteriores de las basuras y que luego irían a parar, una vez clasificados, a la fundición de dos calles más arriba, donde otros tantos trabajadores harían con aquellos desechos nuevas botellas, o cualquier otro objeto de plástico para el uso de los numerosísimos turistas que llegaban cada día a la ciudad.
A las cuatro de la mañana, cuando casi estaba a punto de amanecer, había sonado un claxon en la puerta de su casa. Manjulika dio un respingo por el estrepitoso ruido del camión y con un solo gesto tiró de los raidos pantalones de su hijo Rasul, que dormía en el camastro de al lado. Sin pensárselo dos veces y a pesar de su corta edad, Rasul se levantó y como todas las mañanas, desde hacía siete días, ofreció la primera comida del día a la vaca de sus padres, tal y como mandaba la costumbre, mientras su madre ponía unos granos de arroz en el altar de Lakshmi, su diosa familiar.
— Tata — leyó Rasul en el frontal del camión, mientras subía a la parte de atrás. Su madre sonreía porque con tan corta edad ya sabía leer la marca del vehículo, aunque era consciente de que con esa palabra y un par más que había aprendido de alguno de sus compañeros de trabajo, mientras circulaban por la autopista en la parte de atrás del camión, poco iba adelantar.
Después de la jornada de doce horas de trabajo, Manjulika y su hijo regresaban a la aldea. Desde su asiento en el suelo del camión, ella lo miraba y daba gracias a Lakshmi, su diosa familiar y de la fortuna, porque hacía una semana que ella y Rasul tenían trabajo. Si Lakshmi les seguía sonriendo, tal vez en unos meses tuvieran dinero para comprar un par de cabras, para que Girisha, su hijo mayor, pudiera ocuparse de ellas y no tuviera que volver a la ciudad.
Manjulika, recordaba cuando su madre le había explicado el significado de su nombre, dulce niña, y la importancia que para ellos había tenido la elección del nombre de todos sus hijos. De la misma manera recordaba cuando unos seis años atrás había nacido su segundo hijo en el camastro de su casa.
— Tiene cara de ángel — dijo la señora que le ayudó en el parto.
— Se llamará Rasul, que significa ángel — dijo Manjulika sin dudarlo.
También recordaba cómo su hijo mayor, el primero, había nacido una noche de fuerte viento y tormenta, y que su marido no pudo ir a buscar a la partera al poblado de al lado. En lugar de eso se quedó nervioso, dando vueltas como un león enjaulado en el porche de su cabaña, mientras miraba a lo lejos las ennegrecidas montañas por si las nubes dejaban paso a los claros. Pero su hijo decidió venir al mundo sólo, sin ayuda de nadie, y por eso el padre decidió llamarlo Girisha, que significa el señor de las montañas.
Girisha había marchado hacía unos seis meses a la ciudad a probar fortuna, porque el pequeño sembrado de su padre y la vaca familiar no daban para alimentar a los cuatro miembros de la familia y a los abuelos paternos, que también vivían en la casa.
A pesar de la corta distancia que había entre el poblado y la gran ciudad, Girisha todavía no había vuelto a visitarlos. Tan sólo habían tenido noticias de él a través de un vecino que había ido a comprar a la ciudad.
— ¿Cómo está mi Girisha? ¿Está bien? — preguntó Manjulika al vecino cuando le dijo que lo había visto.
— Bien, bien. Estaba trabajando en un puesto de frutos secos. Estaba muy guapo. Dice que pronto vendrá a visitaros — mintió para no hacer daño a su buena y generosa vecina.
— ¿De verdad? ¿No me mientes? — volvió a preguntar la madre preocupada, mientras le caía una lágrima por la mejilla y se la lamía con la lengua.
— No, no, ¿por qué te iba a mentir? — decía el vecino intentando disimular su vergüenza, mientras se marchaba con la mirada fijada en el suelo. En realidad lo había visto durmiendo en la calle, encima de la acera, entre una larguísima fila de mendigos, con la cara sucia y con la misma ropa que llevaba el día que se marchó del poblado.
Los pitidos de los vehículos de la autopista y un frenazo del camión donde viajaban, devolvieron a Manjulika a la realidad. Su hijo Rasul la estaba llamando mientras miraba sorprendido a un autobús blanco lleno de turistas, y en especial a un señor que le hacía fotos desde la ventanilla.
— ¿Mamá, quiénes son esas personas que huelen tan bien y vienen en esos bonitos autobuses? — preguntó Rasul, recordando el olor que había sentido de algunos turistas, cuando se habían acercado a ellos por casualidad.
— Gente, Rasul, gente de fuera — decía Manjulika, preocupada porque su pequeño con cara de ángel estaba empezando a tener las mismas inquietudes que su hermano Girisha.
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Este cuento se lo dedico a María José y a Joan unos amigos a los que la fortuna hizo que nos encontramos en Benarés y que, como nosotros, todavía sienten rabia por lo que vivieron en su viaje a la India.
Y al resto, que tengáis un buen día, viajeros.

Entrellat

domingo 11 de octubre de 2009

El país de las sensaciones

Foto: Niños pidiendo regalos a los turistas. Jaipur, 19 de septiembre de 2009
Han pasado casi quince días desde que volví de la India y me he sentado casi cada día para comentar algo del viaje, para deciros por lo menos por qué no continué con lo que me había propuesto, hacer un relato in situ de las vivencias del viaje. Pues bien, pasado ese tiempo todavía no sé qué contar, no sé qué impresión me ha causado la India y su gente, no sé si me ha gustado, si me ha encantado o si por el contrario me ha horrorizado.
Manel, un compañero en el difícil pero gratificante camino de la escritura, calificaba mi viaje en la anterior entrada con un: “horror, estáis haciendo de turistas”. Lógica su apreciación después de alguno de mis comentarios. En mi defensa diré, aunque creo haberlo dicho ya, y si no ahora es buen momento, que para mí la diferencia entre hacer turismo y viajar no está en la cantidad de estrellas del hotel donde uno se aloje, o en lo más o menos organizado que esté el viaje, si no en la actitud y la mirada que tiene uno ante lo que ve.
Yo me considero viajero y no turista, porque intento — difícil tarea, lo sé— interferir lo mínimo posible ante lo que pasa por delante de mis ojos. Considero que hacer regalos a los niños, darles caramelos, bolígrafos, los jabones de los hoteles, monedas, o lo que sea, es abocarlos a la mendicidad; es enseñarles que no hace falta ir a la escuela, ni trabajar porque es más fácil conseguirlo pidiendo. Creo que si uno tiene algo que dar, es mejor que lo haga a través de una escuela, de una organización que se encargue de repartirlo de manera más o menos justa, para no crear en los niños la falsa idea de que mendigando se puede vivir cómodamente. Alguien dijo alguna vez “Dale un pez a un hombre y comerá un día. Enséñale a pescar y comerá todos los días.”
Intento también no juzgar con mi occidental y aburguesada mirada su manera de vivir, aunque a veces, en el intento de entender lo que está pasando, aparezca la cruel e injusta figura de la comparación.
Por cierto, que no continué con el relato in situ del viaje, porque había tantas y tantas cosas para ver, porque eran tantas y tan duras las sensaciones que me quedaban al final de la jornada que me veía incapaz de organizarlo en mi cabeza y ponerlo en palabras. Supongo que poco a poco empezaré a darles forma.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

miércoles 16 de septiembre de 2009

Dia 2 - Delhicioso

Foto: Señora musulmana haciendo sus abluciones. Delhi, 16 de septiembre de 2009
¿Y dónde quedó el día 1, os preguntaréis? Pues en el aeropuerto de Londres. Los señores que organizaron el viaje y nos vendieron los vuelos enlazados no tuvieron en cuenta que para llegar de la terminal 1 a la terminal 5 de London - Heathrow se necesitan más de 60 minutos, y encima nuestro vuelo se retrasó 20 minutos. Así que hagamos cuentas: aunque no hubiera pasado nada, si el tiempo entre vuelos era de 90 minutos y nos teníamos que trasladar de terminal lo que suponía unos 60 minutos, nos quedan 30 minutos, y si el vuelo se cierra 40 minutos antes de la partida, nos hubieran faltado 10 minutos en condiciones normales. Aun así hubo gente que llegó, parece ser que montaron un pollo y llegaron. Nosotros no tuvimos esa suerte. Sea como sea, bien está lo que bien acaba. Llegamos esta mañaña a las 6 de la mañana nosotros y nuestras maletas, nos duchamos tranquilamente, nos cambiamos de ropa y desayunamos por segunda vez, esta vez con el fabuloso desayuno bufet del hotel. Luego nos añadimos al grupo y a empezar el dia rellenito de excursiones.
A pesar de las dimensiones despatarrantes de Delhi, de la cantidad de tráfico, de lo poco que se puede uno hacer una idea de cómo es la ciudad en tan poco tiempo, hemos visto bastantes cosas, entre ellas el fuerte rojo -copia del que veremos más adelante-, la puerta de Delhi, un complejo arquitectónico donde está situado el minarete más elevado de la India, el monumento a Gandi, y un templo siq maravilloso, pero sobre todo, lleno de una gran variedad de personas.
Y si me tengo que quedar con algo es con eso, con el variadísimo paisaje humano que hay en esta ciudad.
Ahora me voy a la cama que aquí ya son más de las 10 y media de la noche, y después de estar sin dormir dos noches como Dios manda, ya nos toca. Uy perdón, como Shiva manda, bueno, mejor lo dejamos que podría estar enumerando meses y meses todos los dioses que aquí se veneran, y no es el caso, así que a la cama para estar mañana fresco.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

lunes 14 de septiembre de 2009

Los preparativos

Foto: Estatua de Buda que me recibe en un restaurante al que suelo ir a menudo. Terrassa, agosto de 2009
Lo que más me fastidia cuando me voy de viaje es hacer las maletas. Sobre todo porque tengo que pensar lo que me apetecerá ponerme allí donde vaya, porque tengo que prever el tiempo que hará y lo peor de todo porque siempre me queda aquella sensación rara de que algo importantísimo se quedará en casa, y no me refiero a la perra, no, me refiero a alguna cosa que necesitaré durante el viaje.
Aunque todo sea dicho, la verdad es que con algo de ropa, calzado cómodo y el cepillo de dientes ya hay suficiente, el resto se puede ir consiguiendo. Uy, perdón, no, no, que me olvidaba añadir a la lista, que no a la maleta, una cosa importantísima: el FORTASEC. Sí, sí, en mayúscula, porque cuando viajo para mí es como el scotch brite, yo no puedo estar sin él —para los que no lo sepan el fortasec, es un medicamento contra la diarrea muy práctico para los que como yo tienen el intestino flojo cuando salen de casa.
Por suerte esta vez he tenido tiempo de repasarlo todo, de comprobar que no me deje nada y encima me ha sobrado tiempo para actualizar antes de irme. Es lo que tiene disponer de un par de días anteriores al viaje.
Mañana me voy a la India y a Nepal, si puedo igual actualizo desde allí, pero si las circunstancias no me dejan lo haré a la vuelta, prometo traer historias nuevas que contar.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

lunes 24 de agosto de 2009

Carlota y el verano

Foto: Mi prima Carlota degustando una fresquísima taza de café con hielo. Terrassa, agosto de 2009
Mi prima Carlota tiene muchos truquillos para temas diversos, porque se ve todos los programas de la mañana en los que dan consejos para todo. Yo sabía alguno, pero el otro día me dejó helado, y nunca mejor dicho, con algunos de sus consejos de cómo sacar partido al congelador y a la nevera.
Quedamos a cenar y nada más verme me dijo que mi polo nuevo tenía bolillas, sí, de esas bolas que hace la ropa barata, pero a mí me había costado un riñón de la cara, como dice mi vecina del tercero. Ahí empezó ella con sus consejos, me dijo que si metías la ropa en el congelador durante un día antes de ponértela ya no te haría esas incomodísimas bolillas.
Y a partir de aquel día soy otro. No, no he metido ningún jersey en la nevera, pero lo que sí hago es meter todas las noches los calzoncillos que me voy a poner al día siguiente, así consigo dos cosas: una, que no me hagan bolillas y dos, que estén fresquitos por la mañana. No veas cómo llego todos los días al trabajo, que ríete tú de los anuncios de compresas.
Sólo un consejo, especialmente para las chicas, que si lo hacéis con las bragas, no las pongáis al lado de la merluza, por si luego hacen un poquito de olor, que si no luego explícale tú a tus compañeros de trabajo que las has metido en la nevera para ir fresca y segura.
Mi prima Carlota todavía va más allá, ella mete también los preservativos en la nevera y dice que cuando tiene sexo con su novio se siente como una niña, sobre todo cuando utiliza los de sabor a fresa, dice que es como si se comiera un polo de esos de hielo. Lo único es que dice que se le quitan las ganas de follar y le vienen unas ganas terribles de meterse en la piscina y de comerse una paella. Yo como estoy a plan para perder unos quilos, mejor no lo pruebo.
Bueno si alguien tiene algún consejillo más para combatir esta ola de calor que lo diga, que bastante tenemos ya con ir con les jerséis llenos de bolillas, como para encima ir con la mancha de sudor en los sobacos.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

lunes 10 de agosto de 2009

La primera librería

Foto: El escaparate de la librería Rieder. Barcelona, agosto de 2009

A pesar de que las cuerdas le dan un aire que no sé si me llega a gustar demasiado, lo importante es que mi libro está ahí, en el escaparate de una librería de Barcelona. Vale, de acuerdo, el escaparate es el de la fachada lateral del establecimiento, por el que casi nadie pasa, pero bueno ahí está y lo mejor es que los libros están en el interior a disposición del que quiera comprarlos.
Hace apenas cuatro semanas, los propietarios de la nuevísima Librería Rieder de Barcelona me enviaron un correo electrónico en el que me decían que estaban a punto de abrir su local de la capital catalana y que habían pensado dedicar mensualmente un escaparate a nuevos escritores. Habían encontrado mi libro por internet y les había parecido interesante. Me proponían participar en su proyecto. Por supuesto que dije que sí, aunque fuera para sustituir a un escritor que a última hora les había dicho que no, aunque fuera durante el mes de agosto, mes en el que todo el mundo está de vacaciones y no puede ver mi sueño hecho realidad. No importa, porque con sólo imaginarlo, ya me pone la piel de gallina.
Me gustaría poneos la dirección de esta fantástica librería, para que os dierais una vuelta, pero desgraciadamente no puedo, por eso mismo, porque es fantástica, producto de mi fantasía, quiero decir. No existe, ni tampoco el escaparate de la fachada lateral, pero ¿a que suena bien?
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

martes 4 de agosto de 2009

Me estoy quitando

Foto: Yo, justo antes de la bajada a Sa Calobra. Mallorca, julio 2009
Sí, a pesar de lo que diga mi camiseta, me estoy quitando —“ambicia’t”, en catalán, juego de palabras intraducible que vendría a ser algo así como “envíciate” y “con bici”, para promocionar el uso de las bicicletas en mi ciudad, burda copia, aunque con buenas intenciones, pero sin presupuesto, del magnífico Bicing barcelonés. — Digo que me estoy quitando y por eso aparezco con los ojos tapados como un toxicómano en rehabilitación, y eso era lo que yo pensaba esta mañana, que me estaba quitando de viajar, porque hacía tiempo que no salía por ahí a recorrer el mundo, aparte de los viajecitos cortos a Mallorca, a Valladolid, a Valencia o a Alicante a visitar amigos y familia; pero me he dado cuenta de que no, de que la apatía que llenaba mis días, se ha visto alterada cuando mi hombre ha puesto en mis manos la posibilidad, todavía por concretar, de viajar en nuestras vacaciones al sudeste asiático o al sur de África.

Y es que ésa es mi droga, viajar, y empaparme de todo lo que veo, sólo contemplando y aprehendiendo. Prometo que en el próximo viaje me quitaré la venda y volveré a mirar el mundo como rueda. Ah! Y si puedo os lo cuento.

Que tengáis un buen día, viajeros.

Entrellat
Por cierto, ¿habéis visto mi libro? Si queréis echarle un vistazo aquí está el link http://franrueda.bubok.com/

domingo 19 de julio de 2009

Nana sentida

Foto: Los preciosos pies de Triana. Tordesillas, mayo de 2009

Sandra estaba tranquilamente apoyada en el mármol de la cocina, mientras pelaba patatas para hacer una tortilla. El perro salió rápidamente de la cesta donde estaba durmiendo y empezó a ladrar respondiendo al sonido del reloj de cuco del salón, como hacía cada vez que el pájaro salía de su guarida, a las horas en punto. El animal de madera pintada parecía desafiar la inteligencia del perro con su canto mecánico y lo conseguía, porque a pesar de que duraba tan solo unos segundos, el perro seguía ladrando hasta que su dueña lo hacía callar o hasta que se cansaba de mirar hacia el reloj sin obtener respuesta.

Los ladridos del perro despertaron a Aran, que hasta aquel momento dormía tranquilo en su cuna, mientras su madre preparaba la cena. Sandra soltó el cuchillo que tenía entre las manos, tiró la patata a medio pelar a la fregadera y salió corriendo hacia la cuna. Una sonrisa iba apareciendo en su cara mientras oía llorar al bebé, como si aquel llanto fuera la prueba que había estado esperando aquellos últimos meses. No podía creer que el sonido del ladrido del perro hubiera despertado a la criatura.

«Lo sabía, lo sabía», pensaba Sandra mientras corría por el pasillo que llevaba desde la cocina a la habitación donde estaba la cuna de Arán. Aquel recorrido que normalmente hacía en menos de tres segundos, en esta ocasión se hizo eterno hasta llegar al lado del bebé.

Sin embargo, aquel llanto volvió a llenar de ilusión la ya resignada esperanza de que su hijo pudiera disfrutar como ella lo hacía de la música, o del sonido que hacía una gota de agua al caer en un vaso, o de la voz de su madre, o de la risa de los otros niños, o de tantos y tantos sonidos que hay en nuestro día a día y que nos pasan desapercibidos, pero que desde que nació Aran, Sandra tenía más presentes.

Al llegar a la cuna miró al bebé sin cogerlo, tan sólo lo miraba y le hablaba, le decía cosas en un tono muy dulce para tranquilizarlo, pero el bebé seguía llorando y aunque tenía los ojos abiertos, parecía no verla, ni escucharla, parecía que no reaccionaba a sus estímulos.

La sonrisa de Sandra se torció, se sentó en una silla al lado de la cuna cogió la manita de Aran, se la puso en el pecho y empezó a cantarle una nana, la misma que su hermana cantaba a sus sobrinos, la misma que había escuchado tantas y tantas veces de los labios de su madre.

— Vendrá la noche con su polvo de estrellas, vendrá la noche… — cantaba suavemente, mientras caían unas lágrimas de sus ojos.

Sabía que no podía oírla, ni verla, que la sordera y la ceguera congénitas que tenía desde su nacimiento le impedían ver y percibir cualquier sonido, pero también sabía que las vibraciones que su cuerpo emitía al cantarla dibujaban un mapa que Aran era capaz de interpretar a la perfección y que provocaban en él la misma sensación de tranquilidad que habían provocado en ella y en su hermana cuando habían sido niñas. Y consiguió así que se quedara dormido, como todos los días.

Que tengáis un buen día, viajeros.

Entrellat

domingo 12 de julio de 2009

Rompiendo reglas

Foto: Ninot de Obama en una “Fogurera”. Alicante, junio de 2009
Cuando era pequeño, mi prima carlota que era muy lista y había estudiado hasta el final, me decía a mí, que si yo te decía a ti algo así como me voy a acostarme, era reiterativo y una falta gramatical, porque acostarme ya incluía el pronombre me. Sin embargo, parece ser que ahora ya no, ahora ya no es reiterativo utilizar frases como los ciudadanos y las ciudadanas, a pesar de que el genérico los ciudadanos ya incluya también a las ciudadanas. De pequeño cuando se utilizaba un genérico entendíamos que era eso, un genérico y no una persona de un sexo determinado. Cuando el profesor de lengua, que sabía mucho y que también había estudiado hasta el final, como mi prima Carlota decía los alumnos tendrán que hacer los deberes, sabíamos que los teníamos que hacer todos, tanto los niños como las niñas, y a nadie le creaba dudas, bueno, excepto a los del final de la clase, los repetidores, que estos tenían dudas entre no hacerlos o copiarlos a última hora de algún empollón.
Más adelante cuando era adolescente y alguien decía apagad el porrete, que viene la policía no nos planteábamos si ese miembro o miembra del cuerpo era hombre o mujer, sencillamente lo apagábamos y ya está. ¡Ah! y que conste que yo no fumaba porros, eran los otros, siempre eran los otros (Es por si lo lee mi madre).
Hoy en día, los políticos y las políticas han creado la inseguridad en todos los ciudadanos y las ciudadanas, porque cuando alguno de nosotros o alguna de nosotras habla y dice cualquier cosa, no puede estar tranquilo o tranquila pensando si ofenderá a aquellos o aquellas que le o la estén escuchando.
Han llegado a crear una sensación de incorrección en todos nosotros, porque utilizar el genérico que hasta ahora utilizábamos ya no es políticamente correcto, porque la lengua — dicen — es machista. O porque nuestra hipersensibilidad ha hecho que así lo sintamos.
Como en muchas otras ocasiones, han creado el problema sin tener la solución. Han creado la duda en muchos de nosotros proponiéndonos algo tan poco práctico como los nuevos y milagrosos genéricos: decir el alumnado en vez de los alumnos y las alumnas, el profesorado por profesores y profesoras, etc.
Después de crear este caos, todavía somos capaces de juzgar a los adolescentes que utilizan "xq" en vez de "por qué", o porque cambian las "q" por las "k". Al fin y al cabo, ¿no es lo mismo? ¿No es intentar modificar la lengua para que se adapte más a sus nuevas necesidades de hacerlo todo más fácil y asequible?
Que tengáis un buen día, viajeros. Entrellat

viernes 12 de junio de 2009

El vacío de Marina

Foto: Los casetes sobre los buzones. Terrassa, abril de 2009
Tenía prisa. Se acercaba la hora de ir al trabajo y todavía tenía que pasear a la perra. Salí del ascensor corriendo con Petra a mi lado, mientras ella sacudía sus orejas para quitarse el sueño de encima y gemía porque divisaba ya la calle. Nuestra impaciencia era igual de grande, pero por causas diferentes. Yo quería a toda costa llegar pronto al trabajo y ella quería llegar al parque para jugar a su rutinario juego de los olores. En todos y cada uno de los rincones del parque Petra encontraba información sobre los perros que habían pasado antes que ella. Había tanta información que no podía levantar la cabeza del suelo desde que salía de casa hasta que volvía a entrar, a no ser que en el camino se cruzara con algún otro ejemplar de su especie. En ese caso dejaba el juego para más tarde y se dedicaba a inspeccionar a su congénere, entonces ella perdía toda la prisa que la había llevado corriendo hasta allí, era yo con un pequeño tirón de correa quien tenía que recordarle que el paseo matutino era tan sólo para vaciar depósitos.
La prisa no impidió que antes de salir a la calle me fijara en los buzones de correo, o mejor dicho, en lo que había en la parte superior de éstos. Alguien había dejado unas cintas de casete. Estaban expuestas como si de una tienda de segunda mano se tratara. Pensé que alguien las había olvidado encima de los buzones y que otra persona las había colocado de forma visible para que el olvidadizo vecino las recuperara. Pero no fue así. Al regresar del trabajo me volví a fijar en la improvisada tienda y vi que de las tres cintas que había en un principio ya sólo quedaban dos, y cuando volví a salir para pasear a la perra ya sólo quedaba una. Alguien se las va llevando, pensé. La sorpresa fue que al día siguiente las habían vuelto a reponer. Las estanterías de la tienda volvían a estar llenas de género como el primer día y así lo estuvieron durante varios días.
Hacía una semana tan sólo que Marina había enterrado a su compañero, a su segundo marido del que tan orgullosa estaba y al que se había dedicado en cuerpo y alma en los últimos años, sobre todo al final de sus días. Estaba tan orgullosa que en cuanto tenía ocasión y se cruzaba con alguno de los vecinos del inmueble, enumeraba sin complejos y sin falsa modestia las virtudes de su marido. Hasta tiene la cruz de Sant Jordi —decía poniendo la guinda en el pastel. Jaime, su marido, había perdido la vista hacía tiempo, tan sólo divisaba las formas que pasaban a su alrededor, pero era incapaz de reconocer a nadie a no ser que se dirigiera a él, hablándole. A pesar de eso, no había perdido el sentido del humor. Todos los días salían a primera hora de la mañana a dar un paseo y a comprar la prensa, que Marina leía para su compañero con todo el cariño y dedicación que era capaz de darle.
Sin embargo ahora ya no tenía para quien leer, aunque igualmente salía todas las mañanas a la misma hora a hacer su paseo. Cuando volvía se dedicaba a deshacer la casa, a revisar todas y cada una de las cosas que Jaime y ella habían ido atesorando durante todos estos años, y al ver en un cajón unas cintas de casete que hacía años que no habían puesto, pensó que tal vez alguno de los vecinos las pudiera aprovechar y las bajó al portal, colocándolas cuidadosamente encima de los buzones.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

martes 26 de mayo de 2009

Perdiendo el miedo

Foto: La portada del libro
Hace tiempo que todo el mundo me dice que debería hacer algo con mis cuentos, que es una pena que se que queden sólo en un blog, que a lo mejor algún día cierran aunque sea por error. Pues bien, me he liado la manta a la cabeza, he sacado al campo la vergüenza y se la he echado de comer a un conejo, porque como dice mi madre la vergüenza es verde; y con ese plantel me he propuesto seguir el camino de los grandes: el de Jordi Tello, que parece ser que está preparando su libro; o el de Rasoir electrique, que este Sant Jordi ya estuvo firmando en Paseig de Gràcia su libro, y que por cierto estará muy pronto en la librería Antinous de Barcelona por si a alguien se le escapó; o el de Manel Aljama, un antiguo compañero de trabajo al que hace poco reencontré y que escribe también como un maestro —ya lleva dos libros de relatos y está trabajando en una novela—; o el de Andrés el Barbero, que conocí a través de Manel, y que tiene en su haber tres libros de relatos.
Igual que lo es mi prosa, mi trabajo también es más modesto que los suyos, pero aquí lo tenéis, ya está calentito y disponible en una de estas editoriales de autoedición, de las de yo me lo guiso yo me lo como. He recopilado algunos de los cuentos que había escrito y publicado durante todo este tiempo en el blog, los he revisado y al final ha salido lo que podéis ver en la foto.
Si alguien tiene curiosidad aquí tenéis el link
Me hará feliz ver en las librerías el libro de Jordi Tello, no hace falta que diga por qué, todos sabéis lo grande que es. Lo que me haría muy feliz también es que su libro estuviera cerca, muy cerca, del libro de alguien que hace mucho, mucho que debería haber estado allí, verdad Conxo?
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

domingo 17 de mayo de 2009

Years ago

Foto: Alexander Rybak, ganador del Festival de Eurovisión 2009.
Years ago, when I was younger…
Así empieza la canción que Alexander Rybak defendía para Noruega en el Festival de eurovisión, que tuvo lugar ayer por la noche en Moscú. Y como casi todos los cuentos éste también ha tenido un final feliz, le ha dado la victoria con una abrumadora diferencia de puntuación.
Hace años, cuando era más joven — digo parafraseando la canción de Alexander— me grababa el festival de eurovisión en un radiocasete que ponía al lado de la televisión, porque todavía no se habían inventado los videos, ni los DVD grabadores, ni mucho menos las televisiones con disco duro, y si se había inventado alguno de esos aparatos, en casa no teníamos suficiente dinero para comprarlos.
Hacía callar a toda la familia, mientras cantaban los países que participaban, cada uno en su idioma, no como ahora que casi todos cantan en inglés. No participaban 42 países, porque Europa no tenía entonces tantos. Yugoslavia era un solo país y no siete y la Unión Soviética (URSS) mantenía todavía bajo su protección a muchos de los países que ayer participaron en el festival, incluida Bielorusia, la patria natal del ganador Alexander Rybak. Por cierto, la URSS tampoco participaba por aquel entonces.
Con aquella grabación iba a casa de un amigo mío y escuchábamos las cintas, y nos peleábamos por defender cual de las dos era de mejor calidad, la suya o la mía. Incluso intentábamos transcribir las letras de la canción ganadora de cada año, a pesar de que no sabíamos sueco, ni alemán, ni siquiera francés o inglés, pero nos divertía cantarlas en el lenguaje que nosotros habíamos sido capaces de transcribir.
No sé si entonces era igual, pero en aquel momento yo no era consciente que la política lo impregnaba todo, incluso las votaciones. Da igual la canción que lleves, porque los que te votan, te votarán siempre. ¿Alguien duda que llevemos la canción que llevemos Andorra nos dará los 12 puntos?
De la misma manera, y a pesar de que los países de la antigua Yugoslavia no han tenido la tolerancia suficiente para convivir en un mismo territorio, se siguen comiendo los mocos y hace años que se votan entre ellos, lleven las canciones que lleven. Lo mismo pasa con los países nórdicos y los de la zona del Báltico o con las exrepúblicas soviéticas.
A pesar de que me da pena que la diversidad lingüística de este continente se empiece a perder, en detrimento del inglés; a pesar que la calidad artística y musical no sea el criterio principal a la hora de votar una canción; a pesar de que bodrios como la canción de Chiquilicuatre queden en mejor posición que la de Soraya; a pesar de todo eso —digo— ayer vi el festival sentado en mi sofá y me gustó cómo lo hizo Soraya y me gustó también la canción ganadora.
Por cierto, una pregunta que nunca nadie me he ha sabido responder. ¿Qué hace Israel en el festival de Eurovisión si geográficamente y políticamente pertenece a Asia? Otro por cierto, mis felicitaciones a Noa, por cantar su canción junto a una palestina, ¿pero no es eso también mezclar música y política?
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
PS: Aquí tenéis el link de la canción, por si no lo visteis ayer.

sábado 2 de mayo de 2009

Retales de una vida

Foto: Paquita en el puerto de Barcelona, a finales de los años 60

Corría el año 1944, cuando en la mañana del 28 de abril, en un pequeño pueblo de Albacete llamado La Gineta, María Eugenia, hija de Emilio el del agua, daba a luz a su segunda hija. Le pusieron el nombre de Francisca, o Paquita, como luego vinieron a bien llamarla, porque su padre Paco el de Colín, al ver que su segundo hijo era otra niña había perdido la esperanza de tener un hijo varón al que llamar Francisco, como él. Sin embargo siete años más tarde, la cigüeña volvió a picotear a su puerta y les dejó a su tercer hijo. Éste sí era varón y por supuesto, recibió también el nombre de Francisco.
Paquita nació en la casa de su Abuela Isabel, en la calle de la Balsa, como su hermana mayor, a la que en un alarde de originalidad también llamaron Isabel. Nació como casi todos los niños nacían en aquella época, en casa, sin la ayuda de un médico, ni siquiera de una matrona. María Eugenia explicaba que ese día, cuando le llegaron los dolores del parto, estaba haciendo pis en el orinal y por muy poco Paquita no nació en semejante cuna.
Con este texto empieza la película que hemos preparado para el celebrar el 65 aniversario de mi tía. Hoy queremos que sea su gran día y le hemos preparado una fiesta sorpresa. Esperemos que se lo pase bien y que se sienta como una reina.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

sábado 25 de abril de 2009

Silencios

Foto: Petra con cara de circunstancias. Terrassa, octubre de 2008
En la música, en el cine y en el teatro los silencios tienen un papel muy importante. En la vida cotidiana también lo tienen y además están llenos de información.
Cuando uno hace una pregunta del tipo “¿yo no bailo tan mal, verdad?”, uno espera una respuesta a la altura; espera oír del otro algo como “nooooo, claro que no, tu bailas mucho mejor, donde va a parar. Eso que dicen de ti que eres arrítmico es por la envidia que te tienen". El problema viene cuando lo que uno recibe por respuesta a esa pregunta es un silencio sepulcral, o un “¿vamos a tomar algo a la barra?” Entonces es que algo está pasando y el interlocutor no se atreve a decir lo que piensa de tu forma de bailar.
Algo parecido me pasó a mí cuando le hice una pregunta a una compañera de trabajo con la que antes nos unía una relación de amistad, y con la que ahora tan sólo una simple pero cordial relación de compañeros.
— ¿Verdad que yo no tengo tan mal carácter? ¿A que yo no soy una persona difícil de tratar, a que no? — Le pregunté después de comentarle los motivos por los cuales me había discutido telefónicamente con otra compañera de trabajo.
Esperaba un “nooooo” por respuesta, pero viendo que no llegaba, las alarmas empezaron a sonar en mi conciencia y me di cuenta que ese no saber qué decir decía más que muchas de las palabras que hasta ese momento habíamos mantenido.
— Soy una mala persona. — pensé, y sin escuchar lo que me dijo a continuación, me dirigí a mi despacho.
Una frase dicha por una especie de oráculo resonaba en mi cabeza: “No preguntes lo que no quieras saber”. Pero yo sí que quería saberlo.
Reconozco que tengo un carácter fuerte, y sobre todo una dosis de paciencia bastante limitada, pero me ha costado mucho aprender a decir lo que pienso sin ponerme colorado; porque cuesta mucho esfuerzo llegar a no necesitar caer bien a todo el mundo para sentirse bien, y creo que yo lo he conseguido. No quiero decir con ello que vaya por la vida machacando al resto de los mortales, pero ya no necesito caer bien a las personas que no me importan, a las personas que no quiero, aunque no es menos cierto que todavía me conmueven esos silencios. A lo mejor debería hacer caso al oráculo y no preguntar lo que no quiera saber.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

lunes 30 de marzo de 2009

Los aplausos rotos

Con una foto como esta, Almodóvar empezó a gestar el guión de su última película “Los abrazos rotos”; eso sí, a diferencia de la mía, en la suya aparecía una pareja desconocida abrazándose.
Ayer fui a ver esta película al cine. Antes que nada diré que había leído y escuchado muchas críticas —no de críticos profesionales, que nunca las leo porque no me parecen objetivos, si no de personas de la calle y en otros blogs— y la mayoría eran negativas, así que mis expectativas no eran demasiado buenas.
Reconozco que tal vez ésta sea su historia más compleja y la más difícil de entender, pero en contra de lo que dicen otros creo que Almodóvar es cada vez más Almodóvar; si algo hay que echarle en cara es que tiene todavía demasiadas cosas que contar y que las quiera meter todas en una película, y que como siempre, sean necesarios quince visionados para quedarse con la mitad de las cosas que el manchego nos quiere mostrar.
Ayer me interesó la historia porque si bien en algunas de sus películas Almodóvar no explica grandes argumentos, más bien se dedica a retratar a los personajes —majestosamente, todo hay que decirlo— en esta película sí hay historia; aunque yo de momento, y siendo el primer visionado, de ésta me quedo con las interpretaciones y con algunas sublimes tomas.
La historia no la voy a desvelar. Repito, eso sí, que es la más compleja que haya hecho, y tal vez el juego temporal despiste un poco. En mi caso creo que lo que me despistó fueron las grandes interpretaciones. Me daban pellizcos y me sacaban de la historia, para que no perdiera detalle. Reconozco mi deformación, soy incapaz de ver una película por primera vez pensando sólo en la historia propiamente dicha. En esta ocasión tuvo mucho la culpa Penélope, que está grande, que se sale, como últimamente nos tiene acostumbrados; Lluís Homar, más que creíble, incluso interesante y con muchos matices por momentos, y eso que no es santo de mi devoción; Ángela Molina, dolorosamente real, desbordando saber hacer y experiencia por los cuatro costados —bravísima Ángela—; Blanca Portillo, genial también con ese dominio de la voz y esos cambios de tono que tanto me gustan, y Carmen Machi, divertida, genial, no esperaba menos de ella.
Hubo también unas cuantas secuencias, que tal vez por egocentrismo mío, por haber estado recientemente en la isla me interesaron sobremanera: la toma del coche atravesando la Geria, la laguna del Golfo, pero sobretodo la increíble y ventosa playa de Famara. Reconocí también unas imágenes que parecían pintadas por Edward Hopper, la de la cafetería en la que Blanca Portillo se confiesa con su hijo y el personaje interpretado por Homar, exquisita allí la dirección artística y la fotografía.
Si he titulado esta actualización los aplausos rotos, es porque aplaudir en el cine no está bien visto, porque yo sí lo hubiera hecho, aunque reconozco que tal vez me hagan falta un par de visionados más para poder aplaudir con ganas, sin tener que fijarme en todas esas cosas de las que he hablado.
Una recomendación para los que quieran ir a verla, obviad todo lo que os he dicho y todo lo que hayáis escuchado, y disfrutadla, merece la pena.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Foto: Arriba la laguna de El Golfo. Abajo el paisaje de la Geria (Lanzarote). Octubre de 2008

jueves 19 de marzo de 2009

Con pies de barro

Foto: de izquierda a derecha un compañero de la mili, mi abuelo, mi abuela, mi madre y mi padre con un chaval en brazos.
Carlitos miraba con ilusión el paquete que envolvía aquello en lo que había estado trabajando durante muchos días en clase. Primero lo moldeó con sus manos, aunque bajo la supervisión de la “señorita”, lo cual había proporcionado calidad al trabajo y un cierto picor en la cabeza de Carlitos, cuando recibía algún que otro coscorrón, si la señorita lo sorprendía mirando al infinito, despistado. Luego lo había dejado secar en una estantería junto a la ventana, pintándolo después, y haciéndole un envoltorio digno de aquel día.
Aquella tarde había llegado a casa después de salir del colegio sin entretenerse a jugar, corriendo, pero con cuidado de no darle golpes a la cartera para no estropear el regalo. Lo colocó encima de la mesa del comedor, buscando el sitio adecuado para que fuera visto nada más entrar. Lo había cambiado ya tres veces mientras esperaba con alegría la llegada a casa de su padre, para hacerle entrega del magnífico cenicero de barro con su nombre pintado en rojo.
Cuando llegó, su padre ni se dio cuenta de que en la mesa había un paquete para él. Se sentó en el sofá, encendió un cigarrillo, y lo único que dijo fue “¿dónde está el cenicero, tengo que tirar la ceniza al suelo? Con mucha pena Carlitos recogió su paquete de la mesa y lo guardó en el armario del mueble del salón, esperando un momento mejor para dárselo, pero nunca llegó, porque a pesar de ser un niño, la relación con su padre hacía tiempo que se había perdido.
El cenicero se quedó allí, enterrado en aquel armario. Nadie, ni siquiera Carlitos, volvió a reparar en él y cayó en el olvido como tantos otros desprecios que había recibido de su padre.
Se quedó allí hasta que la casa se quemó, con su padre dentro. Se había dormido con un cigarrillo encendido, dijo el policía que había investigado el caso. Habían pasado ya muchos años des de aquel día del padre, y mientras Carlos removía lo poco que el fuego había dejado sin quemar, encontró el cenicero. Estaba entero, aunque completamente ennegrecido por el humo, todavía se podían leer las letras con el nombre de su padre. A Carlos se le escapó una lágrima.
- Es curioso, pero no llegamos a cocerlo en clase. No nos dio tiempo. – dijo con una sonrisa amarga, mientras su novio lo abrazaba por detrás.
Yo no tengo hoy un cenicero de barro preparado, porque tampoco tengo padre al que regalárselo, al mío también se lo llevaron las llamas.
Quiero dedicar mi actualización a mi padre, porque él tampoco supo valorar todos y cada uno de los “ceniceros” que yo le llevé. A él y a todos los padres. A todos menos a uno, que a pesar de llevar el nombre con mayúscula (el Papa de Roma) es el que menos se lo merece, por lo irresponsable, inconsciente, frívolo y dañino de sus recientes declaraciones sobre el uso del preservativo en África.
Al resto, que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

martes 10 de marzo de 2009

Un despacho de cine

Fotos: ventanas en semisótano del despacho y fotos de la compañera con “personalidad”. Terrassa, marzo de 2009

Podría fardar con los mitómanos diciendo que en el edificio donde está situado mi nuevo despacho Javier Bardem ha rodado algunas escenas de la última película de Alejandro González Iñárritu, “Biutiful”, pero mentiría si dijera que asistí al rodaje o que lo he visto si quiera de refilón. Ahora bien, no mentiría si dijera que mi jefa me recuerda un poco a la Becky del Páramo de “Tacones lejanos”, la película de Almodóvar, por lo elegante, por esa belleza serena, pero sobre todo porque desde su mesa, el único contacto que tiene con el exterior, igual que yo, es una ventana en semisótano, a través de la cual sólo se ven las piernas de la gente que pasa por la calle.
Con todo esto, podría decir incluso que el nuestro es un despacho de cine, pero “¿qué adelantamos con eso?” La cruda realidad es que, si miro hacia la derecha veo dos de esas ventanas de las que hablaba, pero si miro hacia el frente, desde mi mesa que está estratégicamente situada en lo que sirve de paso hacia los servicios y el ascensor, a veces se pueden ver algunas cosas divertidas.
No, las dos fotos de abajo no son un retrato de Andy Warhol en el que hemos reinterpretado los colores, no. Son dos retratos completamente diferentes, tomados en días diferentes, pero de la misma persona. Y la de arriba es de esta misma mañana. Lástima que no la he podido pillar con el bolso de ganchillo tricolor que llevaba a juego. Las tres fotos son de una de las compañeras con más “personalidad” a la hora de vestir, o por lo menos eso dicen algunas otras. Seguro que con lo malas que son nadie le ha dicho que en el manual del buen gusto, mezclar más de tres colores es una falta grave. En fin, como diría mi madre, como hay gustos hay colores, y si no que se lo digan a mi compañera, que los tiene todos.
Tengo también de compañera una bailarina sexy, muy guapa, que se pasea por el despacho con ropa ajustada, y cuando se agacha a coger expedientes en los archivos de delante de mi mesa, no puedo dejar de mirarle el culo, igual que cuando pasa corriendo, me sorprenden esas tetas tan bien operadas... Me tiene descolocado. Yo que me creía homo 100%, y no puedo dejar de mirarla, ¿me estaré volviendo o será que los del género masculinos del despacho son más feos que un pie?
Distraídos estamos, y mientras me acostumbro a mi nuevo espacio voy viendo todo este percal. Aunque todavía hoy, después de casi dos meses se me hace raro estar en un despacho con personas de las que apenas sé su nombre. Eso sí, sé que es cuestión de tiempo. Todo llegará.
Por hoy ya está bien, que para hacer más de un mes que no escribo, esto se parece a alguna de las reuniones de “sólo mujeres” que organizan las chicas del servicio. Recordadme que os cuente alguno de los secretitos que allí se explican (tengo un topo).
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

lunes 9 de febrero de 2009

Sobre las Ilusiones

Foto: Mis dos compañeras de trabajo en diciembre de 2004
Hace unos años, cuando se acababan las vacaciones, el día que tocaba volver al trabajo, bajaba ilusionado avenida abajo hasta llegar al despacho; porque sabía que allí, me encontraría a “mis niñas”, y que pasaríamos los siguientes días contándonos nuestras cosas, entre risas y anécdotas, y entre largos ratos de trabajo, como no, que para eso nos pagaban.
Por aquel entonces compartía despacho con tres chicas, una muy discreta y reservada de la que también guardo muy buenos recuerdos y con la que he trabajado muy a gusto, y las otras dos, las de la foto, más jóvenes que nosotros dos, con las que reíamos mucho y con las que he conseguido mantener una gran amistad.
Me gustaba llegar al trabajo, sentarme en mi silla y tenerlas ahí. En los momentos de descanso, escuchaban las anécdotas de mis vacaciones, mis aventurillas, y yo las suyas. Nos contábamos además nuestras alegrías y nuestras penas; y mientras tanto yo iba aprendiendo a trabajar en equipo con ellas. Aprendí a establecer criterios, a escuchar sugerencias de los demás, a que no me importara equivocarme, a corregir… Y a todo eso me enseñaron ellas, directa e indirectamente, y fuimos aprendiendo juntos. Y eso me llenaba de ilusión.
Pero las alegrías no duran para siempre. Llegaron momentos de reestructuración, primero dividieron el servicio en dos y luego nos separaron en edificios diferentes. Yo me quedé con Montse, la de la izquierda, y Laura se fue a un edificio nuevo. Nos dejó un vacío difícil de llenar para las excesivas horas que dedicamos a ganarnos el “pan nuestro de cada día”; pero fuera del trabajo lo intentamos rellenar, siempre que la vida nos deja.
Montse y yo seguimos trabajando en el mismo departamento, y con ella sigo aprendiendo más cosas, cada día y no solamente de trabajo. Ella me escucha, me entiende, sabe lo que decirme cuando necesito oír alguna palabra de apoyo, y sabe también cuando mantenerse al margen cuando no necesito nada de eso.
Hoy Montse ha sido mamá, ha traído al mundo un deseadísimo niño al que Loren su marido y ella han llamado Joaquín. Hasta ahora no lo habían decidido, porque ella es así, porque ellos son así, prefieren disfrutar de las cosas y tomarse su tiempo para las grandes decisiones. Y esta era muy importante, porque acompañará a Joaquín durante toda su vida.
A los dos - a Montse y a Loren - muchas felicidades, todo mi cariño, y mucha suerte para salir adelante en esta nueva y difícil etapa de su vida.
Y a todos vosotros, que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

jueves 5 de febrero de 2009

Donde yacen los recuerdos

Foto: Collage con fondo de cielo de Madrid. Febrero de 2008

La noche anterior, mientras cenaba y disfrutaba de la compañía de aquellos dos amigos a los que hacía meses que no veía, Salvador había escuchado con atención la anécdota que Ícaro y Arturo le habían explicado, pero a pesar de que la habían vivido juntos fue incapaz de recordarla. En ocasiones le había pasado algo parecido, y si bien al principio no recordaba aquellas historias compartidas, luego las revivía con todo lujo de detalles; pero esta vez había sido diferente. Esta vez no había sido capaz de recordar nada.
Al principio pensó que el vino ingerido durante la cena había sido el culpable de su olvido, pero al día siguiente tampoco logró recordar aquella historia que sus amigos le habían explicado. Se había esforzado en escarbar entre sus recuerdos para encontrar aquel momento al que se habían referido, aquella visita a la casa que compartían en la playa, acompañados de todos los miembros del grupo de teatro, pero nada. Conocía aquellas personas, a todos los protagonistas de aquella historia, pero era incapaz de ubicarlos en algún momento concreto de aquel fin de semana, en alguna acción concreta que le llevara a desenredar la madeja. Conocía el sitio, había sido su segunda residencia durante bastantes meses; pero al día siguiente, tan sólo tenía en la memoria lo que le habían contado sus amigos la noche anterior, no podía recrear ninguna de las imágenes de aquel entonces.
Aquel vacío había entristecido mucho a Salvador, porque veía perdida parte de su vida, de sus recuerdos. Siempre había pensado que lo único que realmente uno tiene son esos recuerdos y las vivencias que ha tenido. El resto - lo material - podía ir y venir, unas veces se podía tener más y otras menos, pero los recuerdos, siempre serían nuestros, al menos eso creía Salvador, al menos hasta aquella noche.
Salvador los había reunido en su casa para contarles que el Alzheimer se había ido a vivir con él, que se había instalado en su pequeño rincón, como él le llamaba, pero no quiso que la alegría que había sentido al volverlos a ver de nuevo, se emborronara con una noticia triste, y se olvidó también de contárselo. Pensó que había tenido suerte, porque Arturo e Ícaro le habían regalado, a parte de su cariño y su compañía, un viejo recuerdo que había podido recuperar del olvido; pero estaba triste, porque sabía que muchos de aquellos momentos desaparecerían de su mente para siempre, que irían a parar allí donde yacen los recuerdos que no tienen dueño.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

sábado 31 de enero de 2009

Conxo

Foto: Conxo, Dim, La triche, Nekobcn y las piernas de Eme, en una cena fotologuera. Terrassa, noviembre de 2008
De la calidad de tus fotomontajes no hablo, porque es indiscutible. Se ve a simple vista. En ellos a modo de broma dibujas parte de una sátira del día a día, de tu día a día; aunque “si me das a elegir, ay amor, me quedo contigo”, como dirían dando estopa aquellos chiquitos de Cornellà en su remasterizada versión de la canción de los Chichos. Y cuando digo que me quedo contigo, no quiero decir que te tomo el pelo, no, que el castellano es muy rico y muy puñetero, también. Digo que me quedo contigo, que te prefiero a ti, a tus trocitos de realidad, a esas historias que como la de Carol, duele tanto leer pero que me enganchan tanto, porque aunque te conozco menos de lo que quisiera para saber en qué grado son ciertas, te conozco lo suficiente para saber que traspiran realidad. ¡ Qué coño! “Transpiran” es demasiado suave. Sería mejor decir que sudan realidad. Son historias de lágrimas de dolor, pero también de lágrimas de alegría. ¿Y hay algo que le haga a uno ser más consciente de estar vivo que el dolor y la alegría? No. Por tanto tus historias están llenas de vida.
Hoy he leído la tercera parte, el final, de la historia de Carol, y cuando la he leído he tenido la necesidad de volverla a leer entera, desde el principio, a pesar de que ya la había leído.
Y cuando he acabado he tenido la necesidad también de dejarle un mensaje a su autor, a Conxo, o mejor dicho a Jorge, y me he puesto a escribirle, pero a medida que he ido escribiendo me he dado cuenta que tenía demasiadas cosas que decirle como para que se quedaran escondidas ahí, en un posteo discreto, y he pensado que hoy le dedicaría mi pequeño espacio.
No voy a decíos nada más sobre él, seguro que muchos ya lo conocéis incluso en persona, y lo seguís como yo, pero para los pocos que todavía no lo hacéis, empezad con esa historia, la de Carol.
La historia de Carol I
Nada más.
Y nada menos.
Gracias Conxo. Muchas gracias Jorge, por estos momentos tan preciosos y tan llenos de realidad.
Besotes, bonic.
Y al resto, que tengáis un buen fin de semana.
Entrellat

sábado 24 de enero de 2009

El último café

Foto: El último café. Terrassa, noviembre de 2008

Sole rondaba los 60 años. Era una mujer guapa, y elegante, incluso cuando abría la puerta con la bata de estar por casa, guardaba ese aire de discreta elegancia. Con sólo mirar sus ojos, su sonrisa, su cuidado pelo, y a pesar de que las arrugas se habían instalado ya en su cara hacía unos años, uno se daba cuenta que la belleza había sido una de sus grandes armas.
Aquella noche el viento había alcanzado velocidades a las que no estábamos acostumbrados, y si a nosotros nos había mantenido despiertos e inquietos toda la noche, en casa de Sole realmente había dejado huella. El toldo que protegía su pequeño balcón se había hecho girones, y había estado ondeando al viento, como si se tratara de la bandera de su pequeño castillo.
A primera hora de la mañana, llamó a nuestra puerta para preguntarnos si el seguro cubriría semejante destrozo. Vino sin ningún papel en la mano, tan solo con su bata larga y un poco despeinada. Aun así, era capaz de coquetear con su mirada; sin embargo, al cabo de unas pocas frases entendí que lo del seguro le preocupaba, pero no era ese el objetivo principal de su visita.
Casi siempre pasaba los fines de semana en casa de su novio, con el que llevaba más de veinte años de relación, más tiempo incluso del que había pasado con su marido; el padre de sus dos hijos, pero hacía un par de semanas que coincidíamos en el ascensor los fines de semana, la cual cosa nos hizo pensar que algo pasaba.
Su pareja era un poco mayor que ella, y hacía unos meses se había beneficiado de una prejubilación en la empresa donde trabajaba. Sole había pensado que aquella nueva situación, supondría una nueva etapa en su vida, que el ir y venir a la casa de la playa donde vivía su novio, se reduciría a un par de visitas al mes, porque él se trasladaría a casa de ella. Pero la cosa no fue así, no sólo no se mudó a su casa, si no que el ostracismo de él iba creciendo con los meses. Tan sólo le apetecía quedarse en su casa, y las salidas a cenar, a casa de los amigos, o al cine, se habían quedado en meros recuerdos del pasado.
Aquel viento le había traído a la memoria que ahora estaba sola, y tenía necesidad de contarnos, y ese era el verdadero motivo de su visita, que las noches de invierno parecían más frías, que el viento se hacía más insoportable y que lo que era tan sólo un toldo roto se hacía ahora todo un mundo sin él; porque hacía 15 días tras prepararle una taza de café, le había dicho que ella todavía tenía ilusión por la vida, que quería hacer cosas, salir, viajar, vivir, mientras que él hacía años que había tirado la toalla. Después de dar un último sorbo, Sole dejó la taza sobre la mesa. Él ni siquiera había probado el suyo, estaba demasiado enfrascado mirando la televisión mientras ella le hablaba. Sole abrió su llavero y dejó la llave de la casa de la playa sobre la mesa, al lado de la taza, y comprendió entonces que aquel era el último café que le preparaba.
Esta madrugada, el viento ha alcanzado ráfagas de 150 km/h según las noticias, y después de estar toda la noche sin dormir, esta mañana hemos recibido la visita de la vecina.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

lunes 19 de enero de 2009

Super posición

Foto: Collage: Coronación con fondo de víctimas anónimas
Bonaventura de Sousa Santos, un catedrático de la Universidad de Coímbra y profesor de la Universidad de Madison-Wisconsin, dijo que la de Obama era la victoria de las minorías cuando descubren que juntas son una mayoría. Esa afirmación me hizo pensar que el pueblo americano había madurado, y que habían sabido unir lo que tenían en común todas esas minorías, en vez de echarse en cara sus diferencias.
Mañana tendrá lugar la investidura de Obama. Sin duda, un gran logro para la democracia y para la tolerancia en el mundo. Mañana será el gran día para el mundo entero, porque gracias a las locuras del señor Bush y al fantasma de la globalización, cualquier cosa que se haga en ese país afectará a todo el mundo. Como muestra, véase la repercusión y la difusión mediática que en nuestro país tuvieron por primera vez en la historia unas elecciones de los EEUU. Todo el mundo estará pendiente de lo que allí pase. Apaguemos pues, las llamas que hemos encendido a nuestros muertos, a los muertos del conflicto palestino-israelí, dejemos de abrazar a las víctimas que sobreviven a ese y otros cientos de conflictos armados que hay en el mundo, porque las trompetas de la gloria sonarán sólo para Obama, y nada puede ensombrecer ese momento.
Hágase un alto el fuego unilateral por parte de Israel, no sea que los misiles hagan demasiado ruido, no sea que el estreno mundial de esa gran película titulada “la coronación de un presidente” quede deslucida. Hagamos que la alfombra roja por donde desfilan las 50 estrellas de esta película sea roja por el glamur y no a causa de la sangre derramada.
Creo en Obama, y me alegro del alto el fuego en Gaza, y de la retirada de las tropas israelís, pero incluso a riesgo de parecer un desencantado de la vida y de la política, todo esto me suena a un mutis por el foro, para dejar el escenario vació, para que la gran actuación de Obama, el estreno mundial de su gran película tenga una mayor audiencia, sin que nada le haga sombra.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
PS: Gracias a todos por vuestras felicitaciones a Eme. Él, que siempre lee mi blog, me ha dicho que os de las gracias de su parte.

domingo 18 de enero de 2009

Qué mejor regalo…

A pesar de que lo saludábamos cada día al pasar por la puerta, hacía meses que no habíamos ido al restaurante chino de Ju Li Ann (Julián). Así le llamábamos nosotros, en realidad no sabíamos su nombre. Sólo íbamos allí cuando la economía y las ganas de cocinar nos habían abandonado. Aquel día, cosa que no habían hecho nunca, nos trajeron de regalo unas galletas de la suerte. Abrí la mía y desenrollé el mensaje, al tiempo que me reía, pues eso de los mensajes en las galletas siempre me había parecido muy americano y bastante sucio. Mi mensaje decía literalmente: “tu felicidad empieza por M”. Fácil – pensé – mi felicidad es mi marido, mi artista favorito, mi gran héroe, mi Eme particular.
Y como si un titular de un diario me lo estuviera anunciando, me acordé que en unos días, o sea hoy, sería su cumpleaños. ¿Ostras, y qué le regalo? - Volví a pensar, y me dije – Ya está, una bola de esas de nieve con su nombre dentro, que tanto me gustan. Pero no, eso me gusta a mí. Sí, lo reconozco esa cosa tan hortera me gusta a mí.
Claro, ya lo tengo, le prepararé una cena especial, con un plato dedicado a él. Ay no… que eso lo tenemos previsto hacer en casa de Milita. ¿Y una noche de amor loca? No, tampoco, porque eso sería un regalo para los dos, y este quiero que sea sólo para él. Pensé también en comprarle un barco para navegar por el mundo con él, o hacerle un templo para adorarlo, pero se marea y la crisis había mermado mis fondos, así que tampoco.
Pensé en hacerme un rapado en el pelo, para que cuando me viera por detrás supiera lo que lo idolatro, pero luego me crecería el pelo, o se me acabaría cayendo del todo y adiós regalo. ¿Y un rito satánico y con la sangre de un pollo grabar lo que lo quiero en la pared? Uf… Un poco cutre, ¿no? Siiiiii, ya lo se, un tatoo, que diga “te quiero Manu”. Pero no, tampoco, que eso es para siempre, y nuestro secreto ha sido vivir siempre el día a día. Oleeee, sí, un babero bordadito, como hace él. No, tampoco, por eso, porque él lo hace muy bien, y además ya no me daría tiempo. Esto se está poniendo difícil…
Pues ya lo sé, un globo que se pasee por la ciudad felicitándole en su día. Pero no, tampoco, porque si lo vamos a celebrar por la noche no se vería. Y claro, lo de dibujarle en la arena de la palaya la felicitación, sería efímero, se borraría en seguida, y yo quiero algo especial, muy especial, como lo que siento por él cada día, cada mañana, cuando desayunamos juntos y me invade ese olor a vainilla del café y me veo reflejado en su mirada.
Estoy perdido. ¿A alguien se le ocurre algo?
Mientras lo pienso, a mi niño muchas felicidades, y al resto, que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
Fotos: Collages de fotos encontradas en internet, dedicadas a esa gran persona que es Manu. Terrassa, enero de 2009

jueves 15 de enero de 2009

Batallitas

Después de mi última actualización, he pensado que lo mejor para hacerle un pequeño homenaje a mi antigua casa sería explicar algunas de las anécdotas que allí me han pasado.
Era viernes por la tarde, por aquel entonces se cubrían todas las tardes, pero no había casi nadie en el edificio, unas 8 o 10 personas. Hacía tan sólo una semana que trabajaba allí para substituir a una chica que acababa de ser madre, y ya me colocaron en la recepción, a recibir a la gente y derivarla hacia los diferentes departamentos que allí había.
La recepción estaba situada en la planta baja, en el hueco que dejaba la escalera que subía a las otras dos plantas, rodeada por dos pasillos que llevaban a los despachos del Centro de Asistencia Primaria en Salud Mental.
Curiosamente los viernes por la tarde no había nadie en ese servicio. Yo estaba solo en la recepción, leyendo, porque la centralita había sonado muy poco en lo que llevábamos de tarde. Se abrió la puerta que daba a la calle, y entraron dos mujeres, una de aproximadamente 1,75 m de altura, con obesidad mórbida, debía pesar más de 120 kg. Tendría unos 30 años. La otra era bajita, apenas sobrepasaba los 1,50, era muy delgada y aparentaba tener más de 70 años. La conversación fue así más o menos:
-Putaaaaa, puta, putaaaaaaa, puta, puta, puta, charnega, charnega, putaaaaaa, puta, puta, charnegaaaaa, putaaaaa, puuuta – decía la joven gritando a la más mayor.
-Hola, buenas tardes - dijo la señora mayor dirigiéndose a mí, mientras la joven seguía con el mismo discurso.
-Hoola - dije yo, con la cara a cuadros, sin saber cómo tomarme aquello, mientras pensaba “a mí, me ha tenido que tocar a mí”.
-Putaaaaa, puta, putaaaaa, charnega, charnega, putaaaaa – continuaba la joven.
-¿En qué puedo ayudarla? – pregunté yo todavía mirando con la cara descompuesta.
-Verá, querría hablar con el psiquiatra, para que le den una pastilla a mi hija – dijo la señora con toda naturalidad, pero un poco avergonzada.
-Ay la hostia – pensé yo – si es su hija.
-Es que el otro día vinimos, y el psiquiatra le dio una pastilla y ya no gritaba más – continuó la señora.
-Íiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii – empezó a gritar la hija sin parar, cambiando el “puta, charnega”, por un chillido que me dejó más sorprendido todavía, si cabe.
Yo no sé si fue por lo curioso del caso, o porque pensé que me estaban poniendo a prueba, o porque no sabía que decirle, o por lo nervioso que me estaba poniendo, que me entraron unas ganas de reírme que no podía aguantarme. A todo eso, los pocos trabajadores que había en la casa, ya habían salido de sus despachos y se habían puesto en los rellanos de los pisos superiores mirando desde arriba hacia el hueco de la escalera, donde estaba la recepción, como si un palco del Liceo se tratara, y yo no pude más.
-Un momento, por favor, que voy a mirar – le dije a la señora aguantándome la risa, saliendo de la recepción para entrar corriendo al lavabo. Allí me tranquilicé, solté un par de risillas entrecortadas, no fuera caso que me oyeran madre e hija, y volví a salir.
-No hay ningún psiquiatra hoy viernes por la tarde, pero si usted no puede esperar al lunes, puede ir a urgencias del Hospital que allí le atenderán muy amablemente.
-Y usted no tendrá ninguna pastilla por ahí – volvió a preguntar la señora mayor.
-No, lo siento, sólo los psiquiatras tienen acceso a la medicación- dije yo.
Después de darme las gracias, la madre y la hija, que ya había parado de chillar hacía unos segundos, salieron por la puerta, mientras yo me sentaba en la butaca de la recepción. En aquel momento pensé que tenía que cambiar de trabajo.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
Foto 1: Yo, en la segunda fila y Eme en la cuarta, con algunas de las compañeras de trabajo en la escalera de al lado de la recepción. Foto 2: Unos cuantos compañeros en un fiesta “roja”. Terrassa, finales de los 80 principio de los 90

lunes 12 de enero de 2009

La gota de llet

Foto: Edificio de La gota de llet. Terrassa, enero de 2009
Se le conoce con el nombre de la gota de llet (la gota de leche), porque en los años sesenta este edificio albergó la maternidad. Ha llovido mucho desde entonces, y por sus paredes han pasado una larga lista de inquilinos: la Policía Municipal, los juzgados, Sanidad y Servicios Sociales y un largo etcétera.
La primera vez que recuerdo haberlo visto, tenía yo aproximadamente 8 o 10 años, y en la fachada figuraba el cartel Casa de Socorro, porque también albergó en esa época una especie de ambulatorio. Recuerdo que el nombre me impresionó mucho. Iba cogido de la mano de mi madre, y le pregunté qué era aquel edificio, por lo de Socorro, y me comentó que era una especie de hospital donde curaban a la gente enferma. Me impresionó tanto el nombre que cuando un septiembre de finales de los 80 entré por la puerta para hacer un cursillo – entonces ya había cambiado su utilidad, y era el Instituto municipal de salud y calidad de vida - me volvió aquella imagen de mi madre y yo pasando por delante del edificio. Poco podía imaginar entonces, ni cuando iba con mi madre, ni cuando entré para hacer el cursillo, que ese edificio sería mi casa durante más de 20 años. Allí he estado trabajando durante todo ese tiempo, desde que acabé el cursillo y me contrataron para hacer inspecciones de sanidad, hasta esta mañana; y cuando uno trabaja en un sitio, 40 horas a la semana – bueno, ahora ya son menos – no puede menos que considerarlo su casa.
He hecho de todo, durante este tiempo, de inspector de sanidad, de administrativo, de técnico de salud, de recepcionista, y hasta de “investigador privado”, porque el primer jefe que tuve, al que debo mucho, por cierto, me enseñó que ser polivalente era una gran cosa. Luego aprendí que era un arma de doble filo.
Este mediodía he salido y me he girado para mirarlo, pero como iba con dos de mis compañeras no he querido dejarme llevar por el sentimentalismo. En vez de eso he sacado mi teléfono y le he hecho una foto. Mañana ya no iré allí, seguiré haciendo lo mismo, pero en otro edificio, en el que curiosamente también había estado la Policía.
Mientras caminaba hacia casa iba pensando en todas las cosas que he pasado allí, y en toda la gente que ha entrado en mi vida a través de esas puertas, en cómo he crecido yo como persona, y a pesar de que no es más que un edificio, un lugar más, no puedo dejar de sentir una cierta tristeza.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat

jueves 8 de enero de 2009

… y miro el mundo como Petra

Hola, me llamo Petra y tengo dos años y medio, casi tres. Vivo en una manada con dos miembros más, dos machos. El macho alfa, el que manda más de los dos, debe ser el más grande, seguro que sí, porque tiene la voz más potente y parece más fuerte.
Estoy muy contenta de vivir aquí, porque los dos son muy buenos cazadores. A veces salen a cazar por separado, pero la mayoría de las veces salen juntos, y no os podéis imaginar la cantidad de cosas que traen dentro de unas bolsas. Traen carne, pescado, frutas, pero no sólo eso, además traen un montón de tonterías que deben encontrar por ahí, mientras van de caza, como detergente, unas latas con líquido dentro, lechugas. Y luego se las comen, que asco. Las lechugas, sí, se comen las lechugas, el detergente no. Bueno, ese no, pero traen otro que está asqueroso y con el que me lavan a mí los dientes. Que no sé para qué lo hacen si luego se vuelven a ensuciar cuando como. En fin.
A mí me traen unas bolsas enormes, con unas bolas de comida, que al principio me gustan, pero que luego me acaba cansando, siempre bolas, todos los días bolas, y sólo me ponen de esas bolas para comer, y ellos se ponen hasta el culo de comer de las otras cosas; claro, como las cazan ellos…
Lo que más me gusta, aparte de mirar como guardan lo que traen de la caza en unos muebles que hay en la cocina, es tumbarme a dormir encima de los dos, a veces encima del macho alfa y a veces encima del beta. Uf! Me encanta, porque siento su corazón y su respiración, y me relaja, y me pego unas sobadas…
Lo único malo que tienen es que son un poco tontos, los dos, porque a pesar de que son machos, no tienen sexo conmigo, ni siquiera cuando estoy en celo. Sólo lo tienen entre ellos. Que un poco raros sí que son.
Hoy el macho beta, el pequeño, está mirando la tele, y como se ha dejado el ordenador encendido, y veo que él se pone muchas veces a contaos cosas por aquí, pues me he dicho que os iba a contar yo un poco mi vida.
Que tengáis un día de perros; un buen día, vaya.
Petra
Foto 1: Yo (Petra). Foto 2: Yo, jugando con el macho alfa. Terrassa, octubre de 2008

martes 6 de enero de 2009

Por una mirada ilusionada

Foto: Yo, de Rey Melchor en una cabalgata. Rubí, enero de 2005
Cuando hace 4 años recibí la invitación por parte del Ayuntamiento de Rubí, para ser el Rey Melchor durante la cabalgata de Reyes, no me pareció una gran cosa, al contrario, me pareció una putada, porque no soy muy amante de la Navidad, y encima lo de estar todo el día entero ocupado entre maquillaje, vestidos, la cabalgata y el discurso delante de toda la ciudad, me daba un poco de respeto, todo hay que decirlo, pero aun así acepté.
Más adelante, cuando lo comentaba con la gente, todo el mundo me decía que este tipo de invitación sólo se hace a personas importantes de la cultura, los deportes, o de otros ámbitos municipales. Y ahí fue cuando no entendí por qué me lo habían ofrecido a mí. Bueno, sí, por ser parte de una de las compañías teatrales que tienen sede en la ciudad. En Terrassa, mi ciudad todavía es más elitista la selección, los reyes se pagan incluso su propia carroza y hasta los caramelos que tiran. Generalmente suelen ser comerciantes o gente de “familias bien” de la ciudad.
El caso es que pasado el trago del maquillaje y del vestuario, que aunque parezca una tontería, no lo es, a partir de que te colocan ese mostrenco de traje, ya no te puedes mover solo, incluso necesitas compañía para ir al baño; pasado el trago, digo, la cosa empezó a cambiar al ver la cara de los niños, mirándote como si fueras algo especial. No tenía precio. Nadie nunca me había mirado de esa manera.
Hay una costumbre en Rubí, por la que los niños de pocos años, entregan el chupete a los reyes magos, es como un rito iniciático por el que dejan de ser bebés para ser niños, y te lo entregan ellos mismos, en brazos de sus padres, como si fuera su gran tesoro y te miran con una ilusión en la mirada que te descoloca, pero luego sabes que no es a ti a quien ven, si no a Melchor.
Un niño, que consiguió saltarse la barrera de seguridad llegó hasta mí, y me preguntó si era Melchor, y yo le dije que sí. Entonces me preguntó si esa noche le traeríamos la Nintendo roja con el Pokemon. Como no sabía por dónde salirme, y entonces no sabía ni lo que era eso, le pregunté si había sido bueno, y me dijo que no mucho - fue sincero el muchacho. Yo le dije que en ese caso, mejor que se lo preguntara a sus padres, y que si ellos no tenían inconveniente, yo tampoco. El niño se fue con una sonrisa enorme en la cara, como si la tuviera tatuada. Creo que nunca he hecho a nadie tan feliz. Al cabo de unos minutos volvió con el padre de la mano y me dijo: “Díselo, díselo, a que sí que me vas a traer la Nintendo roja con el Pokemon.” Yo sonreí, sin saber qué decir, y el niño dijo mirando a su padre: “¿lo ves?” El padre me miró sonriendo como diciendo: “son niños”.
Digo todo esto, porque a pesar de que las fiestas de Navidad no me gustan, y no dejo de atacarlas en cuanto tengo ocasión, momentos como esos, me rompen el corazón y me hacen dudar de mis sentimientos “anti navideños”.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

domingo 4 de enero de 2009

Carta para Marcela

Foto: Exposición “Topografhie des Terrors” en las ruinas de unos antiguos cuarteles y celdas de la SS. Berlín, octubre de 2005
Querida Ruty:
Nunca me han parecido sólo números las víctimas de una contienda, siempre me he esforzado en ponerles cara, en ponerme en su lugar, pensando cómo sería si alguien de mi familia estuviera ahí. Me resisto a sentarme delante del televisor y cambiar de cadena cuando se presentan los datos y las imágenes de la guerra. Y ahora lo tengo más fácil porque te conozco a ti, que estás pasando por eso, y te tengo cariño.
Desde que tengo uso de razón he vivido este conflicto con más interés que otros conflictos internacionales, no sé por qué. Y ahora con la perspectiva de los años no sabría decir quién son “los buenos” y quien “los malos”, porque nunca los hay.
Lo duro de esta guerra como siempre, son las vidas truncadas, las esperanzas rotas y las familias destrozadas en ambos bandos; pero en este caso, además, lo duro es que se dé en fechas preelectorales, porque todavía la deshumaniza más, la politiza aun más, si cabe. Esta guerra parece una campaña política de Tzipi Livni para callar a los sectores más radicales, demostrándoles que es capaz de gobernar el país al más duro y puro estilo de Olmert o de Sharon. Ya no se puede dialogar porque se está estableciendo el durísimo cliché de que los palestinos son chusma incivilizada a la que se debe educar a base de hostias, a base de bombas; cuando en realidad somos todos, incluida la comunidad internacional, y no sólo los palestinos los que tenemos que aprender que de una guerra poco o casi nada bueno se puede sacar.
En el lado palestino es mucho peor, tú lo has dicho. Según la prensa internacional Israel se ha "cebado" con la población civil palestina; como ya no quedan objetivos militares, hay que atacar a los civiles indiscriminadamente. No hay culpables, ni inocentes, sólo víctimas, pero los más desmejorados siempre salen perjudicados.
Algo parecido pasa del lado donde vives tú; pero me da rabia que digas que no eres valiente, porque sí lo eres, porque eres capaz de coger a tu familia cuando suenan las sirenas y abrazarlos y darles tu calor envueltos en una manta, y darles sobre todo lo único que en un momento así se necesita: seguridad y amor.
Sólo espero que pronto se solucione todo este maremágnum de muertes y desgracias y que personas pacíficas como tú, o como las del otro bando, puedan recuperar su vida.
Besotes y abrazos llenos de esperanza y de paz.
Fran (Entrellat)
PS: Esta carta se la dedico a Marcela (Ruty) , una fotógrafa israelí que vive en Beer Sheva (Israel) y está sufriendo en sus propias carnes y en las de su familia los bombardeos desde la franja de Gaza. Si podéis echarle un vistazo a sus últimas actualizaciones, explican con gran sinceridad el sentimiento de una persona que sufre una guerra.

sábado 3 de enero de 2009

He visto la luz

He visto la luz, eso fue lo que debería haber dicho al ver la iluminación navideña de la plaza Mayor de Madrid y en general las de casi toda la ciudad.
Venía de Terrassa donde la crisis había hecho elegir a las “personas que deciden” unas sosísimas estrellas que no consumen electricidad, si no que reflejan la que hay a su alrededor. Sobre el papel parecía una buena cosa, ecológica y barata para el momento de crisis en el que estamos viviendo. Pero claro, unas estrellas que deberían reflejar la luz que tienen a su alrededor no pueden funcionar si no tienen luz que reflejar; es decir, si estas estrellas no van acompañadas de alguna fuente de luz difícilmente pueden reflejar algo; vamos que no funcionan con la luz de los cigarrillos de la gente que pasa por debajo de ellas. No son tan eficaces. Lástima que los ciudadanos se dieran cuenta antes que el consistorio.
Otra cagada de esta Navidad en cuanto a adornos se refiere ha sido los arbolitos ecológicos del Ayuntamiento de Barcelona, que por el módico precio de 214.000 euros la media docena, hemos conseguido unos arbolitos que funcionan con energía solar y con el pedaleo de los ciudadanos. Que digo yo, ¿no sería más barato y más ecológico poner 6 árboles de los de toda la vida y con lo que nos sobre de dinero, replantar algunas de las zonas deforestadas?
Entre estas eco-modernidades y la fallida propuesta de la comunidad europea de prohibir el “tortell de reis”, porque podría ser peligroso al llevar juguetes en su interior, creo que estamos perdiendo el norte, habrá que volver a mirar a la estrella de Belén. Con tanta sobreprotección y tanta estupidez, seguramente que lo próximo será prohibir el “Tió de Nadal”, por hacer apología de la violencia, y si no tiempo al tiempo.
A pesar de todo, Feliz año nuevo, viajeros.
Entrellat
Foto 1: Detalle de la Iluminación navideña de la Plaza Mayor. Foto 2: Un árbol en la Plaza de España. Madrid, diciembre de 2008

miércoles 24 de diciembre de 2008

Felicitación ramesterazida

Foto: también remasterizada, la familia al completo. Prueba para la foto oficial de Navidad, que nunca se llegó a hacer. Terrassa, navidad de 2006.
Como no han cambiado muchas cosas, y el tiempo no me deja hacer mucho más, aprovecho para remasterizar el texto del año pasado:
“A pesar de que en estas fechas en las que todo se ha tergiversado, es cuando uno se da cuenta que no hace falta hacer nada en la vida para “triunfar”, que es suficiente casarse con un torero friky, divorciarse y ser todavía más friky para que la “prensa especializada” se preocupe por uno; a pesar de que lo que envuelve al amor y a los buenos sentimientos en estas fechas es una gran y carísima mentira que sólo interesa para vender más, igual que el día del padre o de la madre; a pesar de que la gente se emperra en adornar sus balcones como un puticlub de carretera, por no sé qué necesidad; a pesar de todo eso, digo, uno siente la necesidad de estar con los suyos, más que el resto del año, de ser mejor persona, de inflar los correos electrónicos y los teléfonos móviles de felicitaciones recibidas y reenviadas infinidad de veces y la mayoría de ocasiones con muy poco gusto.
A pesar de todo eso, me gusta sentarme y sentirme con mi familia y con todos los míos en estas fechas y compartir esa sensación de que estamos muy bien, para qué lo voy a negar. Y me gusta saber que formo parte de algo, de ese algo, y que tengo el apoyo de toda esta gente que camina conmigo, que viaja en esta complicada aventura que es la vida.
Felices fiestas viajeros, como no. “
Entrellat

sábado 20 de diciembre de 2008

La confesión de González

Foto: González (a la derecha) y yo (a la izquierda) en la Escuela de Guerra Naval. Madrid, verano de 1986

Mis compañeros de viaje se habían quedado a descansar en nuestro hotel. Como yo no tenía sueño, decidí salir a pasear por el centro de Madrid, con mi cámara colgada al cuello. Poco me imaginaba entonces lo que daría de si aquel paseo, tanto que incluso me encontré con un viejo amigo, al que no había visto desde enero de 1987, cuando acabamos el Servicio Militar. Miento, en otra ocasión habíamos vuelto a coincidir, en Madrid también, justo un año después de aquel enero.

A pesar de los veinte años que hacía que no nos habíamos vuelto a ver, nada más cruzarme con su mirada, le reconocí. Su cara estaba exactamente igual, y llevaba el mismo corte de pelo que entonces: la ralla al lado y un discretísimo tupé, como un niño bueno. González siempre había sido muy discreto para todo. Su sonrisa era igual de tímida que entonces, sonreía como pidiéndole perdón al mundo. Iba vestido con tejanos, tal y como yo lo recordaba, y con un anorak negro con cremallera.

Él también me reconoció, a pesar de que yo sí que había cambiado, por no decir que esos veinte años habían dejado mucha más huella en mí, que en él.

- Hola, marinero – me dijo mientras se acercaba.

- ¡Holaaaaa, González! - dije yo, sin poder dejar de sonreír – ¡Qué coincidencia, qué casualidad, que alegría! ¿Pero cuanto tiempo hace que… 10 años? ¿15? – continué, sin poder parar de hablar, como intentando recuperar todo ese tiempo.

- Creo que más - dijo él.

- Bueno, cuéntame. ¿Cómo estás? ¿Estás solo? ¿Qué haces en Madrid, de vacaciones, de puente? – volví a preguntar.

- No. Bueno, sí. Estoy… Bueno, ya no vivo en Córdoba, vivo aquí, acabo de entrar en… - dijo cortando la conversación, con aquella media sonrisa que tenía a veces.

- ¿Qué te pasa? ¿Estás bien? – le pregunté.

- Sí, sólo que… Me da vergüenza decírtelo.

- Pero hombre, por Dios, si hace muchísimo tiempo que no nos vemos y ya no somos niños – dije para quitarle hierro al asunto.

- Pues nada, eso, que no estoy de viaje, que vivo aquí desde hace unos meses. He entrado en el seminario – dijo mirando hacia el suelo.

- ¿En el seminario? ¿En qué seminario? – dije medio desconcertado.

- Pues eso, que quiero ser Sacerdote.

- Qué me dices, pero si tú no… antes no… - dije sin poder acabar la frase.

- Mira, cosas que pasan.

Seguíamos en medio de la calle Preciados, pero ahora mi sonrisa se había vuelto preocupación. La verdad es que no recuerdo cómo acabó la conversación, ni siquiera sé si nos dimos los teléfonos para no perder el contacto. Me hizo una ilusión tremenda encontrármelo de nuevo, pero aquella confesión me desconcertó mucho. No podía entender cómo aquel chico tan divertido, tan lleno de vida, con el que había pasado las largas tardes de verano de finales de los ochenta, era ahora una persona triste y llena de dolor. Me hubiera gustado ir a tomar un café o un chocolate con él por allí, preguntarle más cosas, intentar ayudarlo, o contarle cómo me había tratado la vida. Tantas cosas… pero por desgracia mi sueño acabó ahí. Supongo que aquel sueño que tuve en Madrid, como lo había sido el de Jose, hacía poco más de seis meses era un resto diurno, o tal vez un tema pendiente, y aprovechó mi estancia en Madrid para volver de mi subconsciente. Ojalá sea la premonición de algún reencuentro.

Que tengáis un buen día, viajeros.

Entrellat

viernes 19 de diciembre de 2008

A la tercera va la vencida

El puente de la constitución dio para mucho en Madrid. Como decía hace un par de actualizaciones se celebraba el 30 aniversario de la constitución, así que hubo quien aprovechó para reivindicar la III República.
No sabíamos nada de la manifestación, nos la encontramos por casualidad, pero durante un rato nos unimos a ellos. Sí, soy republicano, vencido y convencido.
Mi amiga Milita, que también venía con nosotros, decía que gritáramos “Catalunya independent”, pero yo le dije que no, que primero una cosa y luego la otra, que no mezcláramos manzanas con peras, como dijo la señora Aznar en una ocasión. No vaya a ser que digan: “claro, la república sólo la quieren los catalanes”, que hay mucho manipulador y mucho ignorante por el mundo. Cierto. Había gente que mientras pasaba por al lado decía que los manifestantes eran de Esquerra republicana, incluso uno dijo que éramos de Terra Lliure.
El otro día leía en una encuesta de una publicación periódica gratuita, que el 52% de los españoles le gustaría que no hubiera monarquía. Rigor a parte, lo que no quedaba claro era si eso quería decir que se sienten más republicanos que monárquicos, u otra cosa que todavía me da más miedo.
Decir que nos iría mejor con la III República que con la monarquía, sería hacer política ficción y entrar en un juego dialéctico que realmente me aburre, por lo poco eficaz. Pero lo que sí es seguro es que no me gustan las imposiciones. No creo que los Borbones tengan derecho a ser los “jefes de estado” por el hecho de haber nacido en esta familia. Me gusta saber que si un dirigente no lo hace bien, se le puede echar a golpe de urna.
Llamadme sentimental, “tonto-el-haba” o como queráis, pero al grito de “España mañana será republicana”, se me ponía la piel de gallina; y eso que cuando oigo el nombre de España utilizado como arma arrojadiza me suele dar mucha grima.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
Foto 1: Yo, en la manifestación por la III República. Foto 2: Un manifestante con un ocurrente cartel. Madrid, diciembre de 2008

miércoles 17 de diciembre de 2008

García-Alix o la cruda realidad

Foto: Una de las piezas de la exposición. Madrid, diciembre de 2008
“La fotografía es iconografía de muerte. Está en su naturaleza. En ella ya no somos como somos. Somos como éramos…
… una colección de retratados, es una colección de futuros cadáveres.
La fotografía es un poderoso médium. Nos lleva al otro lado de la vida. Y allí, atrapados en su mundo de luces y de sombras, siendo sólo presencia, también vivimos. Inmutables. Sin penas. Redimidos nuestros pecados. Por fin domesticados… Congelados. Al otro lado de la vida… De donde no se vuelve”
Alberto García-Alix
Alberto García-Alix, nació en León, pero podría haber nacido en Burgos, en Roma, en Nueva York o en Hong Kong. No lo digo yo, lo dicen sus fotografías. Pero es madrileño, porque le tocó vivir en Madrid, pero podría haber vivido en Londres, en París, en Praga, o en el barrio chino de Barcelona. No lo digo yo, lo dicen también sus fotografías.
La exposición de García-Alix “De donde no se vuelve”, que se puede difrutar/sufrir hasta el 16 de febrero de 2009 en el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, está compuesta por una retrospectiva de sus fotografías. Además, como regalo nos ofrece un bomboncito, un video en el que textos como los que habéis leído al principio, interpretados con su propia voz, acompañan a sus fotografías. El video montaje es una declaración de principios, como lo es su fotografía. Es una visión de la vida, de su vida. Una vida dolorosa, cruda, de la cual ha ido recogiendo en trocitos de papel a los protagonistas, a veces personas, a veces sitios, a veces objetos, pero siempre protagonistas de su vida, de la vida por la que él ha pasado. Ese bombón de chocolate, al que ha substituido el azúcar por hiel, por la más cruda verdad, vine ya pelado, no lleva envoltorios, ni papel de celofán.
Destacaría sus retratos del lado menos glamuroso de la Movida Madrileña, de las drogas, la marginalidad, y del precio que había que pagar por estar allí, siendo parte de esa movida. Su enorme colección de autoretratos en el tiempo, dicen mucho de todo esto.
Tanto Eme como yo, estuvimos casi toda la visita sin decirnos nada, y salimos de la exposición con los ojos vidriosos, con el estómago encogido y con un cierto dolor.
Y… No, nada más. Prefiero que el que tenga oportunidad la vea. A los madrileños afortunados, que no la dejen escapar; y al resto, una pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que fuisteis a ver arte en Madrid? No, aquella vez no vale. Esto que nos ofrece García-Alix, sí es arte de verdad, es la vida misma. ¿Hay algo más artístico que eso?
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
PS: Por cierto, si no tenéis suficiente con esta exposición, podréis ver otra foto suya en la exposición Collage, en la Galería Sen de Madrid (C. Barquillo, 43), en la que comparte espacio entre otros con el artista José Luis Marín , al que seguramente conoceréis como /sirenobara_dos, otro artistazo por todos los costados.

martes 16 de diciembre de 2008

En el parque temático

Nuestra estancia en Madrid coincidió con el 30 aniversario de la Constitución. Para celebrar el evento, se habían organizado dos jornadas de puertas abiertas en el Congreso de los Diputados, y como a una de las personas que iba con nosotros le hacía ilusión visitar el congreso, máxime en una fecha como aquella, nos acercamos el primer día para visitar el hemiciclo e intentar distinguir en el democrático techo del recinto las marcas de las balas que un 23 de febrero el señor Tejero hizo vestido con sus mejores galas.
El primer día llovía, pero aun así la cola ya daba la vuelta por el museo Thysen y continuaba Paseo del Prado arriba. Sin querer averiguar hasta dónde llegaba, decidimos cambiar de planes y hacer otras cosas de las que teníamos en el “programa”.
El segundo día a primera hora ya estábamos allí. Pasamos por delante de “La tienda del Congreso” (ver foto) y seguimos hacia la puerta de los leones, por un lateral de la cual estaba la entrada a la visita. Para ser educado diré que me pareció curioso que existiera una tienda en la que comprar jarritas para el desayuno, y otros suvenires con motivos del hemiciclo, como si de un parque temático se tratara, y me imaginé a los ministros vestidos de leones de fieltro, o de Guardias Civiles golpistas repartiendo folletos y vales descuento para consumiciones en el McCongreso, diciendo a la gente que pasaba con sus bandejas, “se sienten, coño”.
Para los que conozcáis Madrid, la cola ya bajaba por la Carrera de San Jerónimo, daba la vuelta por el museo Thysen seguía por el Paseo del Prado hasta llegar a la Cibeles; para los que no lo conozcáis, preguntamos a un policía que controlaba el evento y nos dijo que había unas 4 horas de cola. Por supuesto volvimos a desistir, aun a sabiendas que era la última oportunidad que teníamos de visitar el recinto donde nuestros representantes se pelean y discuten nuestro futuro.
Aun así, creo que ganamos con el cambio, no porque al dejar el Congreso viéramos una enorme limusina en la puerta del hotel que está justo en frente, de la que bajó Paris Hilton ataviada con un magnífico chándal rosa y gris, no. Si no porque el cambio consistió en ir al Reina Sofía. Los que no lo habían visitado nunca decidieron ir a ver el Guernica y su casi más espectacular colección de obras preparatorias, y el resto, Eme y yo, fuimos a ver la inquietante exposición retrospectiva de fotografías de Alberto García-Alix, y otra menos inquietante pero también interesante de Zoe Leonard. Sin embargo debo reconocer que la primera me dejó tan impresionado (y a Eme también), que no disfruté de la segunda, todavía tenía la cabeza en la primera. Mañana os hablo de la exposición de García-Alix, creo que se merece una actualización aparte.
Justo después nos fuimos a tomar un café a la preciosísima cafetería de la ampliación del museo, diseñada por el arquitecto Jean Nouvel, que como todo lo que hace este señor, autor entre otras cosas de la Torre Agbar en Barcelona, o del Instituto del Mundo Árabe en París, tampoco nos dejó indiferentes.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
Foto 1: La tienda del Congreso. Foto 2: fachada del congreso. Madrid, diciembre de 2008

lunes 15 de diciembre de 2008

La Costanilla de San Andrés

Foto: La Costanilla de San Andrés, en el barrio de La Latina. Madrid, diciembre de 2008

Salíamos del restaurante donde habíamos parado a cenar, pero en vez de desandar nuestros pasos para llegar al hotel, decidimos no bajar por la Costanilla de San Andrés, que aunque su nombre ya nos había avisado la primera vez de lo empinado del trazado, y aunque esta vez hubiera sido de bajada, después nos hubiera esperado traicioneramente la subida de la calle Segovia.
Era la última noche y la reserva de fuerzas y de antiinflamatorios estaba llegando a su fin; por eso decidimos acabar de subir los metros que nos faltaban de la Costanilla de San Andrés, y seguir hasta el metro de La Latina.
Al final de la subida estaba la iglesia que compartía nombre con la Costanilla. En la puerta había un par de “sin techo” calentándose con una improvisada hoguera que habían hecho dentro de un bote de metal. Seguimos caminando y en un entrante que había en un portal, había otro preparándose para dormir en la calle. Tenía una goma en el brazo, y una jeringuilla en la otra mano. Me gustaría decir que se preparaba para pasar la noche tomando un caldito caliente, mientras se metía en un saco de dormir; pero no era así. Se preparaba para pasar la noche, sí, pero seguramente “el caldito” que se iba a meter intravenoso, era lo único que se metía en el cuerpo ese día.
Un poco más adelante, a tan sólo unos pasos, caminando delante del teatro que Lina Morgan tiene allí, una chica le preguntaba a un chico más o menos de su edad: “¿Saben tus amigos que te metes?”. El chaval daba excusas de mal pagador diciendo: “Bueno, alguno, no todos”. Estos dos iban bien vestidos y se dirigían seguramente a comprar algo con lo que “divertirse”.
Unos pasos más allá estaba la parada de metro La Latina. Bajamos por las escaleras, tomamos un tren y nos dirigimos hacia nuestro hotel, hacia nuestras calentitas y secas habitaciones. Aquellos “sin techo” que habíamos dejado atrás, no eran los primeros con los que nos habíamos cruzado en este viaje, y tampoco tenían la misma suerte que nosotros.
En este viaje como siempre he vuelto enamorado de Madrid, de su gente, de sus historias, de su cultura, pero esta vez he visto también un Madrid menos amable, más deshumanizado que otras veces.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

viernes 5 de diciembre de 2008

Speaking in silver

Foto: La carta de Konstantin. Terrassa, diciembre de 2008
Queridos señores de la Real Academia de la lengua española:
Mi nombre es Konstantin, y hasta hace un par de años vivía en el sur de Rusia, pero me vine a vivir a su país, por cuestiones de trabajo; sin embargo, creo que volveré a Rusia, porque no me acostumbro a su lengua. Me dijeron que era una lengua sencilla de aprender, pero no ha dejado de generarme problemas desde que llegué. Les pondré un ejemplo.
Mi vecino Hache se enfada mucho conmigo cada vez que lo llamo por su nombre. Yo pensaba que se llamaba José, porque así lo vi escrito en el buzón y cuando hablé con otro vecino de él, y le pregunté:
-Has visto a José el presidente?
-Querrás decir a Pepe – me dijo.
-Pues en el buzón pone José – le dije yo.
-"Llámale hache"- me dijo él, y desde entonces le llamo así, pero veo que no le gusta mucho.
El mismo día bajé y le dije: Hache, me dejas un martillo, que tengo que "clavarle un clavo" a la vecina del quinto. No sé qué entendió, pero se empezó a reír y me dijo que iba a buscarlo y que venía "cagando leches". Yo pensé que le había sentado mal el desayuno y que tenía diarrea, pero no, volvió enseguida con el martillo y se volvió a marchar con una sonrisa picarona en la cara.
Al ver que no podía clavar el clavo, bajé otra vez a casa de Hache y le pedí un taladro, y me dijo que no tenía, que eso "valía un huevo"; así que subí a casa y bajé a la ferretería, pero a la chica de la caja no le hizo gracia que le pagara con un huevo.
-"Te vas a quedar conmigo?"- me dijo la chica, como enfadada.
-No, no me puedo quedar contigo- le dije yo - tengo que "clavarle un clavo a la vecina", por eso quería el taladro.
-"Me tomas el pelo?" - me volvió a preguntar la chica, que parecía más enfadada todavía, y cuando acerqué la mano para acariciarle su cabellera, me soltó un bofetón, que me dejó sordo.
-"Lárgate pitando" de aquí – me dijo la chica quitándome el taladro de las manos.
- Piiiiii – dije yo mientras me marchaba, con una mano en la oreja, y sin entender absolutamente nada, pero no era cuestión de que se enfadara más.
Al llegar a casa de la vecina para explicarle lo que había pasado, me dijo: - date prisa, que "vas pisando huevos". Miré al suelo pensando que se me había caído el que había bajado a la ferretería, pero me acordé que se lo había quedado la cajera. La vecina empezó a hablar y hablar, y a hablar, y yo a pesar de que no entendí lo de los huevos, esperé a ver si era verdad lo que decía Hache, que la vecina del quinto "hablaba por los codos"; pero no fue así, sólo hablaba por la boca, como todos.
Les escribo esta carta para que sepan que su país me gusta, pero que en unos meses, cuando acabe mi contrato de trabajo volveré a mi país, porque no puedo soportar todo esto, no entiendo a los españoles. Además quería pedirles si podrían eliminar de su lista de frases hechas, la de "beber como un cosaco", porque todos se ríen de mí cuando digo que soy abstemio, y me obligan a beber hasta caer en coma etílico.
Atentamente,
Konstantin el Cosaco
Hoy me voy de puente a Madrid, si queréis algún recado me lo decís. Yo aprovecharé para ver alguna exposición y pasear por las calles de capital del reino. Ah! y para llevar la carta de Konstantin a la Real Academia de la lengua, pobre hombre.
Que tengáis un buen fin de semana, viajeros.
Entrellat

martes 2 de diciembre de 2008

Secretos inconfesables

Foto: La tarta de manzana realizada hace unos minutos con la receta de Cuarzolaya
Después de salir del lavabo, Andrés volvió a pasar por el largo pasillo que le separaba de la cocina. Si antes ya le parecía largo, desde que tuvo el infarto cerebral, hacía escasamente un año, todavía le parecía mayor. Le costaba mucho no arrastrar los pies, ya que a pesar de no ser muy mayor, el infarto le había dejado la movilidad algo reducida. Se agarraba a las paredes en el intento de no arrastrar las zapatillas de franela, para no hacer ruido. No quería que su hija se despertara y le pillara hurgando en la nevera.
Se dirigió a la cocina por segunda vez, haciendo al revés el mismo recorrido que había hecho hacía veinte minutos. La primera vez salió de su habitación y entró en el lavabo que estaba situado justo al lado. Su hija lo tenía reservado exclusivamente para él, por la proximidad de las dos estancias, decía ella, aunque la realidad era que no soportaba que la primera visión que tuviera por las mañanas al levantarse fuera el bote con la dentadura de su padre.
Nada más entrar en el lavabo, tiró el agua del bote y sacó su dentadura postiza, se secó con la toalla, y se dirigió a la cocina, despacio, con la dentadura en la mano. Cuando llegó, cortó un trozo de papel de aluminio del dispensador que estaba en la repisa, al lado del microondas, envolvió la dentadura y la introdujo en el congelador, escondida debajo de lo primero que encontró, esta vez le pareció que eran unos sanjacobos.
Volvió a hacer el camino hacia el lavabo y cuando terminó de asearse y de peinarse, retomó el pasillo hacia la cocina, abrió el congelador, retiró los sanjacobos, y recuperó su dentadura. La desenvolvió meticulosamente y se la colocó. Le encantaba sentir el frescor que en tan poco tiempo conseguía retener la dentadura. Esa sensación le aliviaba sus dañadas encías y conseguía un placer, que desgraciadamente duraba tan solo unos minutos.
Con la dentadura ya puesta, cortó un trozo de tarta de manzana que su hija había preparado el día anterior con una receta que había encontrado por internet y la degustó, sonriendo por esos pequeños placeres, el de la dentadura fría y el de la tarta de manzana, que la vida todavía le ofrecía, como si fueran secretos inconfesables. Aunque en cierto modo lo eran, ya que su hija le había prohibido que dejara la dentadura en la nevera, a pesar de que ella dejaba el antifaz de gelatina que utilizaba para sus cada día más habituales migrañas; pero claro, era su nevera, era su casa.
Hace un momento he visto una receta de manzana en la página de /cuarzolaya, y como se me había acabado el riquísimo tiramisú que /latriche y los demás trajeron a la cena-excusa-para-vernos de este sábado pasado, he corrido a preparar una, porque me ha parecido muy sencilla. Ahora mismo corro a probarla, que hace unos minutos que la he dejado encima del mármol enfriando y mientras tanto os he preparado esta historieta. En la próxima actualización os digo como quedó la tarta.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
PS: Aprovecho para dar las gracias a el_ruso80, la_triche, mr_conxito, nekobcn y a mi hombre por el buen rato que me hicieron pasar este sábado en casa. Y a cuarzolaya por la receta.

martes 25 de noviembre de 2008

Imágenes y palabras

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero a mí me gusta combinar las imágenes con mis textos; y eso es lo que vengo haciendo desde hace un tiempo en este espacio, porque creo que las unas enriquecen a los otros y los otros a las unas, como si de una relación simbiótica se tratase.
Cuando era pequeño, me gustaba mirar las ilustraciones de los libros, especialmente cuando leía las aventuras de Los Hollister, unos libros de Jerry West, escritos en los años 60 pero que por mi edad, por motivos editoriales y de traducción llegaron a mis manos a finales de los 70, principios de los 80. En todo momento mientras los leía intentaba adivinar qué momento del relato había intentado reflejar el ilustrador. Era como una visión fotográfica o cinematográfica de la lectura. Para mí, aquellas ilustraciones eran como fotogramas de la película que me iba montando mientras leía el libro. Buscaba el momento en que el ilustrador había hecho el click a su cámara de fotos. Tengo que reconocer que casi siempre me decepcionaban aquellas ilustraciones, no por su baja calidad, si no porque no se parecían a la foto que yo había sacado en mi cabeza, a la interpretación que yo había hecho de lo que había leído. Todavía no sabía que aquellas novelas para niños, como cualquier otro libro, tenía tantas lecturas, como lectores hubieran, y que por tanto la visión del ilustrador no tenía por qué parecerse a la mía.
Esa visión fotográfica me recuerda a la que tienen los fotoperiodistas, ya que intentan hacer click en el momento exacto para poder explicar en una sola imagen lo que está sucediendo. Y eso es especialmente lo que se premia en el World Press Photo, una imagen o una colección de imágenes sorprendentes e impactantes que en un solo click hayan retratado un momento especial o de importancia histórica.
En su edición de este año, el World Press Photo 2008, visita una vez más el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona CCCB. Podréis visitarlo sólo hasta el próximo 14 de diciembre.
Este fin de semana he aprovechado que tenía visitas de fuera para llevarlos a la exposición. Decir que vale la pena verla quedaría vacío de significado, pobre. Tan sólo una cosa, si tenéis la oportunidad de ir, no dejéis que os lo cuenten.
Que tengáis un buen día, viajeros.

Entrellat

Fotos: Visitantes de la exposición mirando fotos. Barcelona, noviembre de 2008

jueves 13 de noviembre de 2008

Cosas en común

A veces hay gente con la que nada parece unirte, y con la que crees que jamás llegarás a nada, hasta que la vida te da en las narices y te demuestra que estás equivocado. No sabría decir en qué momento Ene pasó de ser una compañera de la Escuela de Idiomas, a ser una de las personas con la que tengo más cosas en común.
Hoy Ene es una de mis mejores amigas, y una de las personas que más quiero. Es mi socia en SAMAFURU, una “empresa” que hemos empezados juntos con muchísimo cariño. Es tal vez una de las personas que mejor me entiende y me conoce, y con la que hemos pasado juntos TAMBIÉN momentos bastante duros. Pero si hiciera un corto con los mejores momentos de mi vida, ella saldría en la mayoría de las escenas; como la comida que hicimos en su casa este fin de semana, con su marido, con el mío, con Marie y su novio, y con dos amigas Yoyo y Ana, con las que también hemos vivido muchos momentos divertidos.
Jota, su marido, nos preparó la comida, un sancocho dominicano que estaba riquísimo, pero que nos dejó caos a casi todos. Durante esa comida como siempre que nos reunimos, nos reímos mucho. También bebimos como cosacos y comimos como si lo que hubiera en los platos fuera la última comida que hubiera sobre la tierra. Tanto fue así, que tuvimos que salir a pasear para bajar ese contundente plato. Aunque todo hay que decirlo, hubo gente que se llevó un “taper” con un poquito de sancocho.
Durante el paseo, mientras iba con Yoyo agarrados del brazo, justo antes de encontrar el cartel que colgué en la anterior actualización, miré a los otros que caminaban por delante de nosotros, charrando, riendo, paseando sin prisa y sin ninguna complicación, y recordé el momento de la comida, con las risas, las conversaciones cruzadas, el sonido de las cucharas en los platos, y del vino cayendo en las copas, y aunque empezaba a sentir un incipiente dolor de cabeza, volví a pensar que Snoopy tenía razón cuando decía que “la felicidad es un plato de patatas fritas”; bueno, de sancocho en este caso. Y así es, en cualquier momento uno puede sentirse feliz, basta con pararse a mirar, a contemplar la felicidad en la cara de los otros.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
Foto 1: Ene en una fiesta en febrero de 2008. Foto 2: Ana, Julio y yo en la comida del Sancocho, este domingo

lunes 10 de noviembre de 2008

La Crisis

Foto: Un cartel pegado a una farola. Terrassa, ayer
Ayer, mientras paseaba con unos amigos por una céntrica plaza de la ciudad, vi este cartel. Os lo transcribo literalmente, porque la calidad de la foto no es muy buena.
MARIDO DE ALQUILER
. Hacemos todos los trabajitos que haria un hombre en casa
. Canviar los muebles de sitio
. Fijar un cuadro a la pared
. Canviar una bombilla
. Pintar una habitación
. Cortar del césped
. Tirar la basura
. Sacar el perro a pasear Etc…
SI USTED ESTÁ HARTA O HARTO DE ESPERAR A SU PAREJA NO DUDE EN LLAMARME
Soy serio, responsable, puntual… Total disponibilidad 24h (sic)
Podríamos hacer diferentes análisis, sociológico, gramatical, desde el punto de vista de la igualdad de la mujer, o simplemente descojonarnos y empezar a pensar mal, por lo de los trabajitos que un hombre haría, pero el cartel es tan ocurrente, que habla por sí solo. He titulado la actualización de hoy La crisis, pero en realidad se tendría que llamar: Ante la crisis, creatividad, o simplemente Ole tus güevos.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

viernes 7 de noviembre de 2008

La fundación II

En la actualización anterior decía que César Manrique compró los terrenos sobre los que había localizado las cinco burbujas volcánicas y que construyó allí lo que sería su casa.
A pesar de que las burbujas ya estaban allí, y estaban interconectadas entre si, tuvo que contratar a unos dinamiteros para que hicieran unos pasadizos más accesibles entre una y otra burbuja, pulir la parte baja de las salas y allanar el suelo, el resultado fue increíble. En la foto podéis ver una de las salas, en la que incluso hay una palmera, cuya copa sale hacia la parte exterior y va a dar a lo que es el jardín de entrada de la casa, en otra de las burbujas, sigue estando la higuera que le llevó hasta allí. Como casi toda la obra de Manrique, esta casa intenta integrar el paisaje volcánico con las intervenciones que él realizó, y creo que lo consiguió.
Poco a poco la construcción fue adquiriendo renombre, no sólo entre arquitectos y personas famosas de la isla, sino también entre gente de fuera de la isla, y el número de visitas que recibía César en su casa era cada vez más numeroso, hasta tal punto que llegó a ser un agobio para él. Decidió entonces transformar su hogar en una fundación, su fundación. Volvió a construir y a decorar una nueva casa con los muebles que tenía de la anterior y allí fijó su nueva residencia, en el municipio de Haria, un lugar algo alejado, si es que existe la palabra lejos en Lanzarote. Empezó entonces a preparar la casa sobre las cinco burbujas para convertirla en un museo en el que poner su obra y la colección de obras de otros artistas amigos, que había ido atesorando durante toda su vida.
Llegó a inaugurarla y la vio en pleno funcionamiento, pero a la salida de una de sus muchas visitas a la fundación, tomo su coche, se saltó un ceda el paso y tuvo un accidente de tráfico que le sesgó la vida a la edad de 73 años. Corría por aquel entonces el año 1992.
Su vida se acabó, y con él sus muchos proyectos pendientes, el más importante de todos, convertir la isla de Lanzarote en su gran obra. Tal vez pueda parecer pretenciosa esa intención, pero es innegable que Lanzarote no sería lo que hoy es sin su integradora y no menos ecológica visión del arte.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
Foto1: Una de las burbujas volcánicas acondicionada como sala de estar. Foto 2: Yo en el jardín inferior, donde está situada la piscina. Fundación César Manrique. Lanzarote, octubre de 2008

martes 4 de noviembre de 2008

La fundación

En mi actualización del pasado día 27 decía que gracias a Manrique se habían fijado unos criterios urbanísticos en la isla de Lanzarote, que convertían a los pueblecitos que uno se iba encontrando por las carreteras en enormes y preciosos belenes.
No he leído exactamente en qué consisten esos criterios, pero uno descubre observando que el único color que está permitido es el blanco, aunque alguna que otra casa se arriesga con un tono beige, o con algún tono tierra; en las ventanas, puertas y balcones, el verde y el marrón son los colores que predominan; y no existen las tejas, son caras y poco necesarias, ya que casi no existe la arcilla y es la menos lluviosa de todas las islas; los tejados son como las paredes, blancos y de rebozado.
Esos criterios que parecen restrictivos y austeros, demuestran una eficacia y una genialidad absolutas, pero donde realmente uno tiene la sensación que Manrique era un genio, es en lo que había sido su casa, lo que ahora es la Fundación César Manrique. Allí uno descubre espacios como el de la foto, en los que parece que la casa estuviera antes que las erupciones volcánicas, porque ha integrado las lenguas de lava en el interior de la construcción, como si hubieran entrado por la ventana; porque burbujas volcánicas en el subsuelo están integradas como habitaciones más de la vivienda.
Parece curioso, pero fue un vigilante de la fundación, y no un guía, el que nos contó la historia de la casa. Más o menos esto fue lo que nos dijo:
César Manrique se encontraba por lo que entonces era un descampado de lava, haciendo fotos y al ver una higuera se acercó, porque le pareció curioso que un árbol de esas características creciera y diera frutos en medio de la nada. Descubrió que la higuera estaba metida en un agujero grande, y que lo que salía hacia el exterior era únicamente la copa del árbol. Sin pensárselo dos veces bajó descolgándose por el tronco de la higuera y descubrió una enorme burbuja volcánica a la cual se le había caído el techo y en la que había crecido este intrépido árbol. Descubrió, además, que esta burbuja no estaba sola, que estaba interconectada con otras cuatro burbujas más, a modo de cuevas con entradas de luz en el techo.
Compró esos terrenos, y sobre estas cinco burbujas construyó lo que sería su casa, lo que sería su fundación y lo que acabaría costándole la vida. Pero cómo sucedió todo eso, os lo cuento mañana.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
Foto 1: Detalle de una ventana de la Fundación César Manrique. Foto 2: Una colada de lava integrada en una pared de la casa. Lanzarote, octubre de 2008.

domingo 2 de noviembre de 2008

Balada de otoño

Foto: La terraza de casa, hace un rato
Llueve, detrás de los cristales llueve y llueve - dice Serrat en su balada de otoño. Y así está el día, así está la semana. Este otoño parece querer hacerle caso a las bellas melodías del Noi del Poble Sec. Un canto triste de melancolía - continúa, y mi ánimo también parece querer hacerle caso. Y cuanto más miro por la ventana, mientras veo a la gente pasar por la calle con sus paraguas, con el paso rápido, que parecen querer llegar pronto a sus casas, al abrigo y al calor de sus familias, más melancólico parece que me pongo. No sigo, podría ser terrible.
Hoy sólo os dejo a Serrat cantando su Balada de otoño, aunque a mí me provoca más la versión de Mina, Ballata d’autunno.
Aclaraciones:
Releyendo la actualización de ayer, me he descubierto un poco borde, un poco bastante, y sí, asumo mi yanquifobia y a todo lo que sean imposiciones de este u otro colectivo, pero reconozco que las pobres chicas no tenían culpa alguna. Les pido perdón por mi respuesta, el año que viene tendré galletas, la falda de piqué no, que me hace gordo.
También di por supuesto que era el día de difuntos, cuando en realidad era el de Todos los Santos. Hoy sí es el día de difuntos, aunque generalmente se celebran juntos por cuestiones de calendario, como me apuntaba /podi_es_podi.
Pueda parecer por la actualización de ayer y las aclaraciones de hoy que soy un amante de las tradiciones, y un defensor a ultranza de las costumbres, pero no, que no, que aunque me encanta todo lo que diferencia a un pueblo de otro, lo que le da carácter - ¿y qué son si no las tradiciones? Dice una voz a lo lejos – lo que quise decir es que me dan rabia las imposiciones. Por supuesto que me gusta Halloween, pero en los EEUU, no en mi casa. No me gustaría que en todos los sitios acabáramos celebrando el 4 de julio, pero tampoco que en todos los sitios celebráramos el 11 de septiembre (la Diada nacional catalana, no confundir con el ataque a las Torres Gemelas).
Y hoy sí, que tengáis un feliz Día de difuntos, viajeros.
Entrellat

sábado 1 de noviembre de 2008

Día de difuntos

Foto: Marie y Ele en un puesto de flores a la entrada del cementerio Père-Lachaise. Paris, mayo de 2007
- ¿Si? – Dije al coger el teléfono.
- Hola primo. Buenas noches.
- Hola Carlota. ¿Qué tal? ¿Cómo se presenta la castanyada?
- Bien. Mejor dicho, perfecto. No voy a hacer nada, me voy a quedar en casa. Estoy reventada. Muertecica, estoy.
- ¡Ay, qué exagerada eres! ¿Sabes? Me he quedado muerto hace un momento. – le dije al venirme a la cabeza la escena que había tenido lugar en la puerta de casa hacía apenas unos minutos.
- ¿Si? ¿Por qué?
- Han llamado a la puerta y voy a abrir pensando que sería algún vecino diciéndome que tengo que cambiar alguna bombilla fundida. Y cuando abro me encuentro a tres chicas de unos 15 años aproximadamente, vestidas completamente de negro, con los pelos más levantados que la duquesa de Alba en un día de viento, y con unas ojeras que ni la Belén Esteban recién levantada. Y de repente me dice una de ellas:

- ¿Truco o trato?
- ¿Cómo? – le respondo, con la voz más tonta que me ha podido salir y sin entender lo que me acababa de decir.
- ¿Truco o trato? – vuelve a repetir la chica, con muy pocos recursos, por cierto, mirando a las otras dos de reojo, como diciéndoles, “ya os vale bonitas, un poco de ayuda, que este tiparraco va a ser duro de roer”.

En ese momento me han venido a la cabeza todas y cada una de las películas americanas donde salían escenas de Halloween. Y me he imaginado a mí mismo con una falda gris de piqué preciosa, por encima de la rodilla, una camisa blanca impoluta, un pelo rubio larguísimo y sedoso, hasta el culo; y con una bandeja de gallletas recién horneadas para la ocasión en la mano, diciéndoles:

- Coged unas cuantas, chicas.

Pero en vez de eso, lo que ha salido por mi boca ha sido un sequísimo…

- Pues ni una cosa, ni otra, bonita.
- Ah! – ha dicho la chica, que por la cara de lerda que ha puesto, no se esperaba esa respuesta. Y no ha añadido nada más.
- Ala, adiós - les he dicho cerrando la puerta y dejándolas con un palmo de narices a cada una.

- Qué borde, hijo – dijo mi prima, descojonándose de risa.
- Qué quieres, bonita, me habían pillado sin una jodida galleta y con la falda de piqué todavía sin planchar.
- jajaja – volvió a reir Carlota.

Esta escena, tal cual la describo (excepto la llamada de Carlota), pasó ayer en la puerta de mi casa. Y es que los americanos, aparte de jodernos con la crisis de las hipotecas, creando esta situación mundial, que todos conocemos y sufrimos, nos van imponiendo poco a poco su forma de vida. Halloween, como tantas otras americanadas, forma ya parte de nuestras vidas, a costa de nuestras propias tradiciones.

Que tengáis un feliz Día de difuntos, viajeros.

Entrellat

jueves 30 de octubre de 2008

El frio de la bestia

“No podía verlo, pero notaba su cara seria y el frio de su cuerpo en mi mejilla, mientras él y su hermano miraban impertérritos al frente. Hacían bien su trabajo de vigilantes, por eso me abracé a uno de ellos. Intentaba, ignorante de mí, que la sabiduría y experiencia de todos estos años pasara a través de su fría y dura piel. Sabía que la bestia vivía siempre enfadada, a pesar de que la isla y aquella ciudad en particular, que se creía todavía capital, como lo había sido en tiempos de piratas, le acogían sin hacer casi preguntas.
No sabría decir si el frio de su corazón venía de la morriña que sentía por su tierra, o porque ahora no tenía ningún templo que proteger, ni él ni su hermano. La puerta del antiguo cine, donde estaban situados, y el abrazo de algún viajero despistado, no eran suficientes para calentar ese corazón, que hacía siglos había luchado contra corajosos caballeros.
El antiguo cine, a pesar de recoger en la actualidad una colección de muebles seleccionada con mucho gusto, y un montón de bagatelas que con su venta hacían que la guapísima y elegante propietaria pudiera sobrevivir, no saciaban las expectativas de tan valientes guerreros. Sin embargo sabían que podían haber acabado en peor sitio, como les había ocurrido a dos de sus hermanos, que actualmente estaban en la puerta de un restaurante chino; y por eso sus quejas no se hacían oír mucho, tan sólo en los días ventosos, cuando sus lamentos se confundían con las voces del viento, que en esta isla son muchas.”
Eme disparó la cámara. Luego seguimos caminando y disfrutando de la preciosa Teguise; incluso nos sentamos en una terraza a tomarnos una copa de Malvasía, ese vino tan curioso que los isleños, con su dominio de los elementos han conseguido robarle a la tierra y a los vientos.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
Foto 1: Yo, en un antiguo cine, que actualmente es una tienda de importación de objetos y muebles chinos. Foto 2: Fachada del antiguo cine. Teguise (Lanzarote), octubre de 2008

lunes 27 de octubre de 2008

Ave, César!

No, no estoy saludando a los Césares romanos, ni al geógrafo Claudio Ptolomeo, que hizo la primera cartografía de las Canarias, y las declaró como el “finis terrae” (el fin de la tierra). Saludo a otro César, a César Manrique, el ARTISTA, el naturalista, el ecologista y visionario lanzaroteño, o conejero, como se les llama a los habitantes de esta isla.
Manrique es sin duda el autor y responsable de que la isla sea hoy en día lo que es, a pesar de la especulación de los 70, y el boom de la construcción de los 90. Nadie puede concebir hoy en día este pequeño espacio volcánico sin la intervención de Manrique.
No negaré que zonas como la caótica Arrecife, el explotadísimo Puerto del Carmen, Costa Teguisse, o incluso la más nueva Playa Blanca, no sean demasiado agradables para la vista; pero todo eso queda superado cuando uno visita el resto de la isla: el Parque Nacional de Timanfaya, donde uno cree estar en la Luna, y la tranquilidad se corta con cuchillo; o la zona del Malpaís, y los pequeños pueblos del interior, o los pequeños pueblos marineros. Allí uno se da cuenta que, gracias a Manrique, la isla es un modelo a seguir en el desarrollo turístico que pretende respetar al medio ambiente y la identidad de cada uno de estos lugares.
Pueblos como Teguise, donde los edificios están tan bien conservados que uno no sabe dónde está; o playas como Famara, con kilómetros de arena fina, que con unas altísimas montañas a la espalda, parecen protegerle a uno de esas olas que tanto gustan a los surfistas y que nos sorprenden tanto a los mediterráneos, hacen de este espacio natural algo singular.
César Manrique, tras un periplo madrileño y neoyorquino, en el que conoce entre otros a Andy Wharhol, regresa a Lanzarote con un merecido reconocimiento por su obra, con la cabeza llena de ideas y más necesitado de su tierra que nunca. Sin ser arquitecto, pero bajo el respeto y el amor hacia la desnudez de su tierra y sus gentes, se encarga de fijar unos criterios urbanísticos que todavía están vigentes en la isla, y que han hecho que los pueblecitos parezcan belenes, situados en medio de un árido paisaje. No inventó nada, sólo se dedicó a observar lo que ya había, una arquitectura sin arquitectos, de subsistencia, pero respetuosa con su entorno y que recogía las necesidades de sus gentes.
Su idea era hacer de la isla su gran obra. No negaré tampoco que todo, absolutamente todo, parece estar preparado para el turismo, incluso parte de su obra indica a los isleños y visitantes dónde están los lugares de interés, pero para alguien que viene de fuera como yo, no deja de sorprender cómo todo está integrado, o por lo menos esa es la intención. Seguro que existen grandes detractores de Manrique, no lo sé, no los encontré, pero ante una obra de semejante importancia, siempre suele haber alguien en contra. Como siempre, el tiempo pondrá las cosas en su sitio.
Mientras tanto, si podéis, haced una visita a la isla, alquilad un coche, y perdeos por los caminos y rincones que todavía tiene vírgenes. Seguro que no os defraudará. Y por supuesto no os perdáis la Fundación César Manrique, su antigua casa, la que llegó a costarle la vida, según nos contó un vigilante. Aunque esto ya os lo explicaré en otro momento.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
Foto1 : Paisaje típico de la isla de Lanzarote. Foto 2: La playa de Famara, con la Isla Graciosa al fondo. Octubre de 2008

viernes 24 de octubre de 2008

La carrera espacial

Foto: El valle de la tranquilidad. Lanzarote, octubre de 2008
Desde que llegué de Lanzarote quería hablaros de mi visita a la Isla, pero por una cosa o por otra, ni siquiera he actualizado. Hoy creo que tampoco podrá ser, como mucho os dejo con este “paisaje lunar” del Valle de la tranquilidad en Lanzarote, llamado así porque recuerda a un paisaje de un valle homónimo en la Luna.
Decía que hoy tampoco no iba a ser porque ayer leí una noticia en la prensa que me dejó perplejo. El titular era el siguiente: “India entra en la élite espacial”.
No voy a hacer ningún comentario, solamente os voy a dar algunas cifras:
Dato: 1.147 millones de habitantes, con una mediana de edad de 25 años, hacen de India el segundo país más poblado del mundo, por detrás de China, que por cierto, también está entrando en la carrera espacial.
Dato: El cohete ha costado 78.000.000 de dólares, el equivalente a la renta per cápita de 30.000 indios.
Dato: 287.000.000 de indios viven con menos de 0,4 dólares al día, y por tanto son “oficialmente” pobres (a saber los no oficiales).
Sólo con estos tres datos, se me ocurre, para empezar una pregunta:
¿es necesario?
¿Qué pregunta se os ocurre a vosotros?
Mientras tanto, yo me voy a pasar el fin de semana a Valencia. Que paséis buenos días, viajeros.
Entrellat

viernes 10 de octubre de 2008

Sucedió en octubre

Son las cinco de la mañana. Ra surge del cuerpo de Nut, diosa del firmamento. Como cada mañana, después de haber recorrido el interior de su cuerpo, de haber transitado por el más allá, vuelve a nacer regenerado tras ver el escarabajo; en ese momento extiende sus alas cálidas sobre el aeropuerto de Abu Simbel, donde tres almas, que ya permanecen aferradas a su nueva tierra, esperan impacientes una experiencia que cambiará sus vidas.
Así describí en el álbum del viaje nuestra primera excursión en Egipto, a Abu Simbel; porque así fue, aquel viaje cambió mi manera de pensar respecto a lo que los viajes nos aportan, cambió mi percepción del mundo, cambió mi vida. Hasta entonces no había salido de Europa. Todo lo que yo conocía se parecía a lo que hoy vivimos aquí, a lo que nos han dejado los diferentes pueblos que han pasado y han poblado el viejo continente; blindado, eso sí, por el tiempo, la prosperidad, y un halo de seguridad y bienestar; aunque hoy en la situación de crisis que vivimos, todo eso es una gran nube de humo.
Dicen que de las crisis siempre se aprende algo, que uno sale regenerado, como lo hacía Ra cada amanecer. Yo tuve también mi gran crisis en este viaje. Recuerdo un momento en el que los tres solos, Eme, Ene y yo, caminábamos desde la Mezquita de Alabastro hacia el Barrio Copto. Nos habíamos salido de los circuitos turísticos y nos habíamos metido en la boca del lobo. En aquel largo paseo acabé llorando, porque no sabía lo que hacía yo allí, porque no sabía cómo todo aquello que pasaba por delante de nuestros ojos, existía realmente, y no era un documental de la dos. Pero esta historia ya la contaré en otra ocasión.
Además de ser mi destino más deseado, pues desde que tengo uso de razón siempre había querido ir a Egipto, el viaje reunía todas las cosas necesarias para ser un gran viaje, y así lo fue: el lugar que visitamos y la compañía.
Del destino qué decir, que Egipto había despertado mi atención desde que en el colegio vi una foto de las pirámides. Por supuesto que entonces no me imaginaba que acabaría estando allí, y que acabaría modificando mi manera de pensar.
De la compañía, a Eme ya lo conocéis, ya sabéis como es, y lo que significa para mí; y de Ene… decir que fue el primer viaje que hicimos juntos, un viaje lleno de olores, de sensaciones, de risas, muchas risas, y hasta llantos. La casualidad, o nuestros trabajos no nos han dejado hacer otros viajes como este, y nos hemos conformado, ni más ni menos que con ser grandes amigos, con viajar cada día en el veloz viaje de la vida; pero sé que algún otro destino importante nos espera, lo sé desde aquel día a las 5 de la mañana en el aeropuerto de Abu Simbel.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
Foto 1: Eme, Ene y yo con un grupo de abuelas madrileñas, con el que coincidíamos en todas las excursiones y visitas. Egipto, octubre de 2000. Foto 2: Ene y yo imitanto una escena repetidísima en las paredes de las tumbas en la habitación del hotel
PS: y ahora me voy a preparar mi maleta, que mañana me voy a Lanzarote con mi hombre, para celebrar nuestro primer aniversario de boda. Además, me he regalado un iphone. Si el tiempo y la cobertura 3G lo permite iré actualizando durante estos días, si no a la vuelta os cuento.

lunes 6 de octubre de 2008

Con mi bata a rayas

Foto: La clase de los Salesianos, con Sor Carmen. Terrassa, septiembre de 1970
Todos los días, antes de entrar a clase, jugábamos por el patio, las niñas con sus batas de Vichy color rosa y los niños con las batas a rayas azul marino y blancas. Había más batas rosas, porque los niños y las niñas estaban separados en colegios diferentes, aunque en el colegio destinado a las niñas también tenían cabida los niños de parvulitos, lo que ahora llamaríamos P-4 y P-5. Así pues, yo con mis cuatro años llegaba al colegio de la mano de mi hermana de seis, entraba al patio trasero y jugaba con mis compañeros, hasta que sonaba el timbre. Entonces teníamos que acudir a nuestras filas, formar, y entrar en las clases; pero cuando sonaba el timbre, antes de hacer todo eso, yo corría a buscar a mi hermana que ya se había puesto en su fila, le daba un beso y me iba hacia la mía.
Un día estaba lloviendo mucho y no nos dejaron jugar en el patio. Nos metieron en el corredor que daba acceso a todas las aulas y cuando sonó el timbre, no hubo filas, no formamos, los niños fueron entrando directamente en sus aulas. Como cada día, antes de entrar a clase busqué a mi hermana, pero no la encontré, todos los niños habían entrado en las suyas, y mi hermana también. Así que me quedé solo en el pasillo, llorando desconsolado por no haber podido darle el beso de despedida. Sor Carmen, mi profesora, mi monja, se acercó a mí, me puso las manos en la cara y me preguntó por qué lloraba. Todavía recuerdo aquel olor a jabón Heno de pravia en sus manos. Le expliqué que no había podido darle el beso a mi hermana. Me dedicó una sonrisa, me cogió de la mano y me dijo: vamos a buscarla.
Entramos en una clase y Sor Carmen preguntó si alguna de las niñas era mi hermana, y ninguna contestó. Me dijo si mi hermana estaba allí, le respondí que no, todavía con los ojos llenos de lágrimas. En la segunda clase la encontramos. Sor Carmen me hizo un gesto con la cabeza, y yo me dirigí a mi hermana. Me miró como si no entendiera lo que estaba pasando. Me acerqué y le di el beso de todos los días, y ella me dijo: “déjame, déjame”, muerta de vergüenza, pero a mí no me importó, yo ya le había dado el beso. Volví hacia la puerta, me cogí de la mano de Sor Carmen y nos dirigimos hacia nuestra clase.
Hoy, que ya hace casi un mes que los niños han vuelto a las clases, con las mismas batas de rayas de entonces, me ha venido a la memoria esta historia de cuando yo era pequeño, que pasó en los pasillos de ese colegio donde está hecha la foto, y he pensado que os la tenía que contar.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

jueves 2 de octubre de 2008

Sin recursos, no hay paraíso

Foto: Alcalde sobre fondo de persona dependiente. Terrassa, mayo de 2007
Esta mañana leía en un diario un artículo sobre la Ley de Dependencia y la falta de recursos de las administraciones para poder llevarla adelante. Esta ley es de las más avanzadas que existen, pero como la mayoría de las grandes normas, para llevarlas a cabo necesitan de una dotación económica, que en este caso por su reciente puesta en marcha, agravada por la crisis económica mundial, todavía no ha llegado.
Las administraciones que la sufren suelen dar algunas respuestas cuanto menos curiosas; como la que recibió un ciudadano en su silla de ruedas, que tan sólo por esta incapacidad ya tendría derecho a recibir una ayuda. Dicho señor recibió como respuesta de la administración a su petición un "Sí señor, tiene usted derecho a recibir esa ayuda, pero no tenemos recursos".
Es como si nos ponen una multa de tráfico por aparcar mal y le decimos al agente de tráfico: "sí señor agente, tiene usted razón, el coche está mal aparcado, pero no tengo recursos para pagarle la multa". O como si al ir a comprar un pantalón le digo a la dependienta de la tienda cuando suena la alarma por irme sin pagar: "sí señora, ya sé que cuesta 70 euros, pero no tengo recursos". De risa, ¿verdad?
No sé si decir que hace 20 años que me prostituyo en una administración pública, o que trabajo allí todo ese tiempo, lo dejo a vuestra elección. El caso es que he visto respuestas prepotentes como ésta en infinidad de ocasiones, tanto hacia nosotros los trabajadores, como hacia los usuarios. También es cierto que muchas veces las administraciones no tienen recursos para cubrir lo que por norma están obligados a hacer, pero lo que no se puede hacer es actuar con prepotencia y contra el más débil, como se suele hacer muchas veces, ya sea contra los trabajadores, o contra los usuarios indefensos.
Es lo que tienen vivir en un estado de derecho, que tienes muchos derechos, pero pocas veces se acaban cumpliendo.
Por cierto, últimamente empieza a hacer 20 años de muchas cosas en mi vida. ¿Tendré derecho a alguna cosa por eso?
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat