lunes, 6 de octubre de 2008

Con mi bata a rayas

Foto: La clase de los Salesianos, con Sor Carmen. Terrassa, septiembre de 1970
Todos los días, antes de entrar a clase, jugábamos por el patio, las niñas con sus batas de Vichy color rosa y los niños con las batas a rayas azul marino y blancas. Había más batas rosas, porque los niños y las niñas estaban separados en colegios diferentes, aunque en el colegio destinado a las niñas también tenían cabida los niños de parvulitos, lo que ahora llamaríamos P-4 y P-5. Así pues, yo con mis cuatro años llegaba al colegio de la mano de mi hermana de seis, entraba al patio trasero y jugaba con mis compañeros, hasta que sonaba el timbre. Entonces teníamos que acudir a nuestras filas, formar, y entrar en las clases; pero cuando sonaba el timbre, antes de hacer todo eso, yo corría a buscar a mi hermana que ya se había puesto en su fila, le daba un beso y me iba hacia la mía.
Un día estaba lloviendo mucho y no nos dejaron jugar en el patio. Nos metieron en el corredor que daba acceso a todas las aulas y cuando sonó el timbre, no hubo filas, no formamos, los niños fueron entrando directamente en sus aulas. Como cada día, antes de entrar a clase busqué a mi hermana, pero no la encontré, todos los niños habían entrado en las suyas, y mi hermana también. Así que me quedé solo en el pasillo, llorando desconsolado por no haber podido darle el beso de despedida. Sor Carmen, mi profesora, mi monja, se acercó a mí, me puso las manos en la cara y me preguntó por qué lloraba. Todavía recuerdo aquel olor a jabón Heno de pravia en sus manos. Le expliqué que no había podido darle el beso a mi hermana. Me dedicó una sonrisa, me cogió de la mano y me dijo: vamos a buscarla.
Entramos en una clase y Sor Carmen preguntó si alguna de las niñas era mi hermana, y ninguna contestó. Me dijo si mi hermana estaba allí, le respondí que no, todavía con los ojos llenos de lágrimas. En la segunda clase la encontramos. Sor Carmen me hizo un gesto con la cabeza, y yo me dirigí a mi hermana. Me miró como si no entendiera lo que estaba pasando. Me acerqué y le di el beso de todos los días, y ella me dijo: “déjame, déjame”, muerta de vergüenza, pero a mí no me importó, yo ya le había dado el beso. Volví hacia la puerta, me cogí de la mano de Sor Carmen y nos dirigimos hacia nuestra clase.
Hoy, que ya hace casi un mes que los niños han vuelto a las clases, con las mismas batas de rayas de entonces, me ha venido a la memoria esta historia de cuando yo era pequeño, que pasó en los pasillos de ese colegio donde está hecha la foto, y he pensado que os la tenía que contar.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

2 comentarios:

RAFAEL dijo...

Ja he escrit en el fotolog, però no puc de passar per aquí dirte, altre cop, que es fatastic.

Anónimo dijo...

Hola! por casualidad he llegado a tu fotolog! y he leido tu actualización de cuando eras peque... y el texto me ha encantado! y de la foto, me dado cuenta al verla que no está hecha en Salesianos, sino, en Las Salesianas! El colegio actualmente ha cambiado bastante, pero esa barandilla blanca y negra, delata quee cole es! jejeje

Yo también estudiado en Salesianas, y sí, las monjas eran y son muy dulces con los niños/as.

un abrazo!
PD: me seguiré pasando por tu fotolog, para seguir disfrutando de sus textos!

Elena