He visto la luz, eso fue lo que debería haber dicho al ver la iluminación navideña de la plaza Mayor de Madrid y en general las de casi toda la ciudad.
Venía de Terrassa donde la crisis había hecho elegir a las “personas que deciden” unas sosísimas estrellas que no consumen electricidad, si no que reflejan la que hay a su alrededor. Sobre el papel parecía una buena cosa, ecológica y barata para el momento de crisis en el que estamos viviendo. Pero claro, unas estrellas que deberían reflejar la luz que tienen a su alrededor no pueden funcionar si no tienen luz que reflejar; es decir, si estas estrellas no van acompañadas de alguna fuente de luz difícilmente pueden reflejar algo; vamos que no funcionan con la luz de los cigarrillos de la gente que pasa por debajo de ellas. No son tan eficaces. Lástima que los ciudadanos se dieran cuenta antes que el consistorio.
Otra cagada de esta Navidad en cuanto a adornos se refiere ha sido los arbolitos ecológicos del Ayuntamiento de Barcelona, que por el módico precio de 214.000 euros la media docena, hemos conseguido unos arbolitos que funcionan con energía solar y con el pedaleo de los ciudadanos. Que digo yo, ¿no sería más barato y más ecológico poner 6 árboles de los de toda la vida y con lo que nos sobre de dinero, replantar algunas de las zonas deforestadas?
Entre estas eco-modernidades y la fallida propuesta de la comunidad europea de prohibir el “tortell de reis”, porque podría ser peligroso al llevar juguetes en su interior, creo que estamos perdiendo el norte, habrá que volver a mirar a la estrella de Belén. Con tanta sobreprotección y tanta estupidez, seguramente que lo próximo será prohibir el “Tió de Nadal”, por hacer apología de la violencia, y si no tiempo al tiempo.
A pesar de todo, Feliz año nuevo, viajeros.
Entrellat
Foto 1: Detalle de la Iluminación navideña de la Plaza Mayor. Foto 2: Un árbol en la Plaza de España. Madrid, diciembre de 2008
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sábado, 3 de enero de 2009
He visto la luz
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martes, 3 de julio de 2007
Qué pequeño es el mundo y qué grandes las personas
Foto: Grupo de turistas japoneses de compras. Florencia.
A nadie le sorprende ver un grupo de turistas japoneses paseando por Barcelona, por París, o por cualquier gran ciudad del mundo. Afortunadamente para ellos y desgraciadamente para nosotros, por ser el país más caro del mundo, hace tiempo que pueden permitirse el lujo de recorrer nuestro planeta intentando quedarse en la retina, en los carretes de sus reflex, o en las memorias de sus digitales, todo lo que van visitando. Lo que siempre me pregunto es si todo el mundo tiene el alma inquieta e intenta guardarse en ese disco duro que es la memoria afectiva, las sensaciones que tienen, y a la gente que conocen en esos viajes.
Decía en una de mis anteriores actualizaciones que los grandes viajes no sólo son aquellos en los que se hacen miles de kilómetros, si no también aquellos en los que se recorre poca distancia, una salida de fin de semana o un simple café con los amigos, pero sobre todo lo que yo considero grandes viajes, y de los mejores, son aquellos que se hacen hacia el interior de uno mismo, ya sea acompañado de gente, o en soledad, aunque yo siempre prefiero la compañía.
Ayer tuve uno de esos grandes viajes, salí a conocer barceloneses, con algunos de los cuales ya había tenido la ocasión de contactar por aquí, por fotolog, y otros, amigos de estos, que era la primera vez que veía. Fue sólo una cerveza en una terraza de una recóndita plaza de Barcelona, pero ese momento me permitió conocer a gente que tiene inquietudes muy parecidas a las mías, que hace de su vida un viaje, y de cada viaje, por pequeño que sea, una vida. Pero sobre todo descubrí, como un inocente, que hay muchas y nuevas maneras de relacionarse. Todas estas nuevas maneras de conocer gente, en contra de lo que dicen muchos sociólogos, psicólogos, antropólogos y todos los “ólogos” que hay por el mundo, si se usan bien, creo que enriquecen a los que las usan, y para nada hacen de los usuarios gente retraída y con dificultades de socialización. Me fue muy fácil relacionarme con ellos, a pesar de que yo, en las primeras veces suelo ser un soso de cuidado. Espero que estos momentos se puedan repetir tantas veces como sea posible. Gracias a todos los que estuvieron allí, por ese momento entrañable.
Feliz día, viajeros.
Entrellat
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