martes, 30 de septiembre de 2008

Paisaje en gris oscuro, casi negro

Foto: Eme mirando al Sena. París, mayo de 2007
La ventana había dado ya tres golpes, a causa del ligero viento que atravesaba el estudio, así que por miedo a que se rompiera, me levanté para cerrarla. Había dejado de mirar a la pantalla del ordenador, guardado el archivo en que estaba trabajando, aunque sabía que si caía la electricidad, no pasaría absolutamente nada, porque llevaba más de media hora sin escribir una sola palabra, mirando a la pantalla como hipnotizado. Cuando me disponía a cerrarla miré hacia el puente. Me gustaba ver el efecto que hacían las luces sobre la piedra, sobre todo a aquella hora en que la noche aún no había caído del todo, y el azul del cielo tan sólo se había transformado en gris oscuro, y todavía faltaban unos minutos para que el negro profundo lo cubriera todo.
Allí estaba él, con su chaqueta blanca, apoyado en el muro. Parecía triste, como cansado, como si estuviera reflexionando algo importante. Empecé a imaginar cual era su historia y mi cabeza empezó a dar vueltas. Pensé que podría ser un buen personaje para mi novela, que llevaba parada tres meses, porque nada de lo que escribía llenaba mis cada vez menos exigentes expectativas.
Un amante abandonado por su novia, dos días antes de la boda – pensé. Noooo. Fácil, muy fácil. ¿Y si estuviera esperándola allí, para decirle algo, que la deja dos días antes de casarse? – seguí pensando. No, tampoco, fácil también.
Al cabo de unos segundos, mientras seguía inventando su historia, otro hombre se acercó a él, le pasó la mano por la cintura mientras le enseñaba en su cámara una foto que le había hecho. No estaba triste, tan sólo posaba para él. La miraron juntos, interesados, y luego el chico de la chaqueta blanca sonrió cariñosamente y le dio un beso en los labios, un beso apasionado y siguieron caminando. Un poco más adelante, dos chicas los estaban esperando.
Un grupo de amigos que visitan París – acabé concluyendo. Tampoco me sirve para mi novela. Pero parecían felices, a lo mejor tendría que escribir sobre cosas alegres y dejar de escribir novela negra, por un tiempo.
Cerré la ventana, volví al ordenador, abrí un archivo nuevo y empecé a escribir:
“Paisaje en gris oscuro, casi negro
La ventana había dado ya tres golpes, a causa del ligero viento que atravesaba el estudio …”
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
PS: En enero pasado hizo 20 años que Eme y yo estamos juntos, pero ayer fue un día muy especial, hizo un año que nos casamos. Como no pude actualizar porque estuvimos celebrándolo y autoregalándonos una escapada a Lanzarote, para la semana que viene, hoy le dedico esta historia, a él y a todos los que estuvieron con nosotros aquel 29 de septiembre, uno de los días más felices de nuestras vidas.

domingo, 28 de septiembre de 2008

La función

Como siempre, antes de empezar la función, me paseo por el escenario que en esos momentos está poco iluminado, casi a oscuras. Compruebo que todo esté en su sitio, que los objetos que tengo que utilizar estén donde tienen que estar, que los muebles no interrumpan el paso, porque alguien los hayan movido. Es un trabajo meticuloso, casi maniático, pero que me da seguridad. Luego repaso el texto y vocalizo, caliento la voz, y me quedo un rato mirando el espacio escénico, como si tuviera necesidad de retener todo eso dentro de la memoria, como si no lo estuviera ya.
A veces mientras realizo mi ritual viene alguno de los compañeros a hacer algo parecido, porque cada uno tiene su rito, cada uno tiene sus manías. Los hay que necesitan moverse por todo el espacio; los hay que necesitan estirarse en el suelo, para tener un contacto más directo; otros vienen a buscar una nota al piano, para seguir afinando su instrumento; otros cantan, otros bailan, y otros sencillamente se sientan callados en el lugar del público.
Ayer tuvimos la primera representación y fue muy bien, la verdad. Tuvimos un lleno hasta la bandera, aunque hay que decir que el espacio es pequeño. El resultado fue muy bueno, a la gente le gustó mucho y nosotros quedamos satisfechos porque el trabajo realizado había llegado a sus destinatarios, el público.
De momento sólo queda la representación de hoy. No hay ninguna función más concertada de este espectáculo. Sabíamos que iba a ser así, cuando decidimos volver a producir este montaje, pero aun así nos da pena, a todos y el público de ayer nos estuvo diciendo que era una pena que se quedara aquí.
Es lo que tiene el teatro, que es un arte efímero. Tal vez eso fue lo que me enamoró de este arte, lo que me atrajo tanto para hacer de ello mi carrera, mi formación.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
PS: Si te animas a venir hoy, aquí tienes toda la información que necesitas.

Foto 1: Yo, unos momentos antes de empezar la función de ayer - Foto 2: el escenario a oscuras, momentos antes de empezar. Rubí, septiembre de 2008

viernes, 26 de septiembre de 2008

Ensayo general

Ayer, en un momento previo al ensayo general.
La bestia está dando los últimos coletazos. El montaje ha llegando a su fin, mejor dicho al fin de la preparación y al principio de las representaciones. Ayer ensayo general y grabación en video; hoy descanso para que repose el “guisado”, y el sábado y el domingo las representaciones.
Me gusta ver, escuchar y sentir a mis compañeros, ver dónde han llegado, ver cómo han mejorado con los años, ver lo bien que quedan algunos en los lugares que antes ocupaban otros. También me gusta ser público dentro del espectáculo, y durante los ensayos lucho por disfrutar mientras recibo todo eso, y por dar lo mismo para que el resto disfrute también. Me dejo llevar con los nuevos paisajes que aparecen con las relecturas de cualquier texto literario, y éste, a pesar de haber pasado 10 años, sigue ilusionándome, sigue abriendo un balcón por el que pasan nuevos personajes, y al que acuden algunos ya antiguos, y me gusta saludarlos a todos, porque todos tienen algo nuevo que decir.
Me gustan los ensayos, por todo eso, y porque es el momento en que me siento más libre, en el que me puedo permitir el lujo de equivocarme, de arriesgar y probar para conseguir cosas nuevas, en el que no existe la presión del público, pero mentiría si no dijera que lo que espero con ansia son las representaciones, el momento de enseñar lo que hemos conseguido con el esfuerzo de tanto tiempo, ¿qué sentido tiene, si no?
En este caso, hemos vuelto a hacer el “guisado” de nuevo. No era plan de sacarlo del congelador después de 10 años y servirlo tal cual. Pero eso sí, la receta ha sido la misma, y está probada. Sé que funciona, lo sé, lo siento así.
Ya sólo queda que lleguen los invitados al banquete ¿Te animas?
Más información en la web del Ajuntament de Rubí.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

jueves, 18 de septiembre de 2008

El Toro Vega

Durante esta semana, y como cada año por estas fechas, se ha vuelto a desatar la polémica sobre el famoso Toro Vega de Tordesillas (Valladolid).
Para los que no lo conozcan, es una tradición relacionada con los toros, de las que todavía quedan por tierras españolas, que desata las pasiones de los tordesillanos y de otros lugareños de la zona y las iras de los proteccionistas de todo el país. A parte de los encierros diarios, en los que se pasea al toro y a toda la cuadrilla por la ciudad, para deleite de la concurrencia, la tradición consiste en dejar al animal suelto por el recorrido por donde se hacen los encierros diarios, y luego "conducirlo" hasta la vega del rio, de ahí su nombre. Una vez allí, empieza la fiesta. El animal tiene la "libertad" de poder ir a su aire por donde quiera, pero a partir de una marca en la salida del pueblo, los lanceros pueden luchar contra el animal, uno por uno, hasta conseguir matarlo y obtienen así un trofeo y el reconocimiento y orgullo de pasearse por el pueblo montado a caballo con el rabo del animal pinchado en su lanza. El toro, en este caso, acaba en los platos de los más exquisitos restaurantes.
Sin embargo, puede ser que después de mucho caminar por las campiñas vallisoletanas, nadie consiga matar al animal. En ese caso, gana el toro, y su premio es ser llevado al matadero municipal y acabar en los platos de los más exquisitos restaurantes. Un premio justo donde los haya.
Dicho esto, podría parecer que estoy en contra del Toro Vega. Pues sí, es cierto, lo estoy, de esta y de cualquier tradición en la que se maltrate animales para el divertimento de la concurrencia. Sin embargo tengo muy buenos amigos en Tordesillas, especialmente dos chicas que son defensoras de la tradición, y me gustaría dejar también su opinión al respecto. Creo que es justo.
Según ellas, la lucha entre el toro y el lancero es de igual a igual, sólo lucha uno contra uno. Otros amantes de la fiesta de los toros, dicen que estos animales son criados única y exclusivamente para las corridas de toros y para fiestas como ésta, por tanto si no existieran las fiestas, seguramente estos animales se habrían extinguido.
Haciendo de abogado del diablo, diría que nos creemos más civilizados porque condenamos este tipo de fiestas, pero seguimos criando en granjas vacas, cerdos, pollos, conejos, patos, etc. y luego nos los comemos. Y lo peor es que criminalizamos a los chinos porque hagan lo mismo en sus granjas con los perros. ¿Qué diferencia hay entre comerse un perro o un pollo? ¿Dónde está el límite, en la costumbre, en la tradición?
Y vosotros, ¿qué opináis? La polémica está servida.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
Foto 1: Lanceros esperando al Toro Vega. Foto 2: el toro corriendo por los campos. Foto 3: los lanceros persiguiendo al toro. Tordesillas, septiembre de 2006

lunes, 15 de septiembre de 2008

Retratos turcos: Ismail y sus gatos

Hacía unos seis meses que el propietario del puesto de libros le había despedido, porque había recibido quejas de los compañeros de los puestos de al lado, conforme Ismail alimentaba a los gatos que había a la entrada del patio del Gran Bazar, donde están situadas las librerías. A pesar de que Ismail era una buena persona, las quejas de los compañeros venían dadas porque habían visto crecer el número de animales progresivamente desde hacía un par de años; y hasta algunos, los más cercanos a la puerta, habían encontrado algunas pulgas dentro de su puesto. Después de avisarlo un par de veces, no dudaron en denunciarlo al dueño de la librería, que debido a la confianza que tenía a Ismail, pasaba tan sólo una vez por semana por el puesto del Gran Bazar, los viernes a la hora de cerrar, para cobrar los ingresos de toda la semana. Aún así, y tras un par de avisos, no dudó en despedirlo cuando las quejas se volvieron a repetir.
Ismail, como todos días llegaba a la hora de abrir las paradas, pero ahora ya no traspasaba la puerta del patio, se dedicaba a limpiar la caseta de los gatos, a cambiar el agua de los cuencos donde bebían, y a dejarles algo de comida, la que había conseguido reunir de los bares de los alrededores. Cada día, después de comer, los gatos se le acercaban refregándose en su pantalón y maullándole suavemente, y le regalaban su gratitud y alguna que otra pulga.
Algunos de sus antiguos compañeros pasaban de largo al ver a Ismail adecentar la caseta de los gatos, que él mismo había construido, aun así Ismail los saludaba, día tras día, sin saber por qué ellos bajaban la cabeza y entraban al patio sin decirle nada, como si estuvieran enfadados con él, o como si hubieran hecho algo malo.
Ismail había pensado en llevarse los gatos de allí a otro rincón donde molestaran menos, pero sabía que si se los llevaba, los roedores volverían, igual que habían llegado hacía bastantes años, antes de que él trajera una pareja de gatos, para solucionar el problema. También sabía que si volvían, acabarían con algunos de los mejores tomos de sus amigos libreros, de los más antiguos, los preferidos por los ácaros, pero también por los ratones, y por eso había desistido de su idea.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
Foto 1: Un alimentador a la entrada del patio de las librerías. Foto 2: gatos descansando fuera de la caseta. Estambul, agosto de 2008
(Si quieres verlas a tamaño natural, haz doble clic sobre la foto)

sábado, 13 de septiembre de 2008

Reestreno preferente

A estas horas, dentro de dos semanas estaré en el teatro, ataviado con una camisa blanca, un pantalón de lino, un pañuelo al cuello y unas zapatillas de esparto, intentando volver a tener, diez años después el aire de un señorito andaluz.
Como siempre antes de empezar, estaré con los nervios a reventar, y arrepintiéndome de haber dicho que sí a la idea de reponer el montaje sobre textos y canciones de Federico García Lorca, que nosotros llamamos “Balcón Abierto”. Lo sé, será así, porque siempre es así, hasta me cambia el humor, una hora antes no dejo de hablar, de reír; media hora antes, me siento, me callo, piso el escenario para saber que todo está en su sitio, donde debe estar, me voy a los vestuarios, me siento, vuelvo al cabo de 5 minutos para volver a comprobarlo, e intento hacer ver a los demás que no estoy nervioso. Llevo más de 20 años pisando los escenarios, y todavía no he podido eliminar esa sensación. Aunque una vez una actriz me dijo que el día que no tuviera nervios al salir sería porque ya no me importara lo que estuviera haciendo. Lo bueno de todo esto es que casi siempre al cabo de unos segundos se pasa la sensación de nervios y empiezas a disfrutar de esa maravillosa sensación que es regalar lo mejor de ti, a un público que ha venido a ver tu trabajo.
Sea como sea, tal vez estas dos semanas esté un poco ocupado y no pueda actualizar mucho, así que por si acaso, y como alguien me dijo que avisara, pues aquí va la información. Por supuesto estáis invitados a venir.
Obra:
Balcón Abierto de Federico García Lorca.
Representaciones:
Sábado 27/09/2008, a las 22h
Domingo, 28/09/2008, a las 18:30h
Lugar:
Teatre Municipal La Sala - C. Cervantes, 126 - Rubí (Barcelona)
Más información:
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
Fotos: Momentos de la representación de Balcón Abierto. Rubí, 1998

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Por la bajada de la torre

Ningún cartel llamativo dejaba claro que aquel edificio era un restaurante; tan sólo una pequeña nota en un papel colgado en la puerta indicaba que podías comer o tomar una copa en aquel sitio. Como es normal lo pasamos de largo y seguimos nuestro camino por una de las empinadas cuestas que bajan de la Torre Gálata hasta el mar. Andábamos buscando aquel edificio, ya que por la curiosa utilidad que había tenido en la antigüedad, había llamado la atención de Jota, durante la preparación del viaje, antes de llegar a Estambul, y llevaba anotada la dirección en su libreta; así que cuando lo pasamos de largo, volvimos a subir unos metros, y allí estaba aquella antigua prisión inglesa, transformada en un curioso restaurante, que sin quererlo se convirtió en uno de los momentos más entrañables del viaje.
El edificio tenía un aire inglés, pero si no hubiera sido por las indicaciones de la guía de Jota, no lo hubiéramos encontrado, porque nada parecía recordar que aquello había sido una antigua prisión hacía un par de siglos. Estaba decorado de una manera sencilla, con un aire retro, pero muy agradable. Una pareja de georgianos, habían rehabilitado aquel espacio, además de algún otro edificio más de la zona.
El local estaba completamente vacío, lo que de entrada no es una buena garantía para un restaurante. La propietaria nos acompañó al piso superior donde estaban las mesas mejor montadas, pero nosotros decidimos salir a la terraza, la iluminación parecía más agradable y la suave temperatura de la noche lo permitía. Por supuesto nos dejó sentarnos donde quisimos, y se fue. Al cabo de unos segundos vino el marido. Mientras tomaba nota de las bebidas, nos preguntó de dónde éramos. Al decirle que de Barcelona, sacó su enorme catálogo de elogios hacia Gaudí y su obra, y fue en aquel momento cuando nos enteramos que era arquitecto, y que con la ayuda de su señora habían rehabilitado y reconvertido aquel curioso lugar en lo que ahora era. Se esforzaba en hablar algunas palabras en castellano, aliñadas con algo de italiano, sobre un lecho importante de inglés. Qué fácil de digerir una conversación así, sobre todo para los que como yo no dominamos la “cocina inglesa”.
Luego vino la señora a tomar nota de los platos. Le dejamos escoger los primeros a ella, y nos regaló las papilas con unos variados y riquísimos entrantes. Para los segundos también pedimos consejo, ya que aunque la carta estuviera en inglés y alguno de nosotros lo hablaba, era difícil saber realmente de qué se trataban aquellos platos de cocina georgiana con influencias turcas.
Podría decir que acabamos la velada con unos buenísimos postres caseros, pero no, la guinda la puso la señora. Después de servirnos se sentó al piano, e interpretó para nosotros un pequeño concierto de canciones populares rusas. Marie y Jota aprovecharon para bailar y sus abrazos se mezclaban con la música y la voz de la pianista georgiana. Era precioso verlos en aquel encantador sitio, disfrutando de aquella manera.
Aquella noche Georgia volvería a ser protagonista otra vez, pues cuando llegamos al hotel nos enteramos que Rusia había ocupado con sus tropas parte de la ex república soviética.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
Foto 1: Eme en un momento de la cena. Foto 2: Marie y Jota bailando en el restaurante. Estambul, agosto de 2008

sábado, 6 de septiembre de 2008

Vocación europea

Cuando llegué al aeropuerto de Estambul, me sorprendieron las matrículas de los coches. Tienen la franja azul como las de los miembros de la Comunidad Europea. Llevan las letras TR, y un espacio ya reservado para poner el círculo de estrellas, cuando ingresen de pleno derecho en este curioso proyecto que es “Europa”.
Nada más llegar al hotel, puse instintivamente la televisión. Casi siempre lo hago, porque la televisión dice mucho de un país, no siempre de cómo es, pero sí de la imagen que se quiere dar al mundo. Cuando miras la televisión te das cuenta que las series, los concursos, todo, está vestido de ese aire “europeo”. Nadie diría que la mayor parte de la población es islámica. La normativa también declara al país como laico, y hace 80 años aproximadamente cambiaron el alfabeto árabe, por nuestro alfabeto latino. Turquía parece tener vocación europea.
La realidad, sin embargo, es otra. Todos sabemos que hace unos años llegó al gobierno un partido pro islámico, y que para que esto haya pasado, ha habido un resurgimiento de los valores islámicos en general. Léase como ejemplo la vuelta masiva del uso del pañuelo en las mujeres.
Toda esta renacida filosofía pone en riesgo la integración de Turquía a la Comunidad Europea, porque en una comunidad en la que se defiende a capa y espada el laicismo, a excepción de algunos casos como los ultracristianos de Polonia, no tiene cabida la religiosidad institucional. Se plantea entonces la pregunta de si es el pueblo quien tiene vocación europea, o si era el estado.
El otro día leía una actualización de Ruty, una espléndida mujer israelí, y gran fotógrafa, en la que muy sabiamente defendía el modo de vida de los beduinos de su país, incluido el uso del velo en las mujeres, o temas tan delicados como la bigamia. Mi comentario fue otra pregunta, que es la que me suelo hacer a menudo en cosas que no entiendo, y que me suele dar la respuesta para "aceptar" como razonable o no, una actitud vital: ¿son libres para elegir hacerlo o no? En el caso del velo de las mujeres creo que no son libres, que la "presión social" es tan grande que se sienten mejor llevándolo; pero eso no es libertad de escoger. En esos casos se suelen dar situaciones tan curiosas como el uso de pelucas, porque enseñar el pelo de una peluca sí está permitido, ya que no es su pelo. Aquí a eso le llamaríamos: “hecha la ley, hecha la trampa”.
Respecto de la bigamia, la pregunta sería si es "razonable" que las mujeres no puedan tener más de un marido también.
Tal y como le dije a Ruty, no seré yo quien juzgue una manera de vivir, porque no hay nadie que tenga la verdad absoluta en estos casos, pero para mí lo más importante es la libertad, la capacidad de escoger, y creo que en estos casos la mujer no es libre de hacerlo.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
Foto 1: matrícula de un taxi. Foto 2: una pareja de islámicos en Bursa. Turquía, agosto de 2008

viernes, 29 de agosto de 2008

Retratos turcos: Faruk y su pequeño negocio

Foto: Vendedor de té en el Gran Bazar. Estambul, agosto de 2008
Aquel olor a vainilla caliente cubrió mis sentidos y le dio al momento un aire como de cuento, como si la miseria de la situación se hubiera endulzado. Mis narices se habían inflado con aquel olor, y no en sentido figurado. Los agujeros de mi apéndice habían doblado su tamaño al reconocer aquella fragancia, que me transportaba a mi más tierna infancia, cuando mi madre, en algunas tardes de invierno llenaba la casa de ese aroma, mientras preparaba unos riquísimos flanecillos de sobre.
Como el mejor reclamo publicitario, aquel olor salía de un horno de pan en el que estaban preparando dulces. Un par de puertas más allá, estaba Faruk, sentado en un escalón, sobre una bolsa de plástico, para evitar mancharse y romperse aun más, su ya raido pantalón de algodón egipcio. A su lado tenía una báscula de baño; aunque para él no era tan sólo una báscula, era su manera de ganarse la vida, su pequeño negocio. Husnu, su hermano, que había conseguido de su vecino, un antiguo juego de té y el permiso para venderlo en el Gran Bazar, le había traspasado su anterior negocio hacía apenas unas semanas.
Faruk comía frutos secos, sentado cerca del Gran Bazar, tal y como le había dicho su hermano, esperando a que alguien quisiera comprobar su peso, y recibir así algunos kurus a cambio. El primer día había conseguido tan solo 2 liras, y llegó a casa muy decepcionado; pero poco a poco empezó a hablar con la gente que pasaba por delante de su escalón, y con los comerciantes de las paradas de la zona. La cantidad de horas que dedicaba y la confianza que había ido manteniendo con ellos, hicieron que su negocio empezara a funcionar. En apenas un mes ya estaba consiguiendo 10 liras diarias, suficiente para poder comer y pagarle a su hermano lo que le debía por el traspaso.
Faruk tenía miedo de que llegara el invierno, porque sabía que los turistas dejarían de venir masivamente. Si había menos turistas, los comerciantes de imitaciones estarían menos horas, y si encima llovía, ya nadie se pararía a pesarse en su báscula. Se metió otro puñado de piñones en la boca y pensó que todavía faltaba más de un mes, para que llegara el invierno, y que no valía la pena preocuparse a tan largo plazo.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

martes, 26 de agosto de 2008

Turquía, para empezar

Foto: Collage de fotos de Turquía. Agosto de 2008. De izquierda a derecha y de arriba abajo: bañistas en Pamukkale, yo en Éfeso, el Bósforo, chimeneas en la Capadocia, Marie y su pareja, un vendedor de helados, casas trogloditas en la capadocia, una matrícula turca y Eme (mi hombre) en Pamukkale.
Cuando decido escribir sobre algún lugar que he visitado, lo hago para dejar “mi” opinión sobre lo que he visto, pero sobre todo para mostrar a los demás la impresión que lo que he visto ha dejado en mí. No se trata de ningún juicio, es sólo una opinión, completamente subjetiva, basada en mi experiencia, que seguramente, de haber ocurrido en otro momento, sería otra completamente distinta.
Para empezar Turquía, enumeraré las cosas más destacables de mi viaje. El orden no es necesariamente el de preferencia, es simplemente una relación de datos.
Lugares con los que me quedo:
Éfeso, Pamukkale, Estambul y la Capadocia.
Lo fascinante del viaje:
la compañía: Marie y Eme, que son siempre una baza segura, y en este viaje el “descubrimento” del novio de Marie, un dechado de sabiduría y de curiosidades, aparte de divertido; lo salvaje de algunos paisajes; lo espectacular de algunos otros; Estambul, que merece por si solo un viaje aparte; la variedad de etnias y la curiosa manera que tienen algunos de ganarse la vida.
Lo decepcionante:
la cantidad de km realizados; lo mal organizado que estaba el viaje; la falta de puntualidad; algunos guías incompetentes; el mal estado de conservación de Santa Sofía.
Momentos a destacar:
la cena en un restaurante situado en una antigua prisión inglesa, cercano a la torre Gálata; los paseos vespertinos por Estambul; la recogida de pasajeros de un autocar averiado y el buen rollito que se creó dentro de nuestro autocar.
De momento os dejo con estas fotos y estos apuntes, a modo de índice, que iré desarrollando en actualizaciones posteriores.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

domingo, 24 de agosto de 2008

Cosas del idioma

Foto: Un escaparate del Gran Bazar. Turquía, agosto de 2008
Decía Sergi Belbel, un escritor y director de escena de aquí, que su lengua materna era el castellano, su lengua de trabajo el catalán y su lengua para amar el francés. La verdad es que aunque me pareció curioso y entrañable a la vez, cuando lo leí, no pude menos que hacer alguna broma con lo del francés. Me imaginé a Sergi mamando, uy perdón, quería decir amando. Me lo puso a huevo, y yo, como los franceses, no desaprovecho una ocasión para hacer un juego de palabras, aunque sea así de fácil.

El otro día me preguntaba un chaval de Madrid que si soy bilingüe porque hablo catalán y castellano por igual, que en qué pensaba yo. Podría haberle contestado como el chiste: "pienso en follar, como todos los hombres", y hacer así otro chiste fácil, pero no lo hice. Me contuve y le dije que no tenía ni idea, que a veces en castellano y a veces en catalán, dependiendo del interlocutor con el que hablara, y que cuando estoy solo no tengo ni idea en qué pienso, depende del tema en el que piense. Él me respondió, si bueno, pero ¿en qué sueñas? Y yo le dije... "Bueno, en los sueños en los que recuerdo haber dicho alguna cosa, en los que he tenido frases que luego he recordado, han habido de los dos". También le dije que en un sueño que tuve hablaba perfectamente en inglés, y mantenía una conversación fluidísima con un extranjero, a pesar de que no tengo ni idea de ese idioma, y para colmo eso no me hace trilingüe.

Ahora mientras escribo esto estoy pensando en castellano, pero hace unos minutos después de salir del baño, he apuntado en la libretilla que hay en la nevera que tengo que comprar “paper higiènic” y no papel higiénico.

Como siempre, me da rabia clasificarme en algún bando, porque parece que renuncio al otro. Si digo que soy castellanoparlante es como si renunciara al catalán, o al revés, y si digo que soy bilingüe es como si las utilizara las dos al 50%, y seguramente no sea cierto, porque nunca es al 50%, depende de infinidad de cosas y de situaciones.

Así que si me preguntan si soy castellanoparlante, catalanoparlante o bilingüe, me quedaría con lo tercero, pero porque yo me siento así, no porque tenga hecha una estadística sobre mi uso de las dos lenguas.

Lo del francés, lo dejaremos para momentos más íntimos, como hacía Aznar con el catalán.

Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

PS: Vale, en la próxima prometo hablar de Turquía. Lo prometo, sí, aunque las tres últimas fotos son de allí.

viernes, 22 de agosto de 2008

El equipaje

Foto: Mis compañeros del viaje a Turquía con sus equipajes. Agosto de 2008

Mi prima Carlota, que es una persona muy sabia y muy “corría”, como diría una amiga mía, dice que cuanto más equipaje lleve uno, más cuesta empezar el viaje. Y yo estoy de acuerdo con ella, cada vez intento llevar maletas más pequeñas a mis viajes, y pongo menos cosas dentro, y aun así siempre vuelvo con ropa que no me he puesto, por mucho que intente ajustar el equipaje.
Por supuesto que se agradece una ducha y cambiarse de “modelito” para ir a cenar cuando uno vuelve por la tarde al hotel, cansado de patear por una ciudad, o harto de un día de autobús, pero no hace falta llevar dos “conjuntitos” para cada día. Lo que se use para la cena de ese día, se puede utilizar para el día siguiente, y seguramente un tejano, o un pantalón de algodón oscuro se puede reaprovechar más de una vez, sin llegar a ser marrano.
Donde pude comprobar que el volumen de equipaje es inversamente proporcional a la calidad del viaje, fue en el Camino de Santiago. Imaginaos llevando la maleta que habéis llevado estas vacaciones, o en vuestro último viaje, colgada a la espalda durante todo el día; bueno, menos para dormir, con todos los zapatos, pantalones, camisas, camisetas, neceser (existe la palabra así, tal cual, si alguien no se lo cree que mire el diccionario de la RAE), cargadores del móvil, cargador de la batería de la cámara de fotos, trípode, etc.
Como hice el Camino en tres partes, y encima pregunté a gente que ya lo había hecho, aprendí enseguida a llevar las menos cosas posibles: una muda de ropa puesta y otra en la mochila, que iba lavando cada día al llegar al destino; una linterna pequeña, unas chanclas para la ducha, que utilizaba también para descansar por la tarde, un pequeño botiquín, un neceser con botes pequeños, una toalla y poca cosa más. Tenía clarísimo que cualquier cosa por poco que pesara iba a descansar sobre mis hombros. En la segunda parte cambié el casi medio quilo de la toalla, por una especie de spontex, esa especie de bayeta que utilizan los deportistas y que apenas pesa 50 gramos, había que optimizar recursos.
En este viaje a Turquía, he intentado también hacer lo mismo; no llevarme la spontex, claro, pero si reducir al máximo el equipaje. Era el que llevaba la maleta más pequeña de los cuatro, y aun así creo que podría perfeccionarlo.
Cosa aparte es lo de los regalos o los recuerdos, que también aumentan el peso de las maletas a la vuelta, y lo peor es que llenan las casas de los amigos y familiares de objetos inútiles. Yo siempre he preferido traer algo que se coma o que se gaste, una comida típica, unos dulces, un licor. Así si no les gusta, por lo menos lo pueden tirar sin remordimientos.
Tengo muy claro que cuantas menos cosas lleves en la maleta, menos te cuesta salir, menos te cuesta emprender el vuelo, de lo que no estoy tan seguro, es si mi prima Carlota se refería a ese tipo de equipaje y a ese tipo de viaje. Seguramente no.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat

lunes, 11 de agosto de 2008

Parada técnica

Foto: Yo en Pamukale. Turquía, agosto de 2008
Pues eso, que acabo de llegar esta tarde a casa. He desecho las maletas y las he vuelto a hacer para marcharme mañana a Alicante a visitar a la familia y a amigos. No tengo mucho tiempo para escribir nada. A la vuelta os cuento cómo ha ido todo, el viaje a Turquía, y a Alicante.
De momento os dejo con una refrescante imagen en Pamukale que harán más llevaderos los calores de este verano.
Que tengáis unas buenas vacaciones, viajeros.
Entrellat

domingo, 3 de agosto de 2008

Pateando el mundo

Foto: Detalle del pie de César Augusto. Tarragona, enero de 2008
Me imagino que César Augusto no anduvo mucho para llegar a Hispania. Seguramente vendría a caballo, en una silla con cuatro porteadores, o tal vez en barco. Aunque de hecho, para tomar esa foto, yo tampoco es que anduviera mucho, coche y después, eso sí, un recorrido a pié por la ciudad que un día fue capital de la Hispania, Tarragona.
Pues a eso me voy yo mañana, no a patear Tarragona, que ya lo he hecho, pero sí a patear Turquía, unos días por la Capadocia y otros en la gran Constantinopla, la actual Estambul.
Espero que a la vuelta tenga algunas fotos para enseñaros y alguna historia que contar. Seguro que si, las historias están ahí, sólo hace falta abrir los ojos.
Que tengáis unas buenas vacaciones, viajeros.
Entrellat

viernes, 1 de agosto de 2008

Delfines en mi velero: Abber III

Foto: Abber, las tres murcianas y el guía de la plantación. Cuba, julio de 2001
(Viene de la actualización del 29-07-2008)
Apenas había anochecido cuando llegamos al bar de copas. Era una especie de entrante en la roca, bastante grande; como una cueva. Estaba cercano al mural de la prehistoria, una pintura tan grande, como horrible, pintada directamente sobre la roca. Tenía una pista de baile a dos alturas, aprovechando el desnivel natural de la cueva, esta distribución dejaba claro que allí se hacían actuaciones de vez en cuando; también había una barra de bar y unas 10 o 12 mesas. Estaba regentado por un camarero que, si no hubiera portado tan bien con nosotros, era para pegarle, por lo “listillo” que demostró ser. Nos propuso un juego, que consistía en que él nos decía un país del mundo y nosotros teníamos que adivinar la capital; y luego al revés, nosotros decíamos el país y él decía la capital. A los que ganaran les regalaba el primer mojito que nos había servido. Lo que empezó siendo divertido, acabó por repatearnos el estómago, por lo mucho que sabía el camarero y lo poco que sabíamos nosotros. A ver, ¿quién de vosotros sabía que la capital de Burkina Faso es Uagadugú? Si yo ni siquiera sabía que existía un país con ese nombre. Bueno, seguro que muchos sí lo sabíais, pero como digo nuestra ignorancia era tan grande como nuestra sed de mojitos.
Cuando llegamos, tan solo había una pareja en el recinto, pero enseguida se marchó y nos quedamos solos con el camarero. Después de un par de copas, ya no teníamos ganas de jugar al famoso juego capitales-del-mundo-a-cambio-de- mojitos; preferíamos jugar a tú-nos-traes-los-mojitos-nosotros-los-pagamos-y-no- nos-comas-el-tarro-chato. Por cierto, nadie ganó ni un solo mojito.
Ninguno de nosotros había fumado en todo el día. Es más, yo pensaba que nadie fumaba, cuando en un momento, una de las tres murcianas sacó un paquete de Fortuna con los cigarrillos arrugados, y nos tiramos al paquete como un grupo de jubilados se hubiera tirado a una caja de viagra. Acabamos con los cigarrillos en un santiamén y nos reímos porque todos habíamos manifestado en un momento u otro que no fumábamos.
Abber abrió la veda, y salió a la pista de baile, demostrando que no es necesario ser negro para tener buen ritmo en el cuerpo. Al final salimos todos, y acabamos bailando música cubana. Nos enseñó un movimiento de hombros que llamaban “tembleque” y que nos hacía parecer entre posesos y epilépticos, pero la dosis de mojitos en sangre ya había superado el nivel justo para que la vergüenza abandonara nuestras mentes, y dejara paso a las risas incontroladas.
Al final de la noche, Abber insistió en que quería poner dinero en el bote para pagar los mojitos y la gasolina que necesitábamos para volver. Él decía que era uno de nosotros, que se lo había pasado tan bien como lo hacía con sus amigos. Nos costó convencerlo de que era nuestro invitado y que nos correspondía a nosotros correr con el gasto de los mojitos y de la gasolina.
Regresamos a Pinar del Rio, y al despedirnos nos “discutimos” entre nosotros sobre si era procedente darle una pequeña propina por los servicios, ya que hacer eso era quitarle el título de “amigo” que él había manifestado conseguir con nosotros. Al final, una de las chicas, con la que había tenido un pequeño tonteo, fue la encargada de darle una pequeña ayuda para su “certificado médico”. Abber insistió en regalarnos a cambio su casete de Carlos Manuel y su clan, una de sus más preciadas joyas.
Lo dejamos en el porche de su casa y mientras nos íbamos el chaval miraba el coche, diciéndonos adiós con la mano, con una sonrisa llena de tristeza. Seguimos nuestro camino, en silencio al principio y comentando la jugada después.
Delfines que se acercaron a nuestro velero hubieron algunos durante el viaje a Cuba, pero que cantaran con voz de sirena como lo hizo Abber, ninguno.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat

jueves, 31 de julio de 2008

Un mundo feliz

Foto: Tumba en un cementerio de Berlín. Octubre de 2005
Mi prima Carlota, que es muy observadora, decía que si un extraterrestre mirara cualquier álbum de fotos nuestro, diría que nuestras vidas son plenamente felices, porque en casi todas las fotos salimos sonriendo, o en algún momento feliz de nuestra vida. Es cierto, nadie hace fotos de momentos tristes de su vida. A nadie se le ocurre sacar una cámara de fotos en un entierro mientras habla uno de los familiares del difunto, a no ser que seas un famoso y el que saque la cámara sea un paparazzi; a nadie se le ocurre sacar la cámara en un hospital, cuando vamos a visitar a un amigo que ha tenido un accidente de coche, o cuando se está muriendo de cáncer.
¿Por qué se considera de mal gusto retratar el dolor, y no así la alegría?
No me considero una persona morbosa, no considero que tenga un interés malsano por cosas desagradables, pero sí me interesan todos los aspectos de la vida, como creo haber dicho alguna vez, incluida la muerte, y por eso suelo visitar algunas veces cementerios cuando viajo, y me suelo fijar en cómo organizan en cada sitio el casi ignorado tema de la muerte.
Hace unos años, cuando visité Berlín, me llamó la atención un cementerio judío cristiano, y no porque estuvieran mezcladas las tumbas, aquí también lo están, si no porque había algunas tumbas que eran un dechado de dedicación. Algunas eran como pequeños jardines llenos de detalles, y en las cuales se podía intuir un enorme amor por las personas que lo habían hecho. En la foto podéis ver un ejemplo.
Esta mañana he ido al entierro de la hermana de uno de mis mejores amigos. A la difunta la conocía desde hace muchos años, antes de que se casara, antes de que tuviera a sus dos hijos, y por supuesto antes de que esta terrible enfermedad se la llevara. Hoy, saltándome el orden que hubiera tocado, no acabaré mi historia de Abber, porque quiero dedicarle mi actualización a ella, a mi amigo, a su familia y a todos aquellos que sufren la pérdida injusta y a destiempo de un ser querido.
Si la vida os lo permite, que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat

martes, 29 de julio de 2008

Delfines en mi velero: Abber II

Foto: Transporte de trabajadores, camino de la plantación. Cuba, julio de 2001
(Viene de la actualización anterior)
Abber dejó la bicicleta en el porche, entró en su casa y al cabo de unos minutos salió con una cinta para casete, y se subió al maletero del coche, al cofre como decía él. Pusimos la cinta en el reproductor y empezó a sonar la música de Carlos Manuel y su clan, que nos acompañaría durante todo el viaje.
Durante el trayecto, algo más largo de lo que había dicho al principio, Abber iba cantando las canciones del casete. Las volvíamos a poner una y otra vez, porque al chaval le gustaban mucho, y porque no teníamos ninguna más, todo hay que decirlo. Al final todos acabamos cantando casi a la perfección “Agua fría”.
-¿Y cómo decías que te llamabas? - le pregunté
-Abber
-¿Es un nombre cubano? ¿Es bastante corriente? – insistí curioso por saber algo más sobre el chaval.
-Noooo, Abber, de Abberto – dijo con su mejor acento cubano.
¡Alber, de Alberto! Me quería morir de la vergüenza, por haber sido tan tonto y no caer en semejante obviedad. Luego durante el resto del viaje, cuando ya no estaba con nosotros, seguimos haciendo broma sobre mi metedura de pata.
A pesar de eso, Abber tenía una facilidad muy grande para imitar los acentos, y mientras nosotros intentábamos imitar a unos pijos mexicanos de Veracruz que compartían hotel con nosotros, él empezó a imitar también el acento mexicano, e incluso a imitarnos a nosotros mismos. Nunca había pensado que yo tenía acento alguno; pensaba que tenía acento neutro, que era difícil saber de donde era cuando hablaba en castellano, pero no. Al final acabamos reventándonos de risa y hablando todos en “mexicano”.
Hablaba muy bien francés, y siempre que venía algún turista de ese país a la ciudad, nos comentó que solía hacer de guía improvisado. Su acento era bastante bueno. Explicaba cosas de París con la misma ilusión con que imagino Marco Polo debía explicar sus viajes a la China, sólo que él nunca había estado allí. Nos explicó que su gran ilusión era viajar a París, y esperaba visitar Europa cuando pudiera salir del país.
Nos había informado que por la visita a la plantación, con la entrada incluida, nos cobraría una cantidad que no recuerdo, pero que nos pareció irrisoria, y en esa entrada ya estaba incluida su comisión.
Tenía pendiente de hacer algo parecido al servicio militar, y con toda la naturalidad del mundo, nos explicó que estaba ahorrando con lo que conseguía como guía, para “comprar” un certificado médico que le permitiera quedar exento por incapacidad. Esa es una de las “ventajas” del “sociolismo”, que todo se puede comprar. Aquí creo que también, sólo que el precio es un poco más caro.
En la visita a la plantación nos llevaron a los invernaderos, a los secaderos, y a los liaderos, donde nos hicieron una demostración de cómo liaban el tabaco. Nos preguntaron si alguno de nosotros fumaba, y claro yo, que hacía poco que había dejado de fumar cigarrillos, dije que sí, pero que lo estaba dejando. Parece ser que la pregunta era si alguien fumaba puros, pero yo con mi ignorancia y por no ser descortés, no quise desmentirlo. Ya me había pasado alguna vez con otras cosas. Una vez me preguntaron si fumaba, y yo dije también que sí, por su puesto refiriéndome a cigarrillos otra vez, pero no me había dado cuenta que la otra persona me alargaba con la mano un porrete, a la vez que hacía la pregunta, así que después de haber dicho que sí, me vi incapaz de negarlo, y ya me tienes fumando costo por primera vez, como el que no quiere la cosa. ¡Santa inocencia!
En este caso, mi mentirijilla tuvo premio, pues me llevaron a la casa del señor Robaina y a parte de hablar un rato con él, me regalaron un par de puritos. El abuelo Robaina, que parecía tener más de 80 años, a pesar de su avanzada edad, seguía dirigiendo para el régimen castrista lo que antes habían sido sus plantaciones de tabaco y las de sus antepasados. Lo que a otros cubanos el régimen hubiera expropiado sin ningún tipo de miramiento, al señor Robaina, se le permitía seguir “dirigiendo” para el régimen; obteniendo así algunos beneficios extras, como las entradas que cobraban por las visitas y la venta de cigarrillos bajo manga a los turistas. Otro ejemplo de las ventajas del “sociolismo”.
Salimos de la plantación con la sensación de haber visto algo diferente, de haber podido charlar con alguien a quien los turistas no tenían acceso. Abber nos preguntó qué queríamos hacer. Alguien del grupo dijo si sabía de algún sitio para tomar algo, y al resto nos pareció una magnífica idea.
Abber, que empezaba a sentirse muy a gusto con nosotros, nos llevó a un bar de copas muy especial, dentro de una cueva; pero lo que allí pasó y cómo Abber se convirtió en uno más del grupo, lo contaré en la próxima actualización.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat

martes, 22 de julio de 2008

Delfines en mi velero: Abber I

Foto: Calle principal de Pinar del Río. Cuba, julio de 2001
Abber se acercó a nosotros nada más entrar en la ciudad. Apareció con su bicicleta, acompañado de unos niños de diferentes edades. Parecían delfines nadando alrededor de nuestra embarcación, como dándonos la bienvenida. Eme y yo íbamos acompañados de cuatro personas más, en un Athos de color azul: tres murcianas que habíamos conocido en el hotel, con las que decidimos alquilar el coche para recorrer la isla, y un italiano que se habían encontrado ellas en una fiesta gay, pero que no era gay, según él. Por supuesto que no, nunca lo son. En las fiestas gays lo más normal es que todos los tíos sean sociólogos y que estén allí haciendo encuestas.
El chico seguía pedaleando al lado de nuestro coche. Como el calor nos obligaba a tener las ventanillas bajadas, no era difícil mantener una conversación con él. Mientras pedaleaba, nos preguntó qué tal estábamos, y si buscábamos sitio para comer; y como se acercaba la hora y las estrecheces del Athos nos empezaban a pasar factura, dijimos que sí.
Abber era un chico pelirrojo, de ojos verdes, no tendría más de 17 o 18 años, pero tenía picardía y desparpajo para parar un carro. Nos llevó a un paladar, esos restaurantes familiares que el régimen de Fidel había permitido como únicos negocios privados de los cubanos. El sitio al que nos llevó no reunía las mínimas condiciones sanitarias, así que salimos rápido de allí. El chaval, que se esperaba en la puerta, entendió deprisa que no pasaba nuestras exigencias en cuanto a higiene. Nos dijo que sabía lo que queríamos, que nos llevaría al restaurante de su tía. Aunque todavía dudo que la señora que nos atendió fuera su tía, sobre todo por haber escogido ese paladar como segunda opción, salimos con la sensación de haber degustado una sabrosa comida cubana y en un buen sitio.
Tal y como nos había dicho, nos estaba esperando a la salida. Nos preguntó qué queríamos hacer, y ante nuestras dudas, nos sugirió enseguida la visita a una plantación de tabaco, donde podíamos ver como elaboraban unos de los mejores habanos de toda la isla: los Vega Robaina. Preguntamos si estaba cerca y nos dijo que no mucho, pero que dejaba la bicicleta en su casa y venía con nosotros en el coche. Le dijimos que no cabía nadie más, que ya íbamos seis personas en un diminuto coche para cinco. Por supuesto su visión del espacio era diferente, lo que para nosotros era un diminuto maletero, para él era un preciadísimo asiento auxiliar. Su necesidad de supervivencia le hacía más atrevido y mucho más ingenioso.
- Ya yo voy en el cofre - dijo.
- ¿Seguro? – dijimos nosotros un poco sorprendidos y marcados por nuestras limitaciones y cómodas costumbres europeas.
- Claro que si, ustedes no se preocupen, no está demasiado lejos. En quince o veinte minutos llegamos.
Y así le acompañamos a su casa, dejamos la bicicleta y emprendimos camino a la plantación. Pero lo divertido del trayecto, y cómo lo que iba a ser una simple visita a una plantación de tabaco se convirtió en una deliciosa noche, lo dejo para la próxima actualización.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat

sábado, 12 de julio de 2008

Ámbar y arena

Foto: Inicio del concierto de Miguel Bosé. Terrassa, 11 de julio de 2008
Terrassa, 11 de julio de 2008, 10 de la noche. 30 años después de su primera aparición en televisión, Miguel ocupa su puesto encima del escenario. Va vestido completamente de negro, como todos los músicos del espectáculo, tal vez por imperativo del cantante, o tal vez como complemento de la escenografía. Las crueles y enormes pantallas laterales dejan ver a un hombre con 52 años de vida, con muy poco pelo y una enorme barriga.
Este comentario, cruel donde los haya, parece dejar de tener sentido cuando al cabo de un par de canciones, Miguel Luchino González Borlani, se convierte otra vez en Miguel Bosé, en aquel chico guapo, lleno de sex-appeal, con unos movimientos que dejan boquiabiertos a todo el público, incluso a los maridos de aquellas señoras que ahora tienen entre 40 y 45 años, pero que entonces serían unas adolescentes, y por supuesto también a las/los adolescentes de ahora.
Si alguien ha visto algún concierto de la gira Papitotour, estará de acuerdo conmigo que Miguel sigue siendo un gran artista, que sigue siendo guapo, y que es capaz de mantener las manos de la gente levantadas durante casi todo el concierto, por algo él suda la camisa, literalmente, dejándose la piel en este concierto, tal vez incluso más que entonces.
Al final de las dos horas largas de espectáculo, se quedó casi sin voz, pero la fuerza y el carácter de ese hombre seguían llenando todo el escenario, como en los primeros minutos del concierto.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat

miércoles, 9 de julio de 2008

Dos prejuicios

Foto: Mujeres magrebís con cochecito y niño. Girona, mayo de 2008

Prejuicio 1:

Hace unos días cuando visitaba uno de los centros de trabajo, comprobé que había un nuevo trabajador en la empresa. Me llamó la atención porque tenía dos pearcings en la oreja, otro en la ceja. Llevaba además una camiseta muy ajustada, sin mangas. Hacía mucho calor, y a pesar de que mi me hubiera gustado verlo sin camiseta, pensé que la que llevaba no era del todo apropiada. Dejaba ver unos brazos musculosos, llenos de tatuajes de colores y unos hombros bien formados. Entre nosotros, me pareció guapo y muy morboso, pero negaré haberlo dicho. Como tenemos un convenio con el Departamento de Justicia para realizar trabajos de prestación social, pensé que este chaval era de ese programa, y que estaba pagando alguna pena, algún pequeño delito, mediante trabajos sociales.
Al cabo de un rato, mientras estaba en una reunión lo vi pasar por delante de nuestro despacho, y le pregunté al responsable del centro, si aquel chaval era del programa de prestación social. Y él me dijo que no, que era un trabajador que llevaba dos meses con ellos. Muy buen chaval, por cierto. Un poco tímido, pero muy buen chaval – se apresuró a aclararme mi interlocutor.
- Moooocccccc! – sonó mi detector de prejuicios - Por su aspecto, usted ha pensado que era un delincuente.
En ese momento me volví rojo de vergüenza, como si hubieran oído mi detector, miré mis apuntes y seguí hablando en la reunión.
Prejuicio 2:
Hace unos días, revisaba la documentación de un expediente, en el que para conseguir una licencia era necesario un certificado de penales del interesado, el cual todavía no me había llegado del ministerio. Miré la foto del solicitante, y también me pareció guapo (¿será que todos me parecen guapos últimamente? También negaré haberlo dicho). Iba vestido con una camisa de rallas, era rubio, e iba peinado con la ralla al lado. Muy clásico, pensé, pero tenía algo interesante. ¿Su sonrisa? Aunque faltaba aquel documento, había considerado tirar adelante el expediente, ya que la firma suele tardar unos 15 días y mientras, esperaba que hubiera llegado. Por problemas que no vienen al caso, tuve que dejar lo que estaba haciendo y aparcar el expediente. Esta mañana mientras revisaba la documentación que me había llegado del ministerio, he comprobado que el señor rubio con la ralla al lado, vestido con camisa de rallas, tenía antecedentes penales, tres condenas.
- Moooocccccc! – volvió a sonar mi detector de prejuicios - Por su aspecto, usted ha pensado que no tendría antecedentes.
Esta vez no me he puesto rojo, porque estaba solo, pero me he parado a pensar, y me he sentido como un niño, descubriendo que en la vida no todo es lo que parece, que no siempre el lobo enseña los dientes a Caperucita, y que no todo lo que creemos ver es cierto. Blanco y en botella, no siempre es leche. Y encima he descubierto, en contra de lo que creía, que tengo prejuicios. Yo si soy la leche!
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat