Durante esta semana, y como cada año por estas fechas, se ha vuelto a desatar la polémica sobre el famoso Toro Vega de Tordesillas (Valladolid).
Para los que no lo conozcan, es una tradición relacionada con los toros, de las que todavía quedan por tierras españolas, que desata las pasiones de los tordesillanos y de otros lugareños de la zona y las iras de los proteccionistas de todo el país. A parte de los encierros diarios, en los que se pasea al toro y a toda la cuadrilla por la ciudad, para deleite de la concurrencia, la tradición consiste en dejar al animal suelto por el recorrido por donde se hacen los encierros diarios, y luego "conducirlo" hasta la vega del rio, de ahí su nombre. Una vez allí, empieza la fiesta. El animal tiene la "libertad" de poder ir a su aire por donde quiera, pero a partir de una marca en la salida del pueblo, los lanceros pueden luchar contra el animal, uno por uno, hasta conseguir matarlo y obtienen así un trofeo y el reconocimiento y orgullo de pasearse por el pueblo montado a caballo con el rabo del animal pinchado en su lanza. El toro, en este caso, acaba en los platos de los más exquisitos restaurantes.
Sin embargo, puede ser que después de mucho caminar por las campiñas vallisoletanas, nadie consiga matar al animal. En ese caso, gana el toro, y su premio es ser llevado al matadero municipal y acabar en los platos de los más exquisitos restaurantes. Un premio justo donde los haya.
Dicho esto, podría parecer que estoy en contra del Toro Vega. Pues sí, es cierto, lo estoy, de esta y de cualquier tradición en la que se maltrate animales para el divertimento de la concurrencia. Sin embargo tengo muy buenos amigos en Tordesillas, especialmente dos chicas que son defensoras de la tradición, y me gustaría dejar también su opinión al respecto. Creo que es justo.
Según ellas, la lucha entre el toro y el lancero es de igual a igual, sólo lucha uno contra uno. Otros amantes de la fiesta de los toros, dicen que estos animales son criados única y exclusivamente para las corridas de toros y para fiestas como ésta, por tanto si no existieran las fiestas, seguramente estos animales se habrían extinguido.
Haciendo de abogado del diablo, diría que nos creemos más civilizados porque condenamos este tipo de fiestas, pero seguimos criando en granjas vacas, cerdos, pollos, conejos, patos, etc. y luego nos los comemos. Y lo peor es que criminalizamos a los chinos porque hagan lo mismo en sus granjas con los perros. ¿Qué diferencia hay entre comerse un perro o un pollo? ¿Dónde está el límite, en la costumbre, en la tradición?
Y vosotros, ¿qué opináis? La polémica está servida.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
Foto 1: Lanceros esperando al Toro Vega. Foto 2: el toro corriendo por los campos. Foto 3: los lanceros persiguiendo al toro. Tordesillas, septiembre de 2006
jueves, 18 de septiembre de 2008
El Toro Vega
lunes, 15 de septiembre de 2008
Retratos turcos: Ismail y sus gatos
Hacía unos seis meses que el propietario del puesto de libros le había despedido, porque había recibido quejas de los compañeros de los puestos de al lado, conforme Ismail alimentaba a los gatos que había a la entrada del patio del Gran Bazar, donde están situadas las librerías. A pesar de que Ismail era una buena persona, las quejas de los compañeros venían dadas porque habían visto crecer el número de animales progresivamente desde hacía un par de años; y hasta algunos, los más cercanos a la puerta, habían encontrado algunas pulgas dentro de su puesto. Después de avisarlo un par de veces, no dudaron en denunciarlo al dueño de la librería, que debido a la confianza que tenía a Ismail, pasaba tan sólo una vez por semana por el puesto del Gran Bazar, los viernes a la hora de cerrar, para cobrar los ingresos de toda la semana. Aún así, y tras un par de avisos, no dudó en despedirlo cuando las quejas se volvieron a repetir.
Ismail, como todos días llegaba a la hora de abrir las paradas, pero ahora ya no traspasaba la puerta del patio, se dedicaba a limpiar la caseta de los gatos, a cambiar el agua de los cuencos donde bebían, y a dejarles algo de comida, la que había conseguido reunir de los bares de los alrededores. Cada día, después de comer, los gatos se le acercaban refregándose en su pantalón y maullándole suavemente, y le regalaban su gratitud y alguna que otra pulga.
Algunos de sus antiguos compañeros pasaban de largo al ver a Ismail adecentar la caseta de los gatos, que él mismo había construido, aun así Ismail los saludaba, día tras día, sin saber por qué ellos bajaban la cabeza y entraban al patio sin decirle nada, como si estuvieran enfadados con él, o como si hubieran hecho algo malo.
Ismail había pensado en llevarse los gatos de allí a otro rincón donde molestaran menos, pero sabía que si se los llevaba, los roedores volverían, igual que habían llegado hacía bastantes años, antes de que él trajera una pareja de gatos, para solucionar el problema. También sabía que si volvían, acabarían con algunos de los mejores tomos de sus amigos libreros, de los más antiguos, los preferidos por los ácaros, pero también por los ratones, y por eso había desistido de su idea.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
Foto 1: Un alimentador a la entrada del patio de las librerías. Foto 2: gatos descansando fuera de la caseta. Estambul, agosto de 2008 (Si quieres verlas a tamaño natural, haz doble clic sobre la foto)
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sábado, 13 de septiembre de 2008
Reestreno preferente
A estas horas, dentro de dos semanas estaré en el teatro, ataviado con una camisa blanca, un pantalón de lino, un pañuelo al cuello y unas zapatillas de esparto, intentando volver a tener, diez años después el aire de un señorito andaluz.
Como siempre antes de empezar, estaré con los nervios a reventar, y arrepintiéndome de haber dicho que sí a la idea de reponer el montaje sobre textos y canciones de Federico García Lorca,
que nosotros llamamos “Balcón Abierto”. Lo sé, será así, porque siempre es así, hasta me cambia el humor, una hora antes no dejo de hablar, de reír; media hora antes, me siento, me callo, piso el escenario para saber que todo está en su sitio, donde debe estar, me voy a los vestuarios, me siento, vuelvo al cabo de 5 minutos para volver a comprobarlo, e intento hacer ver a los demás que no estoy nervioso. Llevo más de 20 años pisando los escenarios, y todavía no he podido eliminar esa sensación. Aunque una vez una actriz me dijo que el día que no tuviera nervios al salir sería porque ya no me importara lo que estuviera haciendo. Lo bueno de todo esto es que casi siempre al cabo de unos segundos se pasa la sensación de nervios y empiezas a disfrutar de esa maravillosa sensación que es regalar lo mejor de ti, a un público que ha venido a ver tu trabajo.
Sea como sea, tal vez estas dos semanas esté un poco ocupado y no pueda actualizar mucho, así que por si acaso, y como alguien me dijo que avisara, pues aquí va la información. Por supuesto estáis invitados a venir.
Obra:
Balcón Abierto de Federico García Lorca.
Representaciones:
Sábado 27/09/2008, a las 22h Domingo, 28/09/2008, a las 18:30h
Lugar:
Teatre Municipal La Sala - C. Cervantes, 126 - Rubí (Barcelona)
Más información:
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
Fotos: Momentos de la representación de Balcón Abierto. Rubí, 1998
miércoles, 10 de septiembre de 2008
Por la bajada de la torre
Ningún cartel llamativo dejaba claro que aquel edificio era un restaurante; tan sólo una pequeña nota en un papel colgado en la puerta indicaba que podías comer o tomar una copa en aquel sitio. Como es normal lo pasamos de largo y seguimos nuestro camino por una de las empinadas cuestas que bajan de la Torre Gálata hasta el mar. Andábamos buscando aquel edificio, ya que por la curiosa utilidad que había tenido en la antigüedad, había llamado la atención de Jota, durante la preparación del viaje, antes de llegar a Estambul, y llevaba anotada la dirección en su libreta; así que cuando lo pasamos de largo, volvimos a subir unos metros, y allí estaba aquella antigua prisión inglesa, transformada en un curioso restaurante, que sin quererlo se convirtió en uno de los momentos más entrañables del viaje.
El edificio tenía un aire inglés, pero si no hubiera sido por las indicaciones de la guía de Jota, no lo hubiéramos encontrado, porque nada parecía recordar que aquello había sido una antigua prisión hacía un par de siglos. Estaba decorado de una manera sencilla, con un aire retro, pero muy agradable. Una pareja de georgianos, habían rehabilitado aquel espacio, además de algún otro edificio más de la zona.
El local estaba completamente vacío, lo que de entrada no es una buena garantía para un restaurante. La propietaria nos acompañó al piso superior donde estaban las mesas mejor montadas, pero nosotros decidimos salir a la terraza, la iluminación parecía más agradable y la suave temperatura de la noche lo permitía. Por supuesto nos dejó sentarnos donde quisimos, y se fue. Al cabo de unos segundos vino el marido. Mientras tomaba nota de las bebidas, nos preguntó de dónde éramos. Al decirle que de Barcelona, sacó su enorme catálogo de elogios hacia Gaudí y su obra, y fue en aquel momento cuando nos enteramos que era arquitecto, y que con la ayuda de su señora habían rehabilitado y reconvertido aquel curioso lugar en lo que ahora era. Se esforzaba en hablar algunas palabras en castellano, aliñadas con algo de italiano, sobre un lecho importante de inglés. Qué fácil de digerir una conversación así, sobre todo para los que como yo no dominamos la “cocina inglesa”.
Entrellat
Foto 1: Eme en un momento de la cena. Foto 2: Marie y Jota bailando en el restaurante. Estambul, agosto de 2008
sábado, 6 de septiembre de 2008
Vocación europea
Cuando llegué al aeropuerto de Estambul, me sorprendieron las matrículas de los coches. Tienen la franja azul como las de los miembros de la Comunidad Europea. Llevan las letras TR, y un espacio ya reservado para poner el círculo de estrellas, cuando ingresen de pleno derecho en este curioso proyecto que es “Europa”.
Nada más llegar al hotel, puse instintivamente la televisión. Casi siempre lo hago, porque la televisión dice mucho de un país, no siempre de cómo es, pero sí de la imagen que se quiere dar al mundo. Cuando miras la televisión te das cuenta que las series, los concursos, todo, está vestido de ese aire “europeo”. Nadie diría que la mayor parte de la población es islámica. La normativa también declara al país como laico, y hace 80 años aproximadamente cambiaron el alfabeto árabe, por nuestro alfabeto latino. Turquía parece tener vocación europea.
La realidad, sin embargo, es otra. Todos sabemos que hace unos años llegó al gobierno un partido pro islámico, y que para que esto haya pasado, ha habido un resurgimiento de los valores islámicos en general. Léase como ejemplo la vuelta masiva del uso del pañuelo en las mujeres.
Toda esta renacida filosofía pone en riesgo la integración de Turquía a la Comunidad Europea, porque en una comunidad en la que se defiende a capa y espada el laicismo, a excepción de algunos casos como los ultracristianos de Polonia, no tiene cabida la religiosidad institucional. Se plantea entonces la pregunta de si es el pueblo quien tiene vocación europea, o si era el estado.
Foto 1: matrícula de un taxi. Foto 2: una pareja de islámicos en Bursa. Turquía, agosto de 2008
viernes, 29 de agosto de 2008
Retratos turcos: Faruk y su pequeño negocio
Foto: Vendedor de té en el Gran Bazar. Estambul, agosto de 2008
Aquel olor a vainilla caliente cubrió mis sentidos y le dio al momento un aire como de cuento, como si la miseria de la situación se hubiera endulzado. Mis narices se habían inflado con aquel olor, y no en sentido figurado. Los agujeros de mi apéndice habían doblado su tamaño al reconocer aquella fragancia, que me transportaba a mi más tierna infancia, cuando mi madre, en algunas tardes de invierno llenaba la casa de ese aroma, mientras preparaba unos riquísimos flanecillos de sobre.
Como el mejor reclamo publicitario, aquel olor salía de un horno de pan en el que estaban preparando dulces. Un par de puertas más allá, estaba Faruk, sentado en un escalón, sobre una bolsa de plástico, para evitar mancharse y romperse aun más, su ya raido pantalón de algodón egipcio. A su lado tenía una báscula de baño; aunque para él no era tan sólo una báscula, era su manera de ganarse la vida, su pequeño negocio. Husnu, su hermano, que había conseguido de su vecino, un antiguo juego de té y el permiso para venderlo en el Gran Bazar, le había traspasado su anterior negocio hacía apenas unas semanas. Faruk comía frutos secos, sentado cerca del Gran Bazar, tal y como le había dicho su hermano, esperando a que alguien quisiera comprobar su peso, y recibir así algunos kurus a cambio. El primer día había conseguido tan solo 2 liras, y llegó a casa muy decepcionado; pero poco a poco empezó a hablar con la gente que pasaba por delante de su escalón, y con los comerciantes de las paradas de la zona. La cantidad de horas que dedicaba y la confianza que había ido manteniendo con ellos, hicieron que su negocio empezara a funcionar. En apenas un mes ya estaba consiguiendo 10 liras diarias, suficiente para poder comer y pagarle a su hermano lo que le debía por el traspaso. Faruk tenía miedo de que llegara el invierno, porque sabía que los turistas dejarían de venir masivamente. Si había menos turistas, los comerciantes de imitaciones estarían menos horas, y si encima llovía, ya nadie se pararía a pesarse en su báscula. Se metió otro puñado de piñones en la boca y pensó que todavía faltaba más de un mes, para que llegara el invierno, y que no valía la pena preocuparse a tan largo plazo. Que tengáis un buen día, viajeros. Entrellat
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martes, 26 de agosto de 2008
Turquía, para empezar
Foto: Collage de fotos de Turquía. Agosto de 2008. De izquierda a derecha y de arriba abajo: bañistas en Pamukkale, yo en Éfeso, el Bósforo, chimeneas en la Capadocia, Marie y su pareja, un vendedor de helados, casas trogloditas en la capadocia, una matrícula turca y Eme (mi hombre) en Pamukkale.
Cuando decido escribir sobre algún lugar que he visitado, lo hago para dejar “mi” opinión sobre lo que he visto, pero sobre todo para mostrar a los demás la impresión que lo que he visto ha dejado en mí. No se trata de ningún juicio, es sólo una opinión, completamente subjetiva, basada en mi experiencia, que seguramente, de haber ocurrido en otro momento, sería otra completamente distinta.
Para empezar Turquía, enumeraré las cosas más destacables de mi viaje. El orden no es necesariamente el de preferencia, es simplemente una relación de datos.
Lugares con los que me quedo:
Éfeso, Pamukkale, Estambul y la Capadocia.
Lo fascinante del viaje:
la compañía: Marie y Eme, que son siempre una baza segura, y en este viaje el “descubrimento” del novio de Marie, un dechado de sabiduría y de curiosidades, aparte de divertido; lo salvaje de algunos paisajes; lo espectacular de algunos otros; Estambul, que merece por si solo un viaje aparte; la variedad de etnias y la curiosa manera que tienen algunos de ganarse la vida.
Lo decepcionante:
la cantidad de km realizados; lo mal organizado que estaba el viaje; la falta de puntualidad; algunos guías incompetentes; el mal estado de conservación de Santa Sofía.
Momentos a destacar:
la cena en un restaurante situado en una antigua prisión inglesa, cercano a la torre Gálata; los paseos vespertinos por Estambul; la recogida de pasajeros de un autocar averiado y el buen rollito que se creó dentro de nuestro autocar.
De momento os dejo con estas fotos y estos apuntes, a modo de índice, que iré desarrollando en actualizaciones posteriores.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
domingo, 24 de agosto de 2008
Cosas del idioma
Foto: Un escaparate del Gran Bazar. Turquía, agosto de 2008
Decía Sergi Belbel, un escritor y director de escena de aquí, que su lengua materna era el castellano, su lengua de trabajo el catalán y su lengua para amar el francés. La verdad es que aunque me pareció curioso y entrañable a la vez, cuando lo leí, no pude menos que hacer alguna broma con lo del francés. Me imaginé a Sergi mamando, uy perdón, quería decir amando. Me lo puso a huevo, y yo, como los franceses, no desaprovecho una ocasión para hacer un juego de palabras, aunque sea así de fácil.
El otro día me preguntaba un chaval de Madrid que si soy bilingüe porque hablo catalán y castellano por igual, que en qué pensaba yo. Podría haberle contestado como el chiste: "pienso en follar, como todos los hombres", y hacer así otro chiste fácil, pero no lo hice. Me contuve y le dije que no tenía ni idea, que a veces en castellano y a veces en catalán, dependiendo del interlocutor con el que hablara, y que cuando estoy solo no tengo ni idea en qué pienso, depende del tema en el que piense. Él me respondió, si bueno, pero ¿en qué sueñas? Y yo le dije... "Bueno, en los sueños en los que recuerdo haber dicho alguna cosa, en los que he tenido frases que luego he recordado, han habido de los dos". También le dije que en un sueño que tuve hablaba perfectamente en inglés, y mantenía una conversación fluidísima con un extranjero, a pesar de que no tengo ni idea de ese idioma, y para colmo eso no me hace trilingüe.
Ahora mientras escribo esto estoy pensando en castellano, pero hace unos minutos después de salir del baño, he apuntado en la libretilla que hay en la nevera que tengo que comprar “paper higiènic” y no papel higiénico.
Como siempre, me da rabia clasificarme en algún bando, porque parece que renuncio al otro. Si digo que soy castellanoparlante es como si renunciara al catalán, o al revés, y si digo que soy bilingüe es como si las utilizara las dos al 50%, y seguramente no sea cierto, porque nunca es al 50%, depende de infinidad de cosas y de situaciones.
Así que si me preguntan si soy castellanoparlante, catalanoparlante o bilingüe, me quedaría con lo tercero, pero porque yo me siento así, no porque tenga hecha una estadística sobre mi uso de las dos lenguas.
Lo del francés, lo dejaremos para momentos más íntimos, como hacía Aznar con el catalán.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
PS: Vale, en la próxima prometo hablar de Turquía. Lo prometo, sí, aunque las tres últimas fotos son de allí.
viernes, 22 de agosto de 2008
El equipaje
Foto: Mis compañeros del viaje a Turquía con sus equipajes. Agosto de 2008
Mi prima Carlota, que es una persona muy sabia y muy “corría”, como diría una amiga mía, dice que cuanto más equipaje lleve uno, más cuesta empezar el viaje. Y yo estoy de acuerdo con ella, cada vez intento llevar maletas más pequeñas a mis viajes, y pongo menos cosas dentro, y aun así siempre vuelvo con ropa que no me he puesto, por mucho que intente ajustar el equipaje.
Por supuesto que se agradece una ducha y cambiarse de “modelito” para ir a cenar cuando uno vuelve por la tarde al hotel, cansado de patear por una ciudad, o harto de un día de autobús, pero no hace falta llevar dos “conjuntitos” para cada día. Lo que se use para la cena de ese día, se puede utilizar para el día siguiente, y seguramente un tejano, o un pantalón de algodón oscuro se puede reaprovechar más de una vez, sin llegar a ser marrano.
Donde pude comprobar que el volumen de equipaje es inversamente proporcional a la calidad del viaje, fue en el Camino de Santiago. Imaginaos llevando la maleta que habéis llevado estas vacaciones, o en vuestro último viaje, colgada a la espalda durante todo el día; bueno, menos para dormir, con todos los zapatos, pantalones, camisas, camisetas, neceser (existe la palabra así, tal cual, si alguien no se lo cree que mire el diccionario de la RAE), cargadores del móvil, cargador de la batería de la cámara de fotos, trípode, etc.
Como hice el Camino en tres partes, y encima pregunté a gente que ya lo había hecho, aprendí enseguida a llevar las menos cosas posibles: una muda de ropa puesta y otra en la mochila, que iba lavando cada día al llegar al destino; una linterna pequeña, unas chanclas para la ducha, que utilizaba también para descansar por la tarde, un pequeño botiquín, un neceser con botes pequeños, una toalla y poca cosa más. Tenía clarísimo que cualquier cosa por poco que pesara iba a descansar sobre mis hombros. En la segunda parte cambié el casi medio quilo de la toalla, por una especie de spontex, esa especie de bayeta que utilizan los deportistas y que apenas pesa 50 gramos, había que optimizar recursos.
En este viaje a Turquía, he intentado también hacer lo mismo; no llevarme la spontex, claro, pero si reducir al máximo el equipaje. Era el que llevaba la maleta más pequeña de los cuatro, y aun así creo que podría perfeccionarlo.
Cosa aparte es lo de los regalos o los recuerdos, que también aumentan el peso de las maletas a la vuelta, y lo peor es que llenan las casas de los amigos y familiares de objetos inútiles. Yo siempre he preferido traer algo que se coma o que se gaste, una comida típica, unos dulces, un licor. Así si no les gusta, por lo menos lo pueden tirar sin remordimientos.
Tengo muy claro que cuantas menos cosas lleves en la maleta, menos te cuesta salir, menos te cuesta emprender el vuelo, de lo que no estoy tan seguro, es si mi prima Carlota se refería a ese tipo de equipaje y a ese tipo de viaje. Seguramente no.
Que tengáis un buen día, viajeros.
Entrellat
lunes, 11 de agosto de 2008
Parada técnica
Pues eso, que acabo de llegar esta tarde a casa. He desecho las maletas y las he vuelto a hacer para marcharme mañana a Alicante a visitar a la familia y a amigos. No tengo mucho tiempo para escribir nada. A la vuelta os cuento cómo ha ido todo, el viaje a Turquía, y a Alicante. De momento os dejo con una refrescante imagen en Pamukale que harán más llevaderos los calores de este verano. Que tengáis unas buenas vacaciones, viajeros. Entrellat
domingo, 3 de agosto de 2008
Pateando el mundo
Foto: Detalle del pie de César Augusto. Tarragona, enero de 2008
Me imagino que César Augusto no anduvo mucho para llegar a Hispania. Seguramente vendría a caballo, en una silla con cuatro porteadores, o tal vez en barco. Aunque de hecho, para tomar esa foto, yo tampoco es que anduviera mucho, coche y después, eso sí, un recorrido a pié por la ciudad que un día fue capital de la Hispania, Tarragona.
Pues a eso me voy yo mañana, no a patear Tarragona, que ya lo he hecho, pero sí a patear Turquía, unos días por la Capadocia y otros en la gran Constantinopla, la actual Estambul.
Espero que a la vuelta tenga algunas fotos para enseñaros y alguna historia que contar. Seguro que si, las historias están ahí, sólo hace falta abrir los ojos.
Que tengáis unas buenas vacaciones, viajeros.
Entrellat
viernes, 1 de agosto de 2008
Delfines en mi velero: Abber III
Foto: Abber, las tres murcianas y el guía de la plantación. Cuba, julio de 2001
(Viene de la actualización del 29-07-2008)
Apenas había anochecido cuando llegamos al bar de copas. Era una especie de entrante en la roca, bastante grande; como una cueva. Estaba cercano al mural de la prehistoria, una pintura tan grande, como horrible, pintada directamente sobre la roca. Tenía una pista de baile a dos alturas, aprovechando el desnivel natural de la cueva, esta distribución dejaba claro que allí se hacían actuaciones de vez en cuando; también había una barra de bar y unas 10 o 12 mesas. Estaba regentado por un camarero que, si no hubiera portado tan bien con nosotros, era para pegarle, por lo “listillo” que demostró ser. Nos propuso un juego, que consistía en que él nos decía un país del mundo y nosotros teníamos que adivinar la capital; y luego al revés, nosotros decíamos el país y él decía la capital. A los que ganaran les regalaba el primer mojito que nos había servido. Lo que empezó siendo divertido, acabó por repatearnos el estómago, por lo mucho que sabía el camarero y lo poco que sabíamos nosotros. A ver, ¿quién de vosotros sabía que la capital de Burkina Faso es Uagadugú? Si yo ni siquiera sabía que existía un país con ese nombre. Bueno, seguro que muchos sí lo sabíais, pero como digo nuestra ignorancia era tan grande como nuestra sed de mojitos.
Cuando llegamos, tan solo había una pareja en el recinto, pero enseguida se marchó y nos quedamos solos con el camarero. Después de un par de copas, ya no teníamos ganas de jugar al famoso juego capitales-del-mundo-a-cambio-de- mojitos; preferíamos jugar a tú-nos-traes-los-mojitos-nosotros-los-pagamos-y-no- nos-comas-el-tarro-chato. Por cierto, nadie ganó ni un solo mojito.
Ninguno de nosotros había fumado en todo el día. Es más, yo pensaba que nadie fumaba, cuando en un momento, una de las tres murcianas sacó un paquete de Fortuna con los cigarrillos arrugados, y nos tiramos al paquete como un grupo de jubilados se hubiera tirado a una caja de viagra. Acabamos con los cigarrillos en un santiamén y nos reímos porque todos habíamos manifestado en un momento u otro que no fumábamos.
Abber abrió la veda, y salió a la pista de baile, demostrando que no es necesario ser negro para tener buen ritmo en el cuerpo. Al final salimos todos, y acabamos bailando música cubana. Nos enseñó un movimiento de hombros que llamaban “tembleque” y que nos hacía parecer entre posesos y epilépticos, pero la dosis de mojitos en sangre ya había superado el nivel justo para que la vergüenza abandonara nuestras mentes, y dejara paso a las risas incontroladas.
Al final de la noche, Abber insistió en que quería poner dinero en el bote para pagar los mojitos y la gasolina que necesitábamos para volver. Él decía que era uno de nosotros, que se lo había pasado tan bien como lo hacía con sus amigos. Nos costó convencerlo de que era nuestro invitado y que nos correspondía a nosotros correr con el gasto de los mojitos y de la gasolina.
Regresamos a Pinar del Rio, y al despedirnos nos “discutimos” entre nosotros sobre si era procedente darle una pequeña propina por los servicios, ya que hacer eso era quitarle el título de “amigo” que él había manifestado conseguir con nosotros. Al final, una de las chicas, con la que había tenido un pequeño tonteo, fue la encargada de darle una pequeña ayuda para su “certificado médico”. Abber insistió en regalarnos a cambio su casete de Carlos Manuel y su clan, una de sus más preciadas joyas.
Lo dejamos en el porche de su casa y mientras nos íbamos el chaval miraba el coche, diciéndonos adiós con la mano, con una sonrisa llena de tristeza. Seguimos nuestro camino, en silencio al principio y comentando la jugada después.
Delfines que se acercaron a nuestro velero hubieron algunos durante el viaje a Cuba, pero que cantaran con voz de sirena como lo hizo Abber, ninguno.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
jueves, 31 de julio de 2008
Un mundo feliz
Foto: Tumba en un cementerio de Berlín. Octubre de 2005
Mi prima Carlota, que es muy observadora, decía que si un extraterrestre mirara cualquier álbum de fotos nuestro, diría que nuestras vidas son plenamente felices, porque en casi todas las fotos salimos sonriendo, o en algún momento feliz de nuestra vida. Es cierto, nadie hace fotos de momentos tristes de su vida. A nadie se le ocurre sacar una cámara de fotos en un entierro mientras habla uno de los familiares del difunto, a no ser que seas un famoso y el que saque la cámara sea un paparazzi; a nadie se le ocurre sacar la cámara en un hospital, cuando vamos a visitar a un amigo que ha tenido un accidente de coche, o cuando se está muriendo de cáncer.
¿Por qué se considera de mal gusto retratar el dolor, y no así la alegría?
No me considero una persona morbosa, no considero que tenga un interés malsano por cosas desagradables, pero sí me interesan todos los aspectos de la vida, como creo haber dicho alguna vez, incluida la muerte, y por eso suelo visitar algunas veces cementerios cuando viajo, y me suelo fijar en cómo organizan en cada sitio el casi ignorado tema de la muerte.
Hace unos años, cuando visité Berlín, me llamó la atención un cementerio judío cristiano, y no porque estuvieran mezcladas las tumbas, aquí también lo están, si no porque había algunas tumbas que eran un dechado de dedicación. Algunas eran como pequeños jardines llenos de detalles, y en las cuales se podía intuir un enorme amor por las personas que lo habían hecho. En la foto podéis ver un ejemplo.
Esta mañana he ido al entierro de la hermana de uno de mis mejores amigos. A la difunta la conocía desde hace muchos años, antes de que se casara, antes de que tuviera a sus dos hijos, y por supuesto antes de que esta terrible enfermedad se la llevara. Hoy, saltándome el orden que hubiera tocado, no acabaré mi historia de Abber, porque quiero dedicarle mi actualización a ella, a mi amigo, a su familia y a todos aquellos que sufren la pérdida injusta y a destiempo de un ser querido.
Si la vida os lo permite, que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
martes, 29 de julio de 2008
Delfines en mi velero: Abber II
Foto: Transporte de trabajadores, camino de la plantación. Cuba, julio de 2001
(Viene de la actualización anterior)
Abber dejó la bicicleta en el porche, entró en su casa y al cabo de unos minutos salió con una cinta para casete, y se subió al maletero del coche, al cofre como decía él. Pusimos la cinta en el reproductor y empezó a sonar la música de Carlos Manuel y su clan, que nos acompañaría durante todo el viaje.
Durante el trayecto, algo más largo de lo que había dicho al principio, Abber iba cantando las canciones del casete. Las volvíamos a poner una y otra vez, porque al chaval le gustaban mucho, y porque no teníamos ninguna más, todo hay que decirlo. Al final todos acabamos cantando casi a la perfección “Agua fría”.
-¿Y cómo decías que te llamabas? - le pregunté
-Abber
-¿Es un nombre cubano? ¿Es bastante corriente? – insistí curioso por saber algo más sobre el chaval.
-Noooo, Abber, de Abberto – dijo con su mejor acento cubano.
¡Alber, de Alberto! Me quería morir de la vergüenza, por haber sido tan tonto y no caer en semejante obviedad. Luego durante el resto del viaje, cuando ya no estaba con nosotros, seguimos haciendo broma sobre mi metedura de pata.
A pesar de eso, Abber tenía una facilidad muy grande para imitar los acentos, y mientras nosotros intentábamos imitar a unos pijos mexicanos de Veracruz que compartían hotel con nosotros, él empezó a imitar también el acento mexicano, e incluso a imitarnos a nosotros mismos. Nunca había pensado que yo tenía acento alguno; pensaba que tenía acento neutro, que era difícil saber de donde era cuando hablaba en castellano, pero no. Al final acabamos reventándonos de risa y hablando todos en “mexicano”.
Hablaba muy bien francés, y siempre que venía algún turista de ese país a la ciudad, nos comentó que solía hacer de guía improvisado. Su acento era bastante bueno. Explicaba cosas de París con la misma ilusión con que imagino Marco Polo debía explicar sus viajes a la China, sólo que él nunca había estado allí. Nos explicó que su gran ilusión era viajar a París, y esperaba visitar Europa cuando pudiera salir del país.
Nos había informado que por la visita a la plantación, con la entrada incluida, nos cobraría una cantidad que no recuerdo, pero que nos pareció irrisoria, y en esa entrada ya estaba incluida su comisión.
Tenía pendiente de hacer algo parecido al servicio militar, y con toda la naturalidad del mundo, nos explicó que estaba ahorrando con lo que conseguía como guía, para “comprar” un certificado médico que le permitiera quedar exento por incapacidad. Esa es una de las “ventajas” del “sociolismo”, que todo se puede comprar. Aquí creo que también, sólo que el precio es un poco más caro.
En la visita a la plantación nos llevaron a los invernaderos, a los secaderos, y a los liaderos, donde nos hicieron una demostración de cómo liaban el tabaco. Nos preguntaron si alguno de nosotros fumaba, y claro yo, que hacía poco que había dejado de fumar cigarrillos, dije que sí, pero que lo estaba dejando. Parece ser que la pregunta era si alguien fumaba puros, pero yo con mi ignorancia y por no ser descortés, no quise desmentirlo. Ya me había pasado alguna vez con otras cosas. Una vez me preguntaron si fumaba, y yo dije también que sí, por su puesto refiriéndome a cigarrillos otra vez, pero no me había dado cuenta que la otra persona me alargaba con la mano un porrete, a la vez que hacía la pregunta, así que después de haber dicho que sí, me vi incapaz de negarlo, y ya me tienes fumando costo por primera vez, como el que no quiere la cosa. ¡Santa inocencia!
En este caso, mi mentirijilla tuvo premio, pues me llevaron a la casa del señor Robaina y a parte de hablar un rato con él, me regalaron un par de puritos. El abuelo Robaina, que parecía tener más de 80 años, a pesar de su avanzada edad, seguía dirigiendo para el régimen castrista lo que antes habían sido sus plantaciones de tabaco y las de sus antepasados. Lo que a otros cubanos el régimen hubiera expropiado sin ningún tipo de miramiento, al señor Robaina, se le permitía seguir “dirigiendo” para el régimen; obteniendo así algunos beneficios extras, como las entradas que cobraban por las visitas y la venta de cigarrillos bajo manga a los turistas. Otro ejemplo de las ventajas del “sociolismo”.
Salimos de la plantación con la sensación de haber visto algo diferente, de haber podido charlar con alguien a quien los turistas no tenían acceso. Abber nos preguntó qué queríamos hacer. Alguien del grupo dijo si sabía de algún sitio para tomar algo, y al resto nos pareció una magnífica idea.
Abber, que empezaba a sentirse muy a gusto con nosotros, nos llevó a un bar de copas muy especial, dentro de una cueva; pero lo que allí pasó y cómo Abber se convirtió en uno más del grupo, lo contaré en la próxima actualización.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
martes, 22 de julio de 2008
Delfines en mi velero: Abber I
Foto: Calle principal de Pinar del Río. Cuba, julio de 2001
Abber se acercó a nosotros nada más entrar en la ciudad. Apareció con su bicicleta, acompañado de unos niños de diferentes edades. Parecían delfines nadando alrededor de nuestra embarcación, como dándonos la bienvenida. Eme y yo íbamos acompañados de cuatro personas más, en un Athos de color azul: tres murcianas que habíamos conocido en el hotel, con las que decidimos alquilar el coche para recorrer la isla, y un italiano que se habían encontrado ellas en una fiesta gay, pero que no era gay, según él. Por supuesto que no, nunca lo son. En las fiestas gays lo más normal es que todos los tíos sean sociólogos y que estén allí haciendo encuestas.
El chico seguía pedaleando al lado de nuestro coche. Como el calor nos obligaba a tener las ventanillas bajadas, no era difícil mantener una conversación con él. Mientras pedaleaba, nos preguntó qué tal estábamos, y si buscábamos sitio para comer; y como se acercaba la hora y las estrecheces del Athos nos empezaban a pasar factura, dijimos que sí.
Abber era un chico pelirrojo, de ojos verdes, no tendría más de 17 o 18 años, pero tenía picardía y desparpajo para parar un carro. Nos llevó a un paladar, esos restaurantes familiares que el régimen de Fidel había permitido como únicos negocios privados de los cubanos. El sitio al que nos llevó no reunía las mínimas condiciones sanitarias, así que salimos rápido de allí. El chaval, que se esperaba en la puerta, entendió deprisa que no pasaba nuestras exigencias en cuanto a higiene. Nos dijo que sabía lo que queríamos, que nos llevaría al restaurante de su tía. Aunque todavía dudo que la señora que nos atendió fuera su tía, sobre todo por haber escogido ese paladar como segunda opción, salimos con la sensación de haber degustado una sabrosa comida cubana y en un buen sitio.
Tal y como nos había dicho, nos estaba esperando a la salida. Nos preguntó qué queríamos hacer, y ante nuestras dudas, nos sugirió enseguida la visita a una plantación de tabaco, donde podíamos ver como elaboraban unos de los mejores habanos de toda la isla: los Vega Robaina. Preguntamos si estaba cerca y nos dijo que no mucho, pero que dejaba la bicicleta en su casa y venía con nosotros en el coche. Le dijimos que no cabía nadie más, que ya íbamos seis personas en un diminuto coche para cinco. Por supuesto su visión del espacio era diferente, lo que para nosotros era un diminuto maletero, para él era un preciadísimo asiento auxiliar. Su necesidad de supervivencia le hacía más atrevido y mucho más ingenioso.
- Ya yo voy en el cofre - dijo.
- ¿Seguro? – dijimos nosotros un poco sorprendidos y marcados por nuestras limitaciones y cómodas costumbres europeas.
- Claro que si, ustedes no se preocupen, no está demasiado lejos. En quince o veinte minutos llegamos.
Y así le acompañamos a su casa, dejamos la bicicleta y emprendimos camino a la plantación. Pero lo divertido del trayecto, y cómo lo que iba a ser una simple visita a una plantación de tabaco se convirtió en una deliciosa noche, lo dejo para la próxima actualización.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
sábado, 12 de julio de 2008
Ámbar y arena
Foto: Inicio del concierto de Miguel Bosé. Terrassa, 11 de julio de 2008
Terrassa, 11 de julio de 2008, 10 de la noche. 30 años después de su primera aparición en televisión, Miguel ocupa su puesto encima del escenario. Va vestido completamente de negro, como todos los músicos del espectáculo, tal vez por imperativo del cantante, o tal vez como complemento de la escenografía. Las crueles y enormes pantallas laterales dejan ver a un hombre con 52 años de vida, con muy poco pelo y una enorme barriga.
Este comentario, cruel donde los haya, parece dejar de tener sentido cuando al cabo de un par de canciones, Miguel Luchino González Borlani, se convierte otra vez en Miguel Bosé, en aquel chico guapo, lleno de sex-appeal, con unos movimientos que dejan boquiabiertos a todo el público, incluso a los maridos de aquellas señoras que ahora tienen entre 40 y 45 años, pero que entonces serían unas adolescentes, y por supuesto también a las/los adolescentes de ahora.
Si alguien ha visto algún concierto de la gira Papitotour, estará de acuerdo conmigo que Miguel sigue siendo un gran artista, que sigue siendo guapo, y que es capaz de mantener las manos de la gente levantadas durante casi todo el concierto, por algo él suda la camisa, literalmente, dejándose la piel en este concierto, tal vez incluso más que entonces.
Al final de las dos horas largas de espectáculo, se quedó casi sin voz, pero la fuerza y el carácter de ese hombre seguían llenando todo el escenario, como en los primeros minutos del concierto.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
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miércoles, 9 de julio de 2008
Dos prejuicios
Foto: Mujeres magrebís con cochecito y niño. Girona, mayo de 2008
Prejuicio 1:
Hace unos días cuando visitaba uno de los centros de trabajo, comprobé que había un nuevo trabajador en la empresa. Me llamó la atención porque tenía dos pearcings en la oreja, otro en la ceja. Llevaba además una camiseta muy ajustada, sin mangas. Hacía mucho calor, y a pesar de que mi me hubiera gustado verlo sin camiseta, pensé que la que llevaba no era del todo apropiada. Dejaba ver unos brazos musculosos, llenos de tatuajes de colores y unos hombros bien formados. Entre nosotros, me pareció guapo y muy morboso, pero negaré haberlo dicho. Como tenemos un convenio con el Departamento de Justicia para realizar trabajos de prestación social, pensé que este chaval era de ese programa, y que estaba pagando alguna pena, algún pequeño delito, mediante trabajos sociales.
Al cabo de un rato, mientras estaba en una reunión lo vi pasar por delante de nuestro despacho, y le pregunté al responsable del centro, si aquel chaval era del programa de prestación social. Y él me dijo que no, que era un trabajador que llevaba dos meses con ellos. Muy buen chaval, por cierto. Un poco tímido, pero muy buen chaval – se apresuró a aclararme mi interlocutor.
- Moooocccccc! – sonó mi detector de prejuicios - Por su aspecto, usted ha pensado que era un delincuente.
En ese momento me volví rojo de vergüenza, como si hubieran oído mi detector, miré mis apuntes y seguí hablando en la reunión.
Prejuicio 2:
Hace unos días, revisaba la documentación de un expediente, en el que para conseguir una licencia era necesario un certificado de penales del interesado, el cual todavía no me había llegado del ministerio. Miré la foto del solicitante, y también me pareció guapo (¿será que todos me parecen guapos últimamente? También negaré haberlo dicho). Iba vestido con una camisa de rallas, era rubio, e iba peinado con la ralla al lado. Muy clásico, pensé, pero tenía algo interesante. ¿Su sonrisa? Aunque faltaba aquel documento, había considerado tirar adelante el expediente, ya que la firma suele tardar unos 15 días y mientras, esperaba que hubiera llegado. Por problemas que no vienen al caso, tuve que dejar lo que estaba haciendo y aparcar el expediente. Esta mañana mientras revisaba la documentación que me había llegado del ministerio, he comprobado que el señor rubio con la ralla al lado, vestido con camisa de rallas, tenía antecedentes penales, tres condenas.
- Moooocccccc! – volvió a sonar mi detector de prejuicios - Por su aspecto, usted ha pensado que no tendría antecedentes.
Esta vez no me he puesto rojo, porque estaba solo, pero me he parado a pensar, y me he sentido como un niño, descubriendo que en la vida no todo es lo que parece, que no siempre el lobo enseña los dientes a Caperucita, y que no todo lo que creemos ver es cierto. Blanco y en botella, no siempre es leche. Y encima he descubierto, en contra de lo que creía, que tengo prejuicios. Yo si soy la leche!
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
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martes, 8 de julio de 2008
Cosas que se oyen
Foto: Recorte de mariquita sobre verde
Conversación 1:
(11h de la mañana. Tertulia televisiva de esas que nunca veo, ni yo ni nadie. Es que ayer era Fiesta Mayor en Terrassa).
- Tertuliana: Pues a mí me parece muy bien que este año el desfile del orgullo vaya dedicado a las lesbianas, porque si hay discriminación en España con el tema homosexual, con el tema lésbico todavía más. Parece que está peor visto ser lesbiana que ser homosexual, y eso es por el machismo que todavía queda en España.
- Falso conde: Pues yo no creo que se tenga que hacer el desfile, porque en un país como España, donde no existe la discriminación hacia los homosexuales, no es necesario hacer esos montajes.
- Tertuliana: ¿Que no existe discriminación?
- Falso conde: No, en España no. Es de los pocos países donde se pueden casar y adoptar.
- Tertuliana: Sí, claro, pero eso es a nivel legal pero en la calle... El día a día...
- Falso conde: Pues mira paséate por Chueca y verás si hay discriminación.
- Tertuliana: Claro, pero no todos los homosexuales españoles viven en Chueca. Dile a un pobre chico o chica de un pueblecito de Soria, por ejemplo, si existe discriminación, o no.
Conversación 2:
(Ayer a las 12h de la noche, mientras paseaba a la perra en el parquecillo de delante de casa. Conversación de dos camareros, chico y chica, que desmontaban la terraza de un bar).
- Tío: Que no, tía, que no me enfadé.
- Tía: Joer, pues vaya cara que pusistes (sic).
- Tío: Hombre tía, es que no dejaba de mirarme el maricón ese. Y cada vez que le traía algo, enga, miraita otra vez.
- Tía: Si, tío.
- Tío: porque estábamos aquí en el curro, que si no le parto la cara.
- Tía: vaya que sí, tío.
- Tío: te diré, tía.
- Tía: anda que no, tío.
Cuando oigo este tipo de conversaciones, tengo muy claro que todavía falta mucho por hacer. Lo que no tengo tan claro es si espectáculos como los del día del orgullo gay ayudan a “normalizar” el hecho homosexual.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
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jueves, 3 de julio de 2008
Tiempos modernos
Foto: Detalle del Sony Center. Berlín, octubre de 2005
Hace unos 5 o 6 años asistí a la boda de un primo alicantino de Eme, mi marido, con una chica de Rubí (Barcelona). De entrada nada raro, porque Eme, que también es de Alicante, y yo nacimos a unos 600 Km. de distancia uno del otro, como los novios, y aquí estamos, felizmente casados. Lo curioso de aquella boda, fue cómo se habían conocido los novios: por internet, en un chat. Lo que hoy nos parece tan normal, por aquel entonces, hace tan solo 5 o 6 años nos sorprendió a todos los asistentes a aquella celebración.
Tengo una amiga que hace unos meses sale con un chico, que son novios, vaya. Qué rabia me da la palabra salir, como si sólo salieran! Que digo yo que también entrarán a algún sitio, no? A sus casas, a los cines, a los cafés… En fin, que los dos son de aquí, de Barcelona, pero si no hubiera sido por internet, creo que difícilmente hubieran coincidido, y me gustaría que los vierais, parecen hechos el uno para el otro. Son una de esas parejas tan entrañables que te los comerías a los dos, de aquellas que parece que toda la vida han estado así.
Ayer conocí, o debería decir reconocí, pero esta vez en persona, a tres de los fotologueros que más me gusta seguir: la_triche, conxitotarao y nekobcn. Y cuando digo reconocí, no me refiero a que los viera por casualidad en Barcelona, y los parara para saludarlos, que no, que no lo habría hecho, menudo pedazo de cortado soy yo. Habíamos quedado para vernos, para “echarnos unas risas” como dice un amigo mío, y para conocernos en persona, que ya hace tiempo que nos conocemos por este ciber-mundo, y viviendo tan cerca unos de otros, era un delito no pasar a un segundo nivel.
Con algún que otro percance en las fechas, al final lo conseguimos. Quedamos y nos vimos, y cenamos, y tomamos unas copas… Hasta aquí normal, pero lo que no deja de sorprenderme es que este encuentro se desarrollara con toda la naturalidad, con toda la confianza, con toda la complicidad del mundo, y me atrevería a decir que incluso lleno de cariño, como si nos conociéramos de toda la vida. No voy a decir que es la primera vez que me pasa, que en un solo encuentro llego a ese nivel de confianza, no, porque sería mentira. Alguna otra vez ya me ha pasado; pero lo que es seguro, es que sólo me ha pasado cuando me sentía a gusto, cuando la compañía lo valía, como ayer.
Cuando veo que estas cosas funcionan, me doy cuenta de que el mundo está cambiando, las maneras de relacionarnos están cambiando también y tontos seríamos si no las aprovecháramos. Mirando hacia atrás pienso que excepto la tele transportación y los zapatos plateados, todo aquello que veíamos en las películas de ciencia ficción de los ochenta y los noventa, todo se ha cumplido. Ay no! que los zapatos plateados también se llevan hace un par de temporadas. Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
PS: Hoy, por supuesto, quiero dedicarles mi actualización a ellos tres la_triche, conxitotarao y nekobcn, porque también superaron con creces mis expectativas. Fue una noche muy agradable y divertida, aunque cortíiiisima. Deseando estoy que se repita pronto.
martes, 24 de junio de 2008
Cosas que se aprenden con los años
Foto: yo, entonces y ahora
De pequeño pensaba que las “altas esferas” eran las bolas de espejitos que colgaban del techo de las discotecas y que mirábamos desde abajo como algo inalcanzable, esas que iluminaban y llenaban de magia las salas de baile en los 60-70-80.
De pequeño pensaba que cerraban las playas, porque así me lo decía mi madre, para que no pusiera pegas a la hora de irnos.
De muy pequeño yo quería que mi abuela me “despuntara” (desapuntara, borrara) del colegio, porque era mucho más feliz con ella, escuchando la radio mientras ella cosía y yo jugaba a su lado.
De pequeño soñaba que me caía a un agujero y que quedaba atrapado, y me despertaba llorando, del miedo a quedarme así, atrapado para siempre, y cuando despertaba y veía a mi hermana en la cama de al lado, me sentía feliz porque el agujero no existía.
Hace algún tiempo, no demasiado, encontré la solución a alguna de esas cosas, lo que pasa es que a veces hecho de menos las sensaciones que tenía entonces, por tener a aquellas 3 mujeres que me daban esa seguridad, no porque todo fuera fácil, si no porque ellas lo hacían fácil. Todavía me quedan dos, mi madre y mi hermana, y mi abuela vuelve de vez en cuando a mi memoria, el que creo que ya no existe es aquel niño que se dejaba sorprender por la vida.
Hoy tengo síndrome de Peter pan, será porque el 28 cumplo años.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
lunes, 23 de junio de 2008
La solitude
Foto: Ensayo sobre el dolor. Junio de 2008
Hoy os voy a contar una historia tan real, como terrible. Para aquellos que no tengan ganas de escuchar algo de esas características, les recomiendo que pasen al final del texto, donde he colgado una bella canción de la cantante parisina Barbara. El video pertenece a un espectáculo del corógrafo belga Maurice Béjart, pero con permiso suyo, esta vez me interesa más que sus coreografías, la voz y la canción de Barbara, la manera melancólica, contenida y dolorosa que tiene de cantar…
Sergio, así le llamaremos, era soltero y no tenía pareja conocida. Se ganaba la vida instalando aparatos de aire acondicionado, colocando vallas metálicas, o haciendo pequeñas reparaciones en casas de algunos clientes. Todo ello le permitía salir adelante con suficiente holgura, para no tener problemas económicos, no más que la mayoría. Tenía un pequeño taller en el que guardaba todas las herramientas que necesitaba para esas tareas.
Aquel día, hace a penas dos semanas, recubrió una zona de su taller con plásticos y cartones. Las paredes, el suelo y todas las zonas donde preveía que podía manchar con su último encargo, fueron objeto de esa meticulosa tarea. Esta vez el encargo no era de nadie en particular, ni de sus amigos, ni de ningún cliente, era suyo.
Unos días antes había estado preparando un artilugio nuevo que utilizaría en este encargo. Con meticulosa habilidad, como estaba acostumbrado a hacerlo todo, cogió la careta protectora de soldar, pero esta vez no la utilizó para protegerse, ya que era la careta lo que intentaba transformar en alguna herramienta impensable. Le fue soldando por la parte interior clavos a modo de cepillo, como si una herramienta de tortura se tratara. Cuando la tuvo acabada, la dejó en un rincón esperando a que llegara el momento de utilizarla.
Cuando acabó de colocar los plásticos y los cartones, se fue hacia el rincón donde días atrás había dejado la careta y la cogió, se la colocó en la cara, con cuidado, no quería que un pequeño fallo le hiciera desistir de su tarea. Tomó del suelo una maza que había dejado preparada y golpeó fuertemente hacia su cara… En cuestión de segundos los clavos pusieron fin a su vida.
Lo encontraron muerto al día siguiente, y a pesar de lo dantesco de la escena, la Policía concluyó que había sido un suicidio, por la trayectoria de los clavos, por la fuerza con la que había sido golpeado, y por la meticulosidad con que había sido preparado todo.
Sergio era amigo de mi cuñado desde hacía mucho tiempo, compartían muchos momentos. Yo lo conocí en el bautizo de mi sobrino. Desde que me lo han contado, no he podido dejar de pensar en ello. ¿Qué pasa por la cabeza de una persona para intentar quitarse la vida? Pero en este caso ¿por qué de esa manera tan cruel, tan dolorosa? ¿Qué dolor, qué trauma tendría Sergio que tuviera que acabar de esa terrible manera? Se me ocurren muchas preguntas, y seguro que a todos los suyos todavía más, pero por desgracia se quedarán sin respuesta para siempre.
Abrazos, porque hoy, la frase “Que tengáis un feliz día, viajeros”, con la que despido siempre mis escritos, no tiene sentido, o tal vez lo tenga más que nunca.
Entrellat
(Extracto del espectáculo “Brel Barbara par Béjart” sobre la canción La Solitude de Barbara)
Nota: Este escrito no se llegó a publicar en fotolog. Me generaba demasiada inquietud, o dolor, y siguiendo el consejo de un experto en el tema no lo publiqué.
sábado, 21 de junio de 2008
Exigencia o autoexigencia
Los que tienen la suerte o la desgracia de cruzarse en mi camino, y me conocen un poco, dicen que soy demasiado exigente. Mi jefa, para decir lo mismo, dice que tengo poca cintura; y mi madre cuando era pequeño decía algo parecido, que era un cabezón; así que va a ser verdad, tanta gente no puede estar equivocada.
Sí, hoy va de egolog, o de paja mental, como diría una amiga mía. Aunque casi siempre suelen serlo en una u otra forma. ¿Para qué si no hacemos esto? Creo que en casi todo lo que hago suelo poner un nivel de exigencia bastante alto, incluso en mi trabajo (esto era un chiste). Doy todo lo que puedo, y exijo lo mismo de los demás, lo que me ha generado muchos problemas; aunque también es cierto que con los años y un par de cursillos de asertividad he empezado a relajar bastante mis niveles de exigencia, aunque a veces por ello me siento como un dibujo de mi mismo, como una caricatura, que parezco yo, pero no lo soy realmente. Supongo que es cuestión de tiempo.
¿Y porqué digo todo esto? Pues porque desde que empecé este blog, cada vez me cuesta más escribir. Cuando me pongo a actualizar siempre pienso que tengo que escribir algo interesante, algo que pueda entretener a los que pierdan su tiempo leyendo mi página, y no se sientan estafados, y así vuelvan a mi rincón un día y otro. Y cada vez me cuesta más escoger el tema sobre el que rellenar mi espacio. No es que no tenga nada que decir, que no, que los que me conocen saben que no puedo estar callado. El problema es que no sé si lo que digo pueda o no gustar.
Empecé a hablar sobre viajes, sobre mis viajes, en el sentido amplio de la palabra, porque para mí la vida es un viaje, y todos y cada uno de los momentos compartidos también lo son; y decía que los grandes viajes, en contra de lo que dicen las agencias, no son aquellos en los que haces muchos kilómetros, si no en los que haces grandes relaciones. Y eso ha sido para mí este blog, un gran viaje. He conocido gente magnífica, y algunos hasta en persona, y espero que pronto conoceré a algunos más. Me gusta pasar por las páginas de muchos de ellos y ver como “viaja” su cabecita tanto en sus fotos, como en sus textos, y ver lo que piensan. Me gusta leer entre líneas y sacar el “entrellat” (la trama?) de sus vidas y de sus sentimientos. Y espero que a la gente le pase lo mismo conmigo. Pero nunca se si lo consigo.
No me estoy despidiendo, ni diciendo que me tomo unas vacaciones, sólo pido paciencia para que pueda ir trabajando mi autoestima y así baje mi nivel de exigencia, que yo se que están relacionados, y poder seguir ofreciéndoos algo que os pueda por lo menos entretener.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
PS: Gracias a Albert por este dibujo tan precioso, si queréis ver la foto original, está aquí.
miércoles, 18 de junio de 2008
Balcón Abierto
Foto: Eme y yo en un momento de la representación. Rubí, junio de 1998
Cuando empezó a sonar el piano, la piel se me erizó, y sentí como si la vida me hubiera llevado 10 años atrás, como si esas notas, acompañadas de la viola, hubieran sido la llave que encendía la máquina que viajaba a través del tiempo; y me vino a la pituitaria el olor a Carolina Herrera de la Bailaora, y el refriegue de sus enaguas mientras pasaba por nuestro lado, y el pellizco en el estómago justo antes de empezar a recitar los poemas de Federico. Y luego, mirando las caras de mis compañeros, me di cuenta que no era a mí sólo al que los recuerdos y los sentimientos habían hecho viajar hacia el pasado.
El sábado empezamos los ensayos para reponer un montaje teatral que estrenamos hace 10 años, sobre textos de Lorca, con una soprano, una pianista, una violista, 4 rapsodas y una bailarina. Mientras el piano y la viola nos introducían en el universo lorquiano, en el ambiente de la Granada de aquella época, pero sobre todo en el ambiente que se creó cuando hicimos ese montaje, fui mirando a los componentes del grupo, con curiosidad, y asumí que había habido algunos cambios desde entonces. Uno, al que decidimos dedicarle la reposición del montaje, ya no está entre nosotros, un cáncer se lo llevó de nuestro lado, y otros ya no están, porque tal vez no debieron estar nunca. Me pareció curioso, porque todos los que ahora estaban en este ensayo en uno u otro grado son amigos míos, y me planteé cómo había llegado yo hasta allí...
Si en la representación que daba por acabada mi licenciatura de interpretación, aquellas dos chicas que ahora también están en este montaje no hubieran reparado en mí, nada de esto estaría pasando, y hoy no estaría escribiendo estas líneas. Aquella decisión suya de escogerme para nuestro primer montaje profesional, suyo y mío, y mi osadía de aceptarlo, nos ha llevado a años de trabajos en común, a ilusiones vividas en conjunto y también a decepciones, por qué no decirlo, que nos han servido para mejorar. Han ido pasando por nuestra re-cámara muchos actores, músicos, cantantes, escultores, pintores y artistas, en general; algunos han ido convirtiéndose en amigos, otros ya lo eran, y algunos otros no lo llegaron a ser, por diversos motivos.
Con este pequeño viaje en el tiempo, me ha vuelto a venir a la cabeza la trascendencia de las pequeñas decisiones que tomamos en la vida. Tal vez si no hubiera aceptado aquel primer papel, hoy no seguiría haciendo teatro en esta pequeña compañía, tal vez me hubiera dedicado a la interpretación exclusivamente, y hoy sería un reconocido y famosísimo actor, o quien sabe si tal vez lo hubiera dejado definitivamente. Lo que es seguro es que toda esa gente maravillosa, no formarían parte de mi pequeño universo, y que Lorca se hubiera perdido un grupo de admiradores, que ahora se vuelven a asomar juntos y llenos de ilusión, como hace 10 años, a ese “balcón abierto (1)”.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
(1) Balcón Abierto es el título de un poema de Lorca que da título al espectáculo.
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domingo, 15 de junio de 2008
La colonia
Foto: Colonia controlada de gatos frente a la Iglesia de San Lorenzo. Venecia. junio de 2007
Justo ayer hizo un año, mientras paseaba en góndola por Venecia, y disfrutaba del entorno, de la compañía, de las canciones y de los comentarios del gondolero, pasamos por delante de la Iglesia de San Lorenzo, y nos comentó que allí estaban enterrados Marco Polo y su familia. Buen sitio para que reposen tus restos, pensé. Era una iglesia poco agraciada y con la fachada sin acabar. Estaba situada en una plaza, un campo como dicen ellos, uno de los laterales de la cual daba al canal por donde pasábamos. No había turistas, sólo nosotros, porque el lugar está un poco alejado de las rutas habituales y era a última hora de la tarde, casi oscurecía. Me llamó la atención la cantidad de gatos que había en ese campo. Al fondo vi unas casetas, y unos recipientes con comida, y me acordé que Italia es uno los países que tienen mejor resuelto el tema de los gatos en la calle. Son los primeros que establecieron las colonias controladas y el resultado ha sido muy bueno. Se ha compaginado el derecho de los ciudadanos a no sufrir molestias por los animales, con el innegable derecho a la vida de estos.
Esta mañana, mientras paseaba a mi perra por los jardines de los alrededores de casa, he visto un cartel colgado en una farola que decía algo así como: “las palomas son portadoras de enfermedades, tienen muchos parásitos, destruyen el entorno y atraen a las ratas. No les de de comer. Además está prohibido por la ordenanza municipal”.
Trabajo diariamente en temas de animales, y sé lo complicado que es hacer entender a las personas, que con buena voluntad guardan sus restos de comida para alimentar a los animales de la calle, que lo que hacen es una buena acción, pero que acarrea consigo muchísimos problemas. A la mayoría no les importa que los vecinos les llamen la atención, lo hacen a escondidas e incluso cambian los horarios en los que alimentan a los animales para no ser vistos. Una señora que alimentaba una colonia no controlada de gatos, gastaba su dinero en ponerles anticonceptivos en pastillas para que no fueran procreando. Además dejó de ir de vacaciones porque no tenía a nadie que alimentara a “sus gatos”. No quiero imaginarme hasta donde debe estar el marido de esta señora.
Es cierto, alimentar a los animales en la calle, hace que la colonia, ya sea de palomas o de gatos, crezca desmesuradamente, y lo haga de manera descontrolada, si hay alimento empiezan a procrear de manera exponencial; y hace que se propaguen entre ellos enfermedades, algunas de las cuales son trasmisibles al hombre.
Desde el punto de vista social, yo me pregunto qué mueve a esas personas a hacer este tipo de acciones, por qué renuncian a su libertades personales para pasar a depender de esos animales. Seguramente canalizan muchos de sus vacíos hacia esa actividad, dando ese cariño que muchas veces no pueden dar a nadie más hacia los animales.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
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miércoles, 4 de junio de 2008
Cosas oxidadas
Foto: Puerta del Jardín Botánico. Barcelona, 20 de mayo de 2008
Colecciono cosas oxidadas, y aunque algunos dicen que tengo la casa llena de trastos, sobre todo mis tres hermanos, siempre me ha parecido que esos objetos cubiertos de herrumbre, son como algunos de los abuelos que hay en la residencia de al lado de mi casa, que parecen haber tenido una vida importante, llena de historias para contar, pero que ahora ya nadie se acuerda de ellos, y por eso están allí, en el desván, como las cosas sin valor, oxidándose cada día un poco más.
Empecé mi colección casi sin querer, con una llave que encontré en el desván de casa. Mi madre y yo estábamos vaciando un armario para desmontarlo, y apareció al retirar una cajonera. Estaba allí en el suelo del armario, con un trozo de cinta adhesiva pegado, que había dejado de tener su función adhesiva hacía ya muchos años. Parecía que la llave había estado enganchada a la parte de atrás de la cajonera durante mucho tiempo, porque una huella color ámbar del tamaño de la cinta y con el espacio justo de la llave había aparecido en la madera. Mi madre y yo nos miramos la una a la otra, sin decir ni una palabra, pero preguntándonos en nuestro interior qué puerta abriría esa llave; y lo más importante quién la habría puesto allí, ya que la cinta dejaba claro que la llave no había caído por error detrás de la cajonera.
Mi madre sin decir nada, le arrancó la cinta adhesiva y se la guardó en el bolsillo de la bata que llevaba para estar por casa. Nunca más volví a saber nada de aquella llave hasta que al cabo de unos meses, por casualidad, la encontré en le cubo de la basura. Supongo que mi madre la había tirado, cansada de darle vueltas a la cabeza y de no obtener ninguna respuesta.
La recogí, le quité los restos de fruta que tenía por encima y con un algodón que mi madre tenía para limpiar metales, le quité el oxido. Luego me arrepentí de haberlo hecho; porque el robín era lo que me gustaba de la llave, lo que le imprimía el carácter antiguo, y lo que luego me sirvió de acicate para coger de la calle cualquier objeto oxidado, que pudiera tener una historia que contar.
Me imaginaba que mi abuela la había puesto allí, para que nadie la viera, y que aquella llave abría una puerta que escondía algo muy secreto, en algún sitio desconocido; y eso le daba un carácter aventurero y misterioso a aquella señora que en sus últimos días había perdido la razón, y nos amenazaba diciendo que había sido espía de Franco, y que si no nos callábamos vendrían a buscarnos para llevarnos al cuartelillo. Y entonces mi madre y yo le dábamos la razón como a los locos, y le decíamos: sí, abuela, sí, ya callamos, y la abrazábamos con mucho cariño, agradeciéndole todo el sacrificio que había hecho por nosotros durante su vida, y nos manteníamos calladas hasta que la abuela se volvía a quedar dormida en su sillón.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
PS: Gracias a Ruty por sus objetos oxidados. Si tenéis un momento, pasad por la página de esta gran fotógrafa Israelí, que siempre nos regala los sentidos con su experiencia y su trabajo.
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