jueves, 31 de julio de 2008

Un mundo feliz

Foto: Tumba en un cementerio de Berlín. Octubre de 2005
Mi prima Carlota, que es muy observadora, decía que si un extraterrestre mirara cualquier álbum de fotos nuestro, diría que nuestras vidas son plenamente felices, porque en casi todas las fotos salimos sonriendo, o en algún momento feliz de nuestra vida. Es cierto, nadie hace fotos de momentos tristes de su vida. A nadie se le ocurre sacar una cámara de fotos en un entierro mientras habla uno de los familiares del difunto, a no ser que seas un famoso y el que saque la cámara sea un paparazzi; a nadie se le ocurre sacar la cámara en un hospital, cuando vamos a visitar a un amigo que ha tenido un accidente de coche, o cuando se está muriendo de cáncer.
¿Por qué se considera de mal gusto retratar el dolor, y no así la alegría?
No me considero una persona morbosa, no considero que tenga un interés malsano por cosas desagradables, pero sí me interesan todos los aspectos de la vida, como creo haber dicho alguna vez, incluida la muerte, y por eso suelo visitar algunas veces cementerios cuando viajo, y me suelo fijar en cómo organizan en cada sitio el casi ignorado tema de la muerte.
Hace unos años, cuando visité Berlín, me llamó la atención un cementerio judío cristiano, y no porque estuvieran mezcladas las tumbas, aquí también lo están, si no porque había algunas tumbas que eran un dechado de dedicación. Algunas eran como pequeños jardines llenos de detalles, y en las cuales se podía intuir un enorme amor por las personas que lo habían hecho. En la foto podéis ver un ejemplo.
Esta mañana he ido al entierro de la hermana de uno de mis mejores amigos. A la difunta la conocía desde hace muchos años, antes de que se casara, antes de que tuviera a sus dos hijos, y por supuesto antes de que esta terrible enfermedad se la llevara. Hoy, saltándome el orden que hubiera tocado, no acabaré mi historia de Abber, porque quiero dedicarle mi actualización a ella, a mi amigo, a su familia y a todos aquellos que sufren la pérdida injusta y a destiempo de un ser querido.
Si la vida os lo permite, que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat

martes, 29 de julio de 2008

Delfines en mi velero: Abber II

Foto: Transporte de trabajadores, camino de la plantación. Cuba, julio de 2001
(Viene de la actualización anterior)
Abber dejó la bicicleta en el porche, entró en su casa y al cabo de unos minutos salió con una cinta para casete, y se subió al maletero del coche, al cofre como decía él. Pusimos la cinta en el reproductor y empezó a sonar la música de Carlos Manuel y su clan, que nos acompañaría durante todo el viaje.
Durante el trayecto, algo más largo de lo que había dicho al principio, Abber iba cantando las canciones del casete. Las volvíamos a poner una y otra vez, porque al chaval le gustaban mucho, y porque no teníamos ninguna más, todo hay que decirlo. Al final todos acabamos cantando casi a la perfección “Agua fría”.
-¿Y cómo decías que te llamabas? - le pregunté
-Abber
-¿Es un nombre cubano? ¿Es bastante corriente? – insistí curioso por saber algo más sobre el chaval.
-Noooo, Abber, de Abberto – dijo con su mejor acento cubano.
¡Alber, de Alberto! Me quería morir de la vergüenza, por haber sido tan tonto y no caer en semejante obviedad. Luego durante el resto del viaje, cuando ya no estaba con nosotros, seguimos haciendo broma sobre mi metedura de pata.
A pesar de eso, Abber tenía una facilidad muy grande para imitar los acentos, y mientras nosotros intentábamos imitar a unos pijos mexicanos de Veracruz que compartían hotel con nosotros, él empezó a imitar también el acento mexicano, e incluso a imitarnos a nosotros mismos. Nunca había pensado que yo tenía acento alguno; pensaba que tenía acento neutro, que era difícil saber de donde era cuando hablaba en castellano, pero no. Al final acabamos reventándonos de risa y hablando todos en “mexicano”.
Hablaba muy bien francés, y siempre que venía algún turista de ese país a la ciudad, nos comentó que solía hacer de guía improvisado. Su acento era bastante bueno. Explicaba cosas de París con la misma ilusión con que imagino Marco Polo debía explicar sus viajes a la China, sólo que él nunca había estado allí. Nos explicó que su gran ilusión era viajar a París, y esperaba visitar Europa cuando pudiera salir del país.
Nos había informado que por la visita a la plantación, con la entrada incluida, nos cobraría una cantidad que no recuerdo, pero que nos pareció irrisoria, y en esa entrada ya estaba incluida su comisión.
Tenía pendiente de hacer algo parecido al servicio militar, y con toda la naturalidad del mundo, nos explicó que estaba ahorrando con lo que conseguía como guía, para “comprar” un certificado médico que le permitiera quedar exento por incapacidad. Esa es una de las “ventajas” del “sociolismo”, que todo se puede comprar. Aquí creo que también, sólo que el precio es un poco más caro.
En la visita a la plantación nos llevaron a los invernaderos, a los secaderos, y a los liaderos, donde nos hicieron una demostración de cómo liaban el tabaco. Nos preguntaron si alguno de nosotros fumaba, y claro yo, que hacía poco que había dejado de fumar cigarrillos, dije que sí, pero que lo estaba dejando. Parece ser que la pregunta era si alguien fumaba puros, pero yo con mi ignorancia y por no ser descortés, no quise desmentirlo. Ya me había pasado alguna vez con otras cosas. Una vez me preguntaron si fumaba, y yo dije también que sí, por su puesto refiriéndome a cigarrillos otra vez, pero no me había dado cuenta que la otra persona me alargaba con la mano un porrete, a la vez que hacía la pregunta, así que después de haber dicho que sí, me vi incapaz de negarlo, y ya me tienes fumando costo por primera vez, como el que no quiere la cosa. ¡Santa inocencia!
En este caso, mi mentirijilla tuvo premio, pues me llevaron a la casa del señor Robaina y a parte de hablar un rato con él, me regalaron un par de puritos. El abuelo Robaina, que parecía tener más de 80 años, a pesar de su avanzada edad, seguía dirigiendo para el régimen castrista lo que antes habían sido sus plantaciones de tabaco y las de sus antepasados. Lo que a otros cubanos el régimen hubiera expropiado sin ningún tipo de miramiento, al señor Robaina, se le permitía seguir “dirigiendo” para el régimen; obteniendo así algunos beneficios extras, como las entradas que cobraban por las visitas y la venta de cigarrillos bajo manga a los turistas. Otro ejemplo de las ventajas del “sociolismo”.
Salimos de la plantación con la sensación de haber visto algo diferente, de haber podido charlar con alguien a quien los turistas no tenían acceso. Abber nos preguntó qué queríamos hacer. Alguien del grupo dijo si sabía de algún sitio para tomar algo, y al resto nos pareció una magnífica idea.
Abber, que empezaba a sentirse muy a gusto con nosotros, nos llevó a un bar de copas muy especial, dentro de una cueva; pero lo que allí pasó y cómo Abber se convirtió en uno más del grupo, lo contaré en la próxima actualización.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat

martes, 22 de julio de 2008

Delfines en mi velero: Abber I

Foto: Calle principal de Pinar del Río. Cuba, julio de 2001
Abber se acercó a nosotros nada más entrar en la ciudad. Apareció con su bicicleta, acompañado de unos niños de diferentes edades. Parecían delfines nadando alrededor de nuestra embarcación, como dándonos la bienvenida. Eme y yo íbamos acompañados de cuatro personas más, en un Athos de color azul: tres murcianas que habíamos conocido en el hotel, con las que decidimos alquilar el coche para recorrer la isla, y un italiano que se habían encontrado ellas en una fiesta gay, pero que no era gay, según él. Por supuesto que no, nunca lo son. En las fiestas gays lo más normal es que todos los tíos sean sociólogos y que estén allí haciendo encuestas.
El chico seguía pedaleando al lado de nuestro coche. Como el calor nos obligaba a tener las ventanillas bajadas, no era difícil mantener una conversación con él. Mientras pedaleaba, nos preguntó qué tal estábamos, y si buscábamos sitio para comer; y como se acercaba la hora y las estrecheces del Athos nos empezaban a pasar factura, dijimos que sí.
Abber era un chico pelirrojo, de ojos verdes, no tendría más de 17 o 18 años, pero tenía picardía y desparpajo para parar un carro. Nos llevó a un paladar, esos restaurantes familiares que el régimen de Fidel había permitido como únicos negocios privados de los cubanos. El sitio al que nos llevó no reunía las mínimas condiciones sanitarias, así que salimos rápido de allí. El chaval, que se esperaba en la puerta, entendió deprisa que no pasaba nuestras exigencias en cuanto a higiene. Nos dijo que sabía lo que queríamos, que nos llevaría al restaurante de su tía. Aunque todavía dudo que la señora que nos atendió fuera su tía, sobre todo por haber escogido ese paladar como segunda opción, salimos con la sensación de haber degustado una sabrosa comida cubana y en un buen sitio.
Tal y como nos había dicho, nos estaba esperando a la salida. Nos preguntó qué queríamos hacer, y ante nuestras dudas, nos sugirió enseguida la visita a una plantación de tabaco, donde podíamos ver como elaboraban unos de los mejores habanos de toda la isla: los Vega Robaina. Preguntamos si estaba cerca y nos dijo que no mucho, pero que dejaba la bicicleta en su casa y venía con nosotros en el coche. Le dijimos que no cabía nadie más, que ya íbamos seis personas en un diminuto coche para cinco. Por supuesto su visión del espacio era diferente, lo que para nosotros era un diminuto maletero, para él era un preciadísimo asiento auxiliar. Su necesidad de supervivencia le hacía más atrevido y mucho más ingenioso.
- Ya yo voy en el cofre - dijo.
- ¿Seguro? – dijimos nosotros un poco sorprendidos y marcados por nuestras limitaciones y cómodas costumbres europeas.
- Claro que si, ustedes no se preocupen, no está demasiado lejos. En quince o veinte minutos llegamos.
Y así le acompañamos a su casa, dejamos la bicicleta y emprendimos camino a la plantación. Pero lo divertido del trayecto, y cómo lo que iba a ser una simple visita a una plantación de tabaco se convirtió en una deliciosa noche, lo dejo para la próxima actualización.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat

sábado, 12 de julio de 2008

Ámbar y arena

Foto: Inicio del concierto de Miguel Bosé. Terrassa, 11 de julio de 2008
Terrassa, 11 de julio de 2008, 10 de la noche. 30 años después de su primera aparición en televisión, Miguel ocupa su puesto encima del escenario. Va vestido completamente de negro, como todos los músicos del espectáculo, tal vez por imperativo del cantante, o tal vez como complemento de la escenografía. Las crueles y enormes pantallas laterales dejan ver a un hombre con 52 años de vida, con muy poco pelo y una enorme barriga.
Este comentario, cruel donde los haya, parece dejar de tener sentido cuando al cabo de un par de canciones, Miguel Luchino González Borlani, se convierte otra vez en Miguel Bosé, en aquel chico guapo, lleno de sex-appeal, con unos movimientos que dejan boquiabiertos a todo el público, incluso a los maridos de aquellas señoras que ahora tienen entre 40 y 45 años, pero que entonces serían unas adolescentes, y por supuesto también a las/los adolescentes de ahora.
Si alguien ha visto algún concierto de la gira Papitotour, estará de acuerdo conmigo que Miguel sigue siendo un gran artista, que sigue siendo guapo, y que es capaz de mantener las manos de la gente levantadas durante casi todo el concierto, por algo él suda la camisa, literalmente, dejándose la piel en este concierto, tal vez incluso más que entonces.
Al final de las dos horas largas de espectáculo, se quedó casi sin voz, pero la fuerza y el carácter de ese hombre seguían llenando todo el escenario, como en los primeros minutos del concierto.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat

miércoles, 9 de julio de 2008

Dos prejuicios

Foto: Mujeres magrebís con cochecito y niño. Girona, mayo de 2008

Prejuicio 1:

Hace unos días cuando visitaba uno de los centros de trabajo, comprobé que había un nuevo trabajador en la empresa. Me llamó la atención porque tenía dos pearcings en la oreja, otro en la ceja. Llevaba además una camiseta muy ajustada, sin mangas. Hacía mucho calor, y a pesar de que mi me hubiera gustado verlo sin camiseta, pensé que la que llevaba no era del todo apropiada. Dejaba ver unos brazos musculosos, llenos de tatuajes de colores y unos hombros bien formados. Entre nosotros, me pareció guapo y muy morboso, pero negaré haberlo dicho. Como tenemos un convenio con el Departamento de Justicia para realizar trabajos de prestación social, pensé que este chaval era de ese programa, y que estaba pagando alguna pena, algún pequeño delito, mediante trabajos sociales.
Al cabo de un rato, mientras estaba en una reunión lo vi pasar por delante de nuestro despacho, y le pregunté al responsable del centro, si aquel chaval era del programa de prestación social. Y él me dijo que no, que era un trabajador que llevaba dos meses con ellos. Muy buen chaval, por cierto. Un poco tímido, pero muy buen chaval – se apresuró a aclararme mi interlocutor.
- Moooocccccc! – sonó mi detector de prejuicios - Por su aspecto, usted ha pensado que era un delincuente.
En ese momento me volví rojo de vergüenza, como si hubieran oído mi detector, miré mis apuntes y seguí hablando en la reunión.
Prejuicio 2:
Hace unos días, revisaba la documentación de un expediente, en el que para conseguir una licencia era necesario un certificado de penales del interesado, el cual todavía no me había llegado del ministerio. Miré la foto del solicitante, y también me pareció guapo (¿será que todos me parecen guapos últimamente? También negaré haberlo dicho). Iba vestido con una camisa de rallas, era rubio, e iba peinado con la ralla al lado. Muy clásico, pensé, pero tenía algo interesante. ¿Su sonrisa? Aunque faltaba aquel documento, había considerado tirar adelante el expediente, ya que la firma suele tardar unos 15 días y mientras, esperaba que hubiera llegado. Por problemas que no vienen al caso, tuve que dejar lo que estaba haciendo y aparcar el expediente. Esta mañana mientras revisaba la documentación que me había llegado del ministerio, he comprobado que el señor rubio con la ralla al lado, vestido con camisa de rallas, tenía antecedentes penales, tres condenas.
- Moooocccccc! – volvió a sonar mi detector de prejuicios - Por su aspecto, usted ha pensado que no tendría antecedentes.
Esta vez no me he puesto rojo, porque estaba solo, pero me he parado a pensar, y me he sentido como un niño, descubriendo que en la vida no todo es lo que parece, que no siempre el lobo enseña los dientes a Caperucita, y que no todo lo que creemos ver es cierto. Blanco y en botella, no siempre es leche. Y encima he descubierto, en contra de lo que creía, que tengo prejuicios. Yo si soy la leche!
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat

martes, 8 de julio de 2008

Cosas que se oyen

Foto: Recorte de mariquita sobre verde
Conversación 1:
(11h de la mañana. Tertulia televisiva de esas que nunca veo, ni yo ni nadie. Es que ayer era Fiesta Mayor en Terrassa).
- Tertuliana: Pues a mí me parece muy bien que este año el desfile del orgullo vaya dedicado a las lesbianas, porque si hay discriminación en España con el tema homosexual, con el tema lésbico todavía más. Parece que está peor visto ser lesbiana que ser homosexual, y eso es por el machismo que todavía queda en España.
- Falso conde: Pues yo no creo que se tenga que hacer el desfile, porque en un país como España, donde no existe la discriminación hacia los homosexuales, no es necesario hacer esos montajes.
- Tertuliana: ¿Que no existe discriminación?
- Falso conde: No, en España no. Es de los pocos países donde se pueden casar y adoptar.
- Tertuliana: Sí, claro, pero eso es a nivel legal pero en la calle... El día a día...
- Falso conde: Pues mira paséate por Chueca y verás si hay discriminación.
- Tertuliana: Claro, pero no todos los homosexuales españoles viven en Chueca. Dile a un pobre chico o chica de un pueblecito de Soria, por ejemplo, si existe discriminación, o no.
Conversación 2:
(Ayer a las 12h de la noche, mientras paseaba a la perra en el parquecillo de delante de casa. Conversación de dos camareros, chico y chica, que desmontaban la terraza de un bar).
- Tío: Que no, tía, que no me enfadé.
- Tía: Joer, pues vaya cara que pusistes (sic).
- Tío: Hombre tía, es que no dejaba de mirarme el maricón ese. Y cada vez que le traía algo, enga, miraita otra vez.
- Tía: Si, tío.
- Tío: porque estábamos aquí en el curro, que si no le parto la cara.
- Tía: vaya que sí, tío.
- Tío: te diré, tía.
- Tía: anda que no, tío.
Cuando oigo este tipo de conversaciones, tengo muy claro que todavía falta mucho por hacer. Lo que no tengo tan claro es si espectáculos como los del día del orgullo gay ayudan a “normalizar” el hecho homosexual.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat

jueves, 3 de julio de 2008

Tiempos modernos

Foto: Detalle del Sony Center. Berlín, octubre de 2005
Hace unos 5 o 6 años asistí a la boda de un primo alicantino de Eme, mi marido, con una chica de Rubí (Barcelona). De entrada nada raro, porque Eme, que también es de Alicante, y yo nacimos a unos 600 Km. de distancia uno del otro, como los novios, y aquí estamos, felizmente casados. Lo curioso de aquella boda, fue cómo se habían conocido los novios: por internet, en un chat. Lo que hoy nos parece tan normal, por aquel entonces, hace tan solo 5 o 6 años nos sorprendió a todos los asistentes a aquella celebración.

Tengo una amiga que hace unos meses sale con un chico, que son novios, vaya. Qué rabia me da la palabra salir, como si sólo salieran! Que digo yo que también entrarán a algún sitio, no? A sus casas, a los cines, a los cafés… En fin, que los dos son de aquí, de Barcelona, pero si no hubiera sido por internet, creo que difícilmente hubieran coincidido, y me gustaría que los vierais, parecen hechos el uno para el otro. Son una de esas parejas tan entrañables que te los comerías a los dos, de aquellas que parece que toda la vida han estado así.
Ayer conocí, o debería decir reconocí, pero esta vez en persona, a tres de los fotologueros que más me gusta seguir: la_triche, conxitotarao y nekobcn. Y cuando digo reconocí, no me refiero a que los viera por casualidad en Barcelona, y los parara para saludarlos, que no, que no lo habría hecho, menudo pedazo de cortado soy yo. Habíamos quedado para vernos, para “echarnos unas risas” como dice un amigo mío, y para conocernos en persona, que ya hace tiempo que nos conocemos por este ciber-mundo, y viviendo tan cerca unos de otros, era un delito no pasar a un segundo nivel.
Con algún que otro percance en las fechas, al final lo conseguimos. Quedamos y nos vimos, y cenamos, y tomamos unas copas… Hasta aquí normal, pero lo que no deja de sorprenderme es que este encuentro se desarrollara con toda la naturalidad, con toda la confianza, con toda la complicidad del mundo, y me atrevería a decir que incluso lleno de cariño, como si nos conociéramos de toda la vida. No voy a decir que es la primera vez que me pasa, que en un solo encuentro llego a ese nivel de confianza, no, porque sería mentira. Alguna otra vez ya me ha pasado; pero lo que es seguro, es que sólo me ha pasado cuando me sentía a gusto, cuando la compañía lo valía, como ayer.
Cuando veo que estas cosas funcionan, me doy cuenta de que el mundo está cambiando, las maneras de relacionarnos están cambiando también y tontos seríamos si no las aprovecháramos. Mirando hacia atrás pienso que excepto la tele transportación y los zapatos plateados, todo aquello que veíamos en las películas de ciencia ficción de los ochenta y los noventa, todo se ha cumplido. Ay no! que los zapatos plateados también se llevan hace un par de temporadas.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
PS: Hoy, por supuesto, quiero dedicarles mi actualización a ellos tres la_triche, conxitotarao y nekobcn, porque también superaron con creces mis expectativas. Fue una noche muy agradable y divertida, aunque cortíiiisima. Deseando estoy que se repita pronto.

martes, 24 de junio de 2008

Cosas que se aprenden con los años

Foto: yo, entonces y ahora
De pequeño pensaba que las “altas esferas” eran las bolas de espejitos que colgaban del techo de las discotecas y que mirábamos desde abajo como algo inalcanzable, esas que iluminaban y llenaban de magia las salas de baile en los 60-70-80.
De pequeño pensaba que cerraban las playas, porque así me lo decía mi madre, para que no pusiera pegas a la hora de irnos.
De muy pequeño yo quería que mi abuela me “despuntara” (desapuntara, borrara) del colegio, porque era mucho más feliz con ella, escuchando la radio mientras ella cosía y yo jugaba a su lado.
De pequeño soñaba que me caía a un agujero y que quedaba atrapado, y me despertaba llorando, del miedo a quedarme así, atrapado para siempre, y cuando despertaba y veía a mi hermana en la cama de al lado, me sentía feliz porque el agujero no existía.
Hace algún tiempo, no demasiado, encontré la solución a alguna de esas cosas, lo que pasa es que a veces hecho de menos las sensaciones que tenía entonces, por tener a aquellas 3 mujeres que me daban esa seguridad, no porque todo fuera fácil, si no porque ellas lo hacían fácil. Todavía me quedan dos, mi madre y mi hermana, y mi abuela vuelve de vez en cuando a mi memoria, el que creo que ya no existe es aquel niño que se dejaba sorprender por la vida.
Hoy tengo síndrome de Peter pan, será porque el 28 cumplo años.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat

lunes, 23 de junio de 2008

La solitude

Foto: Ensayo sobre el dolor. Junio de 2008
Hoy os voy a contar una historia tan real, como terrible. Para aquellos que no tengan ganas de escuchar algo de esas características, les recomiendo que pasen al final del texto, donde he colgado una bella canción de la cantante parisina Barbara. El video pertenece a un espectáculo del corógrafo belga Maurice Béjart, pero con permiso suyo, esta vez me interesa más que sus coreografías, la voz y la canción de Barbara, la manera melancólica, contenida y dolorosa que tiene de cantar…
Sergio, así le llamaremos, era soltero y no tenía pareja conocida. Se ganaba la vida instalando aparatos de aire acondicionado, colocando vallas metálicas, o haciendo pequeñas reparaciones en casas de algunos clientes. Todo ello le permitía salir adelante con suficiente holgura, para no tener problemas económicos, no más que la mayoría. Tenía un pequeño taller en el que guardaba todas las herramientas que necesitaba para esas tareas.
Aquel día, hace a penas dos semanas, recubrió una zona de su taller con plásticos y cartones. Las paredes, el suelo y todas las zonas donde preveía que podía manchar con su último encargo, fueron objeto de esa meticulosa tarea. Esta vez el encargo no era de nadie en particular, ni de sus amigos, ni de ningún cliente, era suyo.
Unos días antes había estado preparando un artilugio nuevo que utilizaría en este encargo. Con meticulosa habilidad, como estaba acostumbrado a hacerlo todo, cogió la careta protectora de soldar, pero esta vez no la utilizó para protegerse, ya que era la careta lo que intentaba transformar en alguna herramienta impensable. Le fue soldando por la parte interior clavos a modo de cepillo, como si una herramienta de tortura se tratara. Cuando la tuvo acabada, la dejó en un rincón esperando a que llegara el momento de utilizarla.
Cuando acabó de colocar los plásticos y los cartones, se fue hacia el rincón donde días atrás había dejado la careta y la cogió, se la colocó en la cara, con cuidado, no quería que un pequeño fallo le hiciera desistir de su tarea. Tomó del suelo una maza que había dejado preparada y golpeó fuertemente hacia su cara… En cuestión de segundos los clavos pusieron fin a su vida.
Lo encontraron muerto al día siguiente, y a pesar de lo dantesco de la escena, la Policía concluyó que había sido un suicidio, por la trayectoria de los clavos, por la fuerza con la que había sido golpeado, y por la meticulosidad con que había sido preparado todo.
Sergio era amigo de mi cuñado desde hacía mucho tiempo, compartían muchos momentos. Yo lo conocí en el bautizo de mi sobrino. Desde que me lo han contado, no he podido dejar de pensar en ello. ¿Qué pasa por la cabeza de una persona para intentar quitarse la vida? Pero en este caso ¿por qué de esa manera tan cruel, tan dolorosa? ¿Qué dolor, qué trauma tendría Sergio que tuviera que acabar de esa terrible manera? Se me ocurren muchas preguntas, y seguro que a todos los suyos todavía más, pero por desgracia se quedarán sin respuesta para siempre.
Abrazos, porque hoy, la frase “Que tengáis un feliz día, viajeros”, con la que despido siempre mis escritos, no tiene sentido, o tal vez lo tenga más que nunca.
Entrellat
(Extracto del espectáculo “Brel Barbara par Béjart” sobre la canción La Solitude de Barbara)
Nota: Este escrito no se llegó a publicar en fotolog. Me generaba demasiada inquietud, o dolor, y siguiendo el consejo de un experto en el tema no lo publiqué.

sábado, 21 de junio de 2008

Exigencia o autoexigencia

Los que tienen la suerte o la desgracia de cruzarse en mi camino, y me conocen un poco, dicen que soy demasiado exigente. Mi jefa, para decir lo mismo, dice que tengo poca cintura; y mi madre cuando era pequeño decía algo parecido, que era un cabezón; así que va a ser verdad, tanta gente no puede estar equivocada.
Sí, hoy va de egolog, o de paja mental, como diría una amiga mía. Aunque casi siempre suelen serlo en una u otra forma. ¿Para qué si no hacemos esto? Creo que en casi todo lo que hago suelo poner un nivel de exigencia bastante alto, incluso en mi trabajo (esto era un chiste). Doy todo lo que puedo, y exijo lo mismo de los demás, lo que me ha generado muchos problemas; aunque también es cierto que con los años y un par de cursillos de asertividad he empezado a relajar bastante mis niveles de exigencia, aunque a veces por ello me siento como un dibujo de mi mismo, como una caricatura, que parezco yo, pero no lo soy realmente. Supongo que es cuestión de tiempo.
¿Y porqué digo todo esto? Pues porque desde que empecé este blog, cada vez me cuesta más escribir. Cuando me pongo a actualizar siempre pienso que tengo que escribir algo interesante, algo que pueda entretener a los que pierdan su tiempo leyendo mi página, y no se sientan estafados, y así vuelvan a mi rincón un día y otro. Y cada vez me cuesta más escoger el tema sobre el que rellenar mi espacio. No es que no tenga nada que decir, que no, que los que me conocen saben que no puedo estar callado. El problema es que no sé si lo que digo pueda o no gustar.
Empecé a hablar sobre viajes, sobre mis viajes, en el sentido amplio de la palabra, porque para mí la vida es un viaje, y todos y cada uno de los momentos compartidos también lo son; y decía que los grandes viajes, en contra de lo que dicen las agencias, no son aquellos en los que haces muchos kilómetros, si no en los que haces grandes relaciones. Y eso ha sido para mí este blog, un gran viaje. He conocido gente magnífica, y algunos hasta en persona, y espero que pronto conoceré a algunos más. Me gusta pasar por las páginas de muchos de ellos y ver como “viaja” su cabecita tanto en sus fotos, como en sus textos, y ver lo que piensan. Me gusta leer entre líneas y sacar el “entrellat” (la trama?) de sus vidas y de sus sentimientos. Y espero que a la gente le pase lo mismo conmigo. Pero nunca se si lo consigo.
No me estoy despidiendo, ni diciendo que me tomo unas vacaciones, sólo pido paciencia para que pueda ir trabajando mi autoestima y así baje mi nivel de exigencia, que yo se que están relacionados, y poder seguir ofreciéndoos algo que os pueda por lo menos entretener.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
PS: Gracias a Albert por este dibujo tan precioso, si queréis ver la foto original, está aquí.

miércoles, 18 de junio de 2008

Balcón Abierto

Foto: Eme y yo en un momento de la representación. Rubí, junio de 1998
Cuando empezó a sonar el piano, la piel se me erizó, y sentí como si la vida me hubiera llevado 10 años atrás, como si esas notas, acompañadas de la viola, hubieran sido la llave que encendía la máquina que viajaba a través del tiempo; y me vino a la pituitaria el olor a Carolina Herrera de la Bailaora, y el refriegue de sus enaguas mientras pasaba por nuestro lado, y el pellizco en el estómago justo antes de empezar a recitar los poemas de Federico. Y luego, mirando las caras de mis compañeros, me di cuenta que no era a mí sólo al que los recuerdos y los sentimientos habían hecho viajar hacia el pasado.
El sábado empezamos los ensayos para reponer un montaje teatral que estrenamos hace 10 años, sobre textos de Lorca, con una soprano, una pianista, una violista, 4 rapsodas y una bailarina. Mientras el piano y la viola nos introducían en el universo lorquiano, en el ambiente de la Granada de aquella época, pero sobre todo en el ambiente que se creó cuando hicimos ese montaje, fui mirando a los componentes del grupo, con curiosidad, y asumí que había habido algunos cambios desde entonces. Uno, al que decidimos dedicarle la reposición del montaje, ya no está entre nosotros, un cáncer se lo llevó de nuestro lado, y otros ya no están, porque tal vez no debieron estar nunca. Me pareció curioso, porque todos los que ahora estaban en este ensayo en uno u otro grado son amigos míos, y me planteé cómo había llegado yo hasta allí...
Si en la representación que daba por acabada mi licenciatura de interpretación, aquellas dos chicas que ahora también están en este montaje no hubieran reparado en mí, nada de esto estaría pasando, y hoy no estaría escribiendo estas líneas. Aquella decisión suya de escogerme para nuestro primer montaje profesional, suyo y mío, y mi osadía de aceptarlo, nos ha llevado a años de trabajos en común, a ilusiones vividas en conjunto y también a decepciones, por qué no decirlo, que nos han servido para mejorar. Han ido pasando por nuestra re-cámara muchos actores, músicos, cantantes, escultores, pintores y artistas, en general; algunos han ido convirtiéndose en amigos, otros ya lo eran, y algunos otros no lo llegaron a ser, por diversos motivos.
Con este pequeño viaje en el tiempo, me ha vuelto a venir a la cabeza la trascendencia de las pequeñas decisiones que tomamos en la vida. Tal vez si no hubiera aceptado aquel primer papel, hoy no seguiría haciendo teatro en esta pequeña compañía, tal vez me hubiera dedicado a la interpretación exclusivamente, y hoy sería un reconocido y famosísimo actor, o quien sabe si tal vez lo hubiera dejado definitivamente. Lo que es seguro es que toda esa gente maravillosa, no formarían parte de mi pequeño universo, y que Lorca se hubiera perdido un grupo de admiradores, que ahora se vuelven a asomar juntos y llenos de ilusión, como hace 10 años, a ese “balcón abierto (1)”.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
(1) Balcón Abierto es el título de un poema de Lorca que da título al espectáculo.

domingo, 15 de junio de 2008

La colonia

Foto: Colonia controlada de gatos frente a la Iglesia de San Lorenzo. Venecia. junio de 2007
Justo ayer hizo un año, mientras paseaba en góndola por Venecia, y disfrutaba del entorno, de la compañía, de las canciones y de los comentarios del gondolero, pasamos por delante de la Iglesia de San Lorenzo, y nos comentó que allí estaban enterrados Marco Polo y su familia. Buen sitio para que reposen tus restos, pensé. Era una iglesia poco agraciada y con la fachada sin acabar. Estaba situada en una plaza, un campo como dicen ellos, uno de los laterales de la cual daba al canal por donde pasábamos. No había turistas, sólo nosotros, porque el lugar está un poco alejado de las rutas habituales y era a última hora de la tarde, casi oscurecía. Me llamó la atención la cantidad de gatos que había en ese campo. Al fondo vi unas casetas, y unos recipientes con comida, y me acordé que Italia es uno los países que tienen mejor resuelto el tema de los gatos en la calle. Son los primeros que establecieron las colonias controladas y el resultado ha sido muy bueno. Se ha compaginado el derecho de los ciudadanos a no sufrir molestias por los animales, con el innegable derecho a la vida de estos.
Esta mañana, mientras paseaba a mi perra por los jardines de los alrededores de casa, he visto un cartel colgado en una farola que decía algo así como: “las palomas son portadoras de enfermedades, tienen muchos parásitos, destruyen el entorno y atraen a las ratas. No les de de comer. Además está prohibido por la ordenanza municipal”.
Trabajo diariamente en temas de animales, y sé lo complicado que es hacer entender a las personas, que con buena voluntad guardan sus restos de comida para alimentar a los animales de la calle, que lo que hacen es una buena acción, pero que acarrea consigo muchísimos problemas. A la mayoría no les importa que los vecinos les llamen la atención, lo hacen a escondidas e incluso cambian los horarios en los que alimentan a los animales para no ser vistos. Una señora que alimentaba una colonia no controlada de gatos, gastaba su dinero en ponerles anticonceptivos en pastillas para que no fueran procreando. Además dejó de ir de vacaciones porque no tenía a nadie que alimentara a “sus gatos”. No quiero imaginarme hasta donde debe estar el marido de esta señora.
Es cierto, alimentar a los animales en la calle, hace que la colonia, ya sea de palomas o de gatos, crezca desmesuradamente, y lo haga de manera descontrolada, si hay alimento empiezan a procrear de manera exponencial; y hace que se propaguen entre ellos enfermedades, algunas de las cuales son trasmisibles al hombre.
Desde el punto de vista social, yo me pregunto qué mueve a esas personas a hacer este tipo de acciones, por qué renuncian a su libertades personales para pasar a depender de esos animales. Seguramente canalizan muchos de sus vacíos hacia esa actividad, dando ese cariño que muchas veces no pueden dar a nadie más hacia los animales.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat

miércoles, 4 de junio de 2008

Cosas oxidadas

Foto: Puerta del Jardín Botánico. Barcelona, 20 de mayo de 2008
Colecciono cosas oxidadas, y aunque algunos dicen que tengo la casa llena de trastos, sobre todo mis tres hermanos, siempre me ha parecido que esos objetos cubiertos de herrumbre, son como algunos de los abuelos que hay en la residencia de al lado de mi casa, que parecen haber tenido una vida importante, llena de historias para contar, pero que ahora ya nadie se acuerda de ellos, y por eso están allí, en el desván, como las cosas sin valor, oxidándose cada día un poco más.
Empecé mi colección casi sin querer, con una llave que encontré en el desván de casa. Mi madre y yo estábamos vaciando un armario para desmontarlo, y apareció al retirar una cajonera. Estaba allí en el suelo del armario, con un trozo de cinta adhesiva pegado, que había dejado de tener su función adhesiva hacía ya muchos años. Parecía que la llave había estado enganchada a la parte de atrás de la cajonera durante mucho tiempo, porque una huella color ámbar del tamaño de la cinta y con el espacio justo de la llave había aparecido en la madera. Mi madre y yo nos miramos la una a la otra, sin decir ni una palabra, pero preguntándonos en nuestro interior qué puerta abriría esa llave; y lo más importante quién la habría puesto allí, ya que la cinta dejaba claro que la llave no había caído por error detrás de la cajonera.
Mi madre sin decir nada, le arrancó la cinta adhesiva y se la guardó en el bolsillo de la bata que llevaba para estar por casa. Nunca más volví a saber nada de aquella llave hasta que al cabo de unos meses, por casualidad, la encontré en le cubo de la basura. Supongo que mi madre la había tirado, cansada de darle vueltas a la cabeza y de no obtener ninguna respuesta.
La recogí, le quité los restos de fruta que tenía por encima y con un algodón que mi madre tenía para limpiar metales, le quité el oxido. Luego me arrepentí de haberlo hecho; porque el robín era lo que me gustaba de la llave, lo que le imprimía el carácter antiguo, y lo que luego me sirvió de acicate para coger de la calle cualquier objeto oxidado, que pudiera tener una historia que contar.
Me imaginaba que mi abuela la había puesto allí, para que nadie la viera, y que aquella llave abría una puerta que escondía algo muy secreto, en algún sitio desconocido; y eso le daba un carácter aventurero y misterioso a aquella señora que en sus últimos días había perdido la razón, y nos amenazaba diciendo que había sido espía de Franco, y que si no nos callábamos vendrían a buscarnos para llevarnos al cuartelillo. Y entonces mi madre y yo le dábamos la razón como a los locos, y le decíamos: sí, abuela, sí, ya callamos, y la abrazábamos con mucho cariño, agradeciéndole todo el sacrificio que había hecho por nosotros durante su vida, y nos manteníamos calladas hasta que la abuela se volvía a quedar dormida en su sillón.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
PS: Gracias a Ruty por sus objetos oxidados. Si tenéis un momento, pasad por la página de esta gran fotógrafa Israelí, que siempre nos regala los sentidos con su experiencia y su trabajo.

lunes, 19 de mayo de 2008

Con agujetas en el corazón

Foto: Momentazo del numerito gay del encuentro de antiguos alumnos de BUP. Terrassa, mayo de 2008
Llegué con dos de mis mejores amigos, un amigo y una amiga, que también habían sido compañeros de clase, y por tanto tenían la misma categoría que yo: antiguos alumnos del Instituto de Bachillerato. La cena se celebraba a las 9:30 de la noche en un salón para banquetes, pero a las 7:30 algunos ya habían quedado en primera convocatoria para hacer botellón en el Instituto. Yo ahí no había querido ir para no acabar borracho como una cuba, que yo me conozco, que tengo “mu mala bebía”.
Reconozco que si bien mi ilusión era grande, mis expectativas eran bastante malas, estaba entre la desconfianza de no saber qué me encontraría y del miedo a que aquella gente que no veía desde la adolescencia, con apenas 15 o 16 años, no tuvieran nada que ver conmigo ni con mis recuerdos.
Pero nada más lejos de la realidad, nada más llegar empecé a encontrar caras conocidas, sonrisas de oreja a oreja, abrazos de amigos, como si hubiéramos vuelto de un largo viaje, y esos apretones sirvieran para salvar la distancia que el tiempo y la vida nos había obligado a mantener. Nos explicábamos anécdotas de momentos compartidos, algunos que había olvidado por completo, y que al recordarlos fueron como volver a vivirlos.
Nos recibieron con regalos; una botella de rioja, con una etiqueta conmemorativa; un DVD con fotos de la época que habían ido recopilando, y como si de un congreso se tratara, nos colgaron una tarjeta identificativa en la solapa, con una foto de entonces y nuestro nombre, también el de entonces. Sí, porque a muchos los conocíamos por el apellido, o por su nombre en diminutivo, o por algún sobrenombre, o porque algunos habían hecho más mayor su nombre, de Paqui a Francesca, por ejemplo. A algunos si no hubiera sido por esa tarjeta no los hubiera reconocido. Sobretodo a algunas que habían cambiado la talla de su sostén y que estaban mejor ahora que hace 25 años.
La fiesta transcurrió más o menos normal, en un restaurante, como si de una boda se tratara, mesas redondas de unas 10 personas, un pica-pica, luego la comida y los postres; pero lo mejor empezó a partir de ahí. La gente se levantó de las mesas y se empezó a relacionar. Corría un micro que permitía que la gente contara anécdotas, y dejara claro que el buen rollito había empezado a sembrarse como moneda de cambio. Luego se pasó el DVD que nos habían obsequiado y a partir de aquí empezó música y a bailar; hasta que nos echaron del local, y hubo que buscar otro para los más gamberros, que seguíamos siendo los mismos, aunque esta vez con sorpresas, pues la mayoría se apuntó a continuar con la fiesta, en una discoteca de la época que había pasado a llamarse de 50 maneras diferentes, y que curiosamente ahora había vuelto a tener el mismo nombre de entonces.
Anécdotas, mil; risas, cariño, y hasta morbazo: un numerito gay en la discoteca. Dos de los más machotes de la clase se subieron al podio de la discoteca y nos regalaron un momentazo en el que se fueron quitando la ropa el uno al otro y se quedaron en pantalones, eso sí. Ahí tenéis una foto del momento. Estuvieron muy bien.
Yo ligué, pero desgraciadamente, sólo con chicas, entonces sólo gustaba a las chicas, igual que ahora. Una chica con la que casi no había tenido relación entonces, me tocó el culo, y dijo: “joder, qué durito”. Y se pasó todo el rato trayendo tías para que me tocaran el culo. El alcohol, que desinhibe.
Lo mejor de todo, a parte del momentazo gay, fue el buen rollo que hubo, la sensación de volver a tener 15 años, como si nada hubiera pasado, y sobre todo, lo mejor, que la gente no juzgaba a nadie, ni se preocupaba de si tal estaba calvo, o de si tal otra había engordado considerablemente, o de si tal otra se había puesto tetas, bueno, yo sí que me fijé. JAJAJA. Habíamos superado todas esas tonterías de la adolescencia y teníamos ganas de reírnos, pero no de los demás, de nosotros mismos. Y como siempre que se ríe uno mucho, acabé con agujetas, pero esta vez también en el corazón.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat

sábado, 17 de mayo de 2008

Saludos desde Can Brians

Foto: Collage con fondo de una foto de Canary Warf, Londres, junio de 2003
Buenaaaas! Hoy actualizo desde la biblioteca del módulo segundo de la prisión de Can Brians. Sí, no pude más, le pegué dos tiros al señor de telefónica. ¿Que si me arrepiento? No, para nada. Bueno, sí, pobre, el novio de mi madre que es cazador, va a tener problemas por haberme dejado la escopeta de cañones recortados, que en realidad no me la dejó, que fui yo el que se la cogió, pero explícale eso al juez.
Me preguntaba el psicólogo del centro esta mañana que cómo me sentía. Tranquilo, tranquilo, tranquilo, le he dicho. Ya se que me tocará estar unos años aquí, pero bueno, como soy buena persona seguro que me rebajan la pena y en unos años estaré fuera… Esto último no se lo he dicho, que si no, no me conmutan la pena.
No, por supuesto que todo esto no es cierto, pero a punto ha estado de ser verdad. Llevo desde el día 3 sin Internet y ya estaba de los nervios. No porque no tuviera acceso a Internet, si no por la tomadura de pelo que desde la compañía Telefónica hemos sufrido estos días.
No os explico la historia porque sería tan larga y aburrida como la que hemos tenido con ellos, pero recaputilando - recapitulando, perdón – resulta que por un error de ellos nos han tenido todo este tiempo sin Internet, con las consiguientes más de 50 llamadas a los servicios técnicos, al servicio de atención al cliente, a calidad, y a su pu… madre. Total, que ayer ya me funcionó, y no le di un beso al técnico que vino a casa, porque estaba más por lo de la escopeta de cañones recortados, pero me dije: no la líes, no la líes…
Bueno, que no me queda otra cosa que pedíos disculpas por la ausencia, y decíos que seguiré por aquí dando guerra.
Cambiando de tema, hoy ha llegado el gran día. Esta noche es la noche de la gran trobada, el gran encuentro de antiguos alumnos de BUP. Por si alguien no se acuerda, aquí os paso la previa, con foto hortera y todo.
Después de pensarlo mucho, y de decidir que estaba dispuesto a enseñar a los demás lo cruel que ha sido el tiempo conmigo, esta noche me pondré mis mejores galas, o por lo menos las que mejor me sienten, y acudiré al acto para reírnos un poco juntos de lo que los años 80 hicieron en nuestras vidas. Dice una amiga mía que siempre hay alguien que está peor que tu. Claro, eso lo dice ella que está guapísima de la muerte.
Bueno, mañana os cuento cómo fue la cena y os pondré alguna foto del evento, que ya me imagino que será de un hortera que espanta, pero bueno.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat

domingo, 4 de mayo de 2008

Como a nadie le importa

Foto: Jose en casa de sus padres, en Madrid, aproximadamente el 1987
Hacía tan sólo un par de minutos que la lista de los 20 preseleccionados para el viaje a Nueva York había salido por la parte inferior de la pantalla de la televisión, cuando sonó el teléfono. Lo cogí. Estaba nervioso, pensando que sería del concurso al que acababa de llamar. Primero no dijo nada. Silencio. Y luego sólo dijo: “felicidades, preseleccionado”. No lo había reconocido, hacía más de 20 años que no oía su voz.
Era la noche de fin de año y había ido con Eme a Madrid, a cumplir uno de mis caprichos: tomar las doce uvas en la Puerta del Sol, mientras sonaba la canción de Mecano. En el hotel de la Plaza del Carmen, entre la Gran Vía y la Puerta del Sol, Eme se duchaba mientras yo miraba la tele y hablaba con Jose por teléfono.
-¿Y qué haces en Madrid? – preguntó él.
-Pues aquí, que voy a ir a ver las campanadas a la Puerta del Sol.
-¡Vaya turistada! ¿Y por qué no me has avisado que venías?
-No sé, hemos llegado hace un rato, y estamos cansados – dije desconcertado. No se me ocurría otra excusa - ¿Has ido alguna vez? – le pregunté para romper el silencio que se había vuelto a crear.
-No, claro que no - dijo él.
-¿Y por qué no te vienes con nosotros? - le dije yo.
-Ya sabes que no puedo, pero tú sí que puedes venir a verme. ¿Por qué no lo hiciste? ¿Por qué no viniste a verme entonces?
-No sé, sentí miedo. El día aquel, cuando sonó el teléfono dos veces y no llegué a cogerlo, sentí como un escalofrío, y llamé a tu casa para preguntar por ti, y tu madre me dijo que habías muerto hacía dos semanas. ¿No te han dicho nada? – me dijo la mujer casi llorando. Y colgué, mientras le decía lo siento, lo siento, lo siento, sin parar de llorar. Me sentía avergonzado y triste. Y ya no volví a llamar, nunca más.
-Te quiero Jose- le dije, como pidiendo perdón.
-Yo también, no te preocupes. “Oyes. Ya sabes, como a nadie le importa” – dijo él utilizando una frase de una amiga suya, que había generado muchas risas entre nosotros.
Mientras hablaba con Jose, sentí como si mis palabras hubieran estado preparadas desde hacía tiempo, aunque sólo ahora podían ser dichas, y sentí que nuestra conversación discurría de una manera natural y llena de cariño, sin reproches, como siempre había sido nuestra amistad.
-Despierta, te toca ducha – dijo Eme, mientras me daba un beso suave en los labios- Te estabas riendo, ¿qué estabas soñando?
-No sé, perdona, me he quedado dormido.
-Sí, ya veo, y casi tiras el teléfono al suelo.
-Luego te cuento - dije todavía atontado, sin poder articular apenas una palabra.
-Nueva York… ¿A quién le tocarán esos viajes?- dijo Eme, incrédulo mientras miraba el televisor, que se había quedado encendido.
Su comentario me hizo despertar de golpe y miré la lista de los ganadores que pasaba de un lado a otro de la parte inferior de la pantalla, pero el mío no estaba.
- Yo creo que es mentira, que no le tocan a nadie, que los nombres que ponen ahí abajo son inventados. Venga… dúchate, que nos van a dar las campanadas – dijo mientras guardaba mi teléfono en la funda, y me ayudaba a levantarme de la cama.
Hoy me he despertado a las 6 de la mañana, y estaba soñando que hablaba con un amigo de Madrid, que murió hace muchos años, y como no he podido volverme a dormir, como no he querido volverme a dormir, le dedico mi sueño y mi actualización de hoy.
Y a todos vosotros, que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat

sábado, 26 de abril de 2008

Algo más que arrodillarse

Foto: señora rezando en un altar. Granada, febrero de 2008
Todos los miércoles y los viernes, al salir de la casa de mi señora, con el olor a lejía todavía en las manos, me paro en la iglesia que está enfrente, cruzando la avenida, y le rezo al Cristo que está en el altar del patio que hay antes de entrar en la sacristía, y le doy gracias a mi Diosito por la suerte que he tenido en la vida. Ni siquiera entro en la iglesia, porque cuando llegué a Granada y empecé a buscar trabajo, por casualidad pasé por delante, y al ver el Cristo le pedí un trabajo, y justo cuando iba a entrar, encontré un tablón de anuncios con un papel donde se pedía una señora para limpiar, y llamé, y al día siguiente ya estaba trabajando. Hoy hace un año de esto, y le estoy muy agradecida y por eso siempre vengo a este Cristo y no a otro.
Esta mañana mi señora estaba en la casa. Nunca está, porque trabaja mucho, y siempre llega tarde, casi en la noche, pero hoy no se sintió bien y por eso se quedó estirada en el sofá. Al mediodía, le preparé un caldito, unas papas con tomate y un poco de carne con una pizquita de chile, casi nada, por si no le sentaba bien. Mientras le servía la comida me dijo que me sentara con ella, y comimos juntas, a pesar de que me daba vergüenza, pero ella es muy buena conmigo, e insistió. Nada más acabar me preguntó por qué estaba tan triste. Al principio no quería decírselo, porque me daba vergüenza, pero pensé que la señora es una mujer abierta y buena, y que es capaz de entender muchas cosas, así que se lo conté.
Le conté que hace un par de semanas encontré a Eduardito, mi niño de siete años, en el cuarto de su hermana, le había cogido su ropa y se la había puesto, también se había pintado los labios con mis pinturas y se había dibujado unos coloretes en la cara. No le dije nada, ni le reté, porque no quise hacerle daño, pero él salió corriendo y se encerró en el baño, se quitó la ropa, se despintó con una toalla, y se metió debajo de su cama, avergonzado, y no salió hasta la hora de la cena. Ni siquiera se lo dije a Eduardo, mi marido, porque pensé que le retaría. Desde entonces Eduardito me mira diferente, y lo veo como triste.
Mi señora me dijo que no le diera importancia, que no pasaba nada, que muchos niños lo hacen, que es un juego para buscar su identidad sexual. Yo le dije que no me importaba que le gustaran los hombres o las mujeres, porque con perdón de la señora, sabía que su hermano vivía con otro hombre en Granada, y se los veía muy felices, y sabía que para ella, para su familia y sus amigos no era un problema, al contrario, lo que hacía feliz a su hermano a la señora y al resto de su familia también. Le dije que lo que realmente me preocupaba era cómo hacer que él no se sintiera mal, que no se sintiera avergonzado por eso, y que no sufriera. Me dijo que hablara con él y sobre todo que le demostrara que le quería por encima de todas las cosas, y que aquello que había hecho no era nada malo como para que mamá se enfadara.
Hoy, como siempre al salir de casa de la señora he ido a ver a mi Cristo, y le he vuelto a dar las gracias por todo, pero esta vez le he pedido que la señora se ponga pronto buena, y que vigile por Eduardito, porque es un niño bueno, y que no deje que los demás le hagan daño; y aunque confío en mi Diosito, se que yo tendré que hacer mucho por Eduardito, que tendré que quererlo mucho, además de arrodillarme.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat

martes, 22 de abril de 2008

Capítulo 100: Behind everyone is a shadow

Foto: La sombra de los 100. Terrassa, abril 2008

“Detrás de todo el mundo hay una sombra”. Esa fue la primera frase que alguien dejó en mi flog, si no la he traducido mal, y si no que me ayuden nekobcn o iccarin, o cualquiera que tenga un poco más de idea que yo de inglés, que seguro será la mayoría. Fue un israelí el que dejó esa frase, arwal60. Empecé a postearme con él en inglés, bueno, eso de en inglés es un decir, ya que tenía que utilizar el traductor de google, que si alguien lo ha utilizado es de esos tan buenos que traducen literalmente todo lo que escribes. Por ejemplo, “partirse el pecho” lo traduce como “Split the chest”. Curioso. Estuvimos posteándonos durante un tiempo hasta que la falta de comunicación o la pereza, no lo sé, acabó con esa incipiente ciber-relación. Lo mismo ocurrió con Sergio, la persona que me introdujo en este mundillo de los blogs, aunque a él tengo que agradecerle haber conocido a gente tan interesante como big_apple00, el mallorquín de Nueva York, tan amante de Barcelona, a de_profundis_bcn, el mexicano catalán, que ahora se ha convertido en el_quixot, o a ru_ruben, al que envidio por sus viajes y sus anécdotas y a jtello, por su inteligencia e ingenio. A todos ellos, y a alguno que otro más los conocí en persona, en mi hasta ahora primer y único encuentro de floggers, en Barcelona.
Después, pinchando en los favoritos de los demás, como hacemos todos, fui descubriendo todo un mundo de gente, que dejaba un rastro en sus actualizaciones, parecido a lo que yo sentía, que tenía ganas de contar sus cosas, sus sentimientos, sus vergüenzas, o de inventar historias, o de contar sus cosas en historias que parecían inventadas.
Y así conocí a 3_alber, acontre77, andrarena, anem, anglena, antolino, aquelloqmdiste, arquiturismo, baldufeta, bcn_in_love, beita_princesa, borjatdl, cachorro_3, cal_dean2, camberos, conxitotarao, cuarzolaya, crabflesh, cruelillo_vive, druidessa, egara, el_reymer, ferran233, fotonetas, ganyan, gate_1, hamlet_caido, hansolo, hermosaargentina, hijo_de_zeus, iccarin, jonny_99, kumadaworld, krampack72, la_triche, lihuelrosa, lizgor, llueven_ranas, miércoles_al_sol, my_sweetbox, oskarsson, peter_gris, photofreak, queledonio, rasoir, reichland, rio_cuarto_arg, sirenobar_dos, solfoma, soyhansyhans, trauma_tizado, turiocio, ydum, zecarioca…
A todos y cada uno de ellos, y a los que me olvido, a los que han ido dejando su rastro en mi flog, a los que me provocaron para que dejara el mío en el suyo, a los que están todavía, desde el principio, a los que se han ido incorporando, y a los que ya se fueron, a todos muchas gracias, y felicidades por ser parte de esta cosa tan rara que es un flog, pero que me provoca tantas sonrisas y buenos momentos.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat

miércoles, 16 de abril de 2008

Ella, su hermano y el chulazo americano

Foto: Eme y su hermana en una terraza de una callejuela de Roma. Junio de 2007
Ella: A Teresa, así la llaman sus hermanos bromeando, comparándola con Teresa de Calcuta por lo buena que es, siempre me la he imaginado con una toga blanca, una venda en los ojos y una balanza en la mano, porque es la viva imagen de la justicia. Y aunque seguramente no sea así, esa es la imagen que yo tengo de ella, porque cada vez que hay un problema en la familia, que los hay como en todas, la visión que ella tiene, o la solución que ella propone siempre me parece la más justa, o la que más puede ayudar a solucionar el problema.
En junio del año pasado, estuvimos en Italia celebrando su 25 aniversario de bodas, ella, su marido y Eme, que aun no era mi marido. Allí descubrí una vez más que su sensibilidad es muy parecida a la de Eme, que es capaz de pararse ante un músico callejero y emocionarse, mientras escucha una pieza de flauta; o de disfrutar sin más de un descanso, sentada a los pies de un pozo, sin hacer nada, charlando y viendo como la gente pasea, o como suben y bajan del trageto; o cómo es capaz de desternillarse, con esa risa escandalosa que Eme también tiene, mientras nos tomamos una gigantesca cerveza en una callejuela de Roma. Así es Teresa: justa y sencilla, y supongo que por eso me gusta tanto y la quiero.
Su hermano: De Eme ya os he hablado algunas veces, seguro que ya sabréis que es mi compañero de fatigas, mi pasado, mi presente y mi proyecto de vida. Yo, que me siento bien pagado de la vida por tener todo lo que tengo, especialmente mi familia, y mis amigos. Sólo le pido que me deje seguir con Eme y celebrar nosotros también, si el reuma nos lo permite, nuestro 25 aniversario en Venecia, y sentarnos en los pies de aquel pozo, a mirar la gente pasar; o en Roma, si la artrosis nos deja caminar todavía por las callejuelas del Trastevere; o en cualquier rincón donde poder mirar hacia atrás y dejar que esa carcajada que ahí tenían Teresa y Eme, se transforme en una sonrisa llena de ternura y gratitud.
¿Y el chulazo americano? Pues ahí estaba, entre los dos. Mientras Eme y su hermana se hacían cariñitos, aproveché para atraparlo con el objetivo de la cámara, con la excusa de hacerles una foto a ellos, y a pesar que los tres hicimos el numerito para disimular y conseguir otra foto para mi colección de momentos robados, creo que se dio cuenta. Ahora, cuando miro la foto, me doy cuenta que son Eme y su hermana los que están enfocados, como si la cámara llena de sabiduría se empeñara en decirme que lo que vale realmente la pena, es lo que está enfocado, que el resto, es sólo un bonito fondo para adornar un momento feliz, y una anécdota para contar.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
PS: Perdón, perdón, perdón, que hoy quería que la temática del flog fuera ORIENTE, en honor a /Iccarin, pero no ha podido ser…. Ah! si, calla, que no me había fijado… que la camiseta del chulazo americano está hecha en china, así que va por ti Iccarin.

sábado, 12 de abril de 2008

El chico de la mirada dulce II

Foto: Claudio. Lima (Perú), noviembre de 2007
Todavía no hace un mes que salió de Perú, camino de Bangkok, donde consiguió un empleo que le mantendrá ocupado durante unos meses, y que le servirá, pasado este tiempo, para volver a Sudamérica, pero esta vez a otro destino, seguramente Buenos Aires, un destino mucho mejor que Lima, según Claudio; un destino, que le servirá, dice, para volver a empezar.
Se marchó porque no le gustaba demasiado su país, ni su ciudad, ni su gente, porque no se entendía con su familia, porque su empleo había dejado de parecerle interesante, porque en Lima es imposible que un gay pueda vivir en pareja, como lo hacemos aquí.
A veces me he preguntado si realmente se gusta a si mismo. No logro entender cómo una persona que en comparación con la gente que le rodeaba tendría que sentirse afortunado y feliz, no lo es. ¿No debería sentirse feliz siendo licenciado en derecho en un país donde la mayoría de la población casi no tiene acceso a la educación? ¿No debería sentirse feliz teniendo un empleo que le permite tener un apartamento en uno de los barrios más exclusivos por la ciudad? ¡Qué tontería acabo de decir! No, por supuesto que no. Es como reducir la vida, y lo que nos hace feliz a algo tan sencillo como eso. Hay muchas otras cosas más importantes y más complejas en la vida que todo eso, y seguro que Claudio las andaba buscando.
Un día empezó a contarme una historia, su historia. La historia se remontaba incluso a antes de que él naciera. Me dijo que necesitaba dos o tres días para contármela, y que cuando la conociera entera sabría por qué quería marcharse de Lima. Quería que la escribiera para él, que la novelara, que le diera forma a su historia, esa era su ilusión. Y yo le dije que lo intentaría, que me encantaría probarlo, pero que creía que estaba poniendo demasiadas expectativas en mis posibilidades.
A parte de tener una mirada dulce, Claudio es un chico guapo, cariñoso, inteligente e inquieto, que se pasa la vida huyendo, todavía no sé de qué, o tal vez sólo buscando la felicidad, el problema es que aún no ha aprendido que la felicidad no la podrá encontrar nunca fuera, por mucho que viaje, por mucho que huya, que tiene que buscarla en su interior. Cuando sepa eso, ya podrá ser feliz en Bangkok, en Buenos Aires o incluso en Lima.
Que tengáis un feliz día, viajeros.
Entrellat
PS: Gracias a Albert, por haber entendido la mirada de Claudio y reflejarlo en los retoques de la foto.